Muchos inocentes se preguntan por Miami Beach, ¿pero será posible que una mujer tan bella y rica como esa también tenga que defecar? Y la rotura de las tuberías sanitarias de ese glamoroso Miami lo ha probado conjuntamente conque también sus productos apestan tanto como el que echan los pobres por sus traseros. Al romperse unas tuberías sanitarias de 36 pulgadas, tres pies, una inmensidad de anchura, el agua y los residuos que salieron por ahí fue impresionante, explosivo, tipo festival con detonantes, especialmente porque ellas venían de los cuatro lugares de Miami Beach en donde más gente rica y famosa vive y de donde supuestamente, deberán habitar casi todas mujeres hermosas y famosas. Desde el exuberante Bal Harbour, Bar Harbour Islands, North Bay Village y Surside son los lugares hermosos, exclusivos y ricos de donde venían las aguas. El corre-corre no se hizo esperar al verse aquellas mareas de aguas negras, residuales o cloacales como eufemísticamente se les llama. Los pañuelos no daban abasto para taparse las narices y brincar corriendo para evitarlas y no caer sobre la marea perfumada. Esas divas, tan flaquitas, tan bellas, tan rubitas pero que también tienen que comer por sus boquitas para mantener sus cuerpos así de bonitos y apetecibles. Muchos cuando las ven quisieran comérselas enteras como se engullen un bistec, sin masticar por esas prendas que las adornan. Y es cuando la pregunta entonces atormenta a muchos, de ¿cómo señor, ellas también tendrán que cagar? Bueno, si lo deben hacer, por lo menos, no será igual que el de nosotros, se dicen. Quizás sus productos salgan adornados, redonditos, simétricos, olorosos, tanto como para engullirlos junto a ellas. Ellas beben yogurt, del mejor, frutas, vinos, ensaladas, caviar, camarones de la luna, langostas de Marte, pero arroz, frijoles, plátanos, eso nunca pasan por sus bellos intestinos, por lo que si no van allí, su defecación es especial. Pero muchos olvidan que en el mundo hay dos verdades como las pirámides de Egipto. La primera es la muerte, con la cual todos algún día tendremos que hablar, y la segunda es la defecación que por obligación y sin postergación hay que hacer. Se podría vivir sin comer y hasta sin beber agua por un tiempo, pero jamás se podría vivir sin ir al baño a depositar eso que todos producimos y casi todos odiamos, nuestras materias fecales (¿Podría un pintor dibujarnos al Monarca del S. XXI sentado allí, con estreñimiento? Lo visualizaría con los ojos explotados y la barba desprendiéndosele). Son los hijos que rechazamos y que la ley está de acuerdo que lo hagamos. Esas heces que ocultamos, que las enviamos debajo de la tierra bien lejos, al mar, para no verla ni olerla aunque sale de nuestros traseros, especial y obligatoriamente de esos bellos traseros que vemos en esas lindas mujeres. Señor, ¿pero ellas también defecan?, sí aunque no lo creas, esos ángeles comen, por lo tanto digieren y sus productos van a sus traseritos y de ahí a juntarse con las de los pobres, siguiendo la ley si naces muere, si comes, caga. Claro, esta ley se aplica a las doñitas que aunque ya no son tan bellas, sí ricas que también viven en esos envidiables lugares y pretenden ser como aquellos ángeles aunque ya con un poco de arruga y de años, sin que les sirvan de escape, pues también tienen que defecar y sus heces apestar como las tuberías rotas de Miami Beach y el público huyendo lo acaban de demostrar. (¡Oñoo, rimó otra vez! (Pronto 50 artículos en libro de anticrítica.blogspot.com).

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