Desde aquel día triste, y bueno, en que cayó el gran
Impero Romano, que tantas cosas buenas había traído a la humanidad,
especialmente sus leyes, esculturas, acueductos, literatos y un largo etcétera,
hasta que llegado a su decadencia, que tantas cosas horribles también trajo,
los remanentes romanos nunca han cesado de seguir intentando mantener viva no lo
bueno y grande, sino lo malo del aquel Imperio. Recordando a Nerón, Calígula,
su degeneración social, sus guerras destructivas civiles, sus leones
alimentados con cristianos, así han seguido hasta los tiempos modernos, cuando
apareció un Mussolini, que después de tanta maldad, se le capturó y fue colgado
por sus partes sensitivas en una calle de Roma, después de unirse a lo más
perverso que conocía el mundo, Hitler. Pero nada de esto los aquietó, y
siguieron en sus correrías. Desde Sicilia, que es de Italia, la antigua Roma,
comenzó la primera invasión de romanos hacia el Nuevo Mundo. De allí salió la
gran escoria aunque trajeron la Pizza, para venir a América, y sus frutos
pronto se dieron a conocer. Estados Unidos tuvo que fajarse a fondo con los
romanos que venían a imponer toda clase de violencia, extorsión, crímenes,
corrupción en general, y que se extendió por todo el país y fuera de él. Fueron
años de lucha que tuvo que enfrentar EU en combate contra esos romanos que como
insectos interminables, venían y morían pero al instante se reproducían, hasta
que al final, el gobierno pudo controlarlos y enviar a su máximo emperador
Alcapone, a la cárcel hasta su muerte allí, y otros cientos poblaron las
canceles después de cientos morir por los actos violentos de esos romanos, que
tenían bien claro, cuál era su misión: conquistar nuevamente, como en aquellos
tiempos de los Cesares y Augustos. Pero no se dieron por vencidos, y
continuaron, esta vez más silenciosos aunque de igual de peligrosos. Como
buenos individuos se incrustaron en la política, y fueron muchos los que
convencieron a los neuyorquinos que confiar en un romano, no es nada malo. Ah,
como sabían esos romanos, y así siguieron hasta comenzar a propagarse como los
de antes. Ahora estaba Andrew Cuomo, de una dinastía, como Gobernador de Nueva
York, y ayudado por el hermano, estaba otro romano en la alcaldía, Bill de Blasio,
quienes no han perdido mucho tiempo en dejar de mostrar de donde vinieron y lo
que fueron. Y han dado a Nueva York su mejor regalo, el Alcalde, declararse
socialista, de los que adoran a tiranos como en Cuba, Venezuela, Nicaragua y
demás y que declarar para llevar al caos y la bancarrota a la ciudad, que ésta
protegerá a todos los delincuentes que logren herir a los estadounidenses y que
ICI no podrá apresarlos, y además, que dará protección de salud a todos, sin
pagar, para que se hunda la ciudad, ya que aunque es buena la idea, es
inaplicable en tal condición. Y el Gobernador, compitiendo como buen romano, no
se quedó atrás y creó, y ayer firmó la nueva ley, que ordena a los médicos
asesinar a los niños que vayan a nacer, cual Herodes, con sólo que algún padre
inconforme lo decida, hasta un días antes de nacer. Increíble, pero posible en
los herederos de los hijos de aquel imperio que una vez fue grandioso. Y como
antes, cuando al circo tiraban cristianos a los leones, que la plebe gritaba de
alegría y delirio, así en la sala que dicho gobernador firmó esa sentencia de
muerte para los niños, los presentes reían y aplaudían, como si fueran pueblos
conquistados como en el ayer. Ahora los padres y los espíritus de los niños
dirán, copiando el pasado romano, “Salve César, los niños que van a morir te
saludan…”. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#519).
sábado, 26 de enero de 2019
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