domingo, 19 de mayo de 2013

LOS LADRONES SE FROTAN LAS MANOS CON EL ORO



Están todos con los dientes a to’ dar y los ojos abiertos como ventanas en verano, de alegría en la islita del Caribe que tiene minas de oro y que acaba de arrancarle a la Barrick Gold una enorme tajada adicional de $2,200 millones de dólares, ¡dólares, no pesos!  ¡Santo Dios, cómo se darán banquetes los ladrones en aquella isla de piratas! Ellos se visten del más llamativo y bello traje del ‘patriota y del defensor de los intereses del pueblo’ para sobresalir, demostrar lo honesto que son, pero todos ya los conocen, que son los ladrones de siempre, los que se robaron todo, en lo que dejó Trujillo, en la Mina de La Rosario, Ferroníquel, aluminio, y por suerte, que el petróleo no ha brotado y ojalá nunca salga, y de salir, que sea del otro lado, en Asia o Africa y ni siquiera cerca de la islita esa. ¿Y para qué? ¿Para llenar los estómagos y bolsillos de los eternos ladrones de la isla? No hombre, mejor que cualquier otro lo haga menos estos desgraciados. ¿En qué ha beneficiado alguna vez, el oro del país al pueblo? Los orfebres, hacen prendas más baratas? ¿Lo obtienen más fácil? ¿Hay menos impuestos? Por lo menos, en Venezuela y México, la gasolina es casi regalada y la electricidad, y el pueblo participa de una riqueza que es de todos. Pero allí, ¿cuándo el oro ha servido que no sea para enriquecer a los ladrones? A todos, comenzando desde la cúspide y bajando al lame saco. Observe, el petrocaribe, que es dizque la ayuda que Venezuela brinda al país por el alto precio del petróleo, y vuelva a preguntarse, en ¿qué ha beneficiado ese petrocaribe al pueblo? ¿Allí, donde se paga la gasolina más cara de América, donde se paga el gas de cocinar más caro, donde la electricidad es la más cara del mundo? ¿De qué ha servido pectrocaribe al país, y ya está endeudado con unos $3,000 millones de dólares? ¿Quién pagará esa deuda? ¿La víctima o los beneficiarios? Allí hay demasiado ladrones y siempre se ha de recordar a Trujillo cuando de ladrones se habla. Con Trujillo, a su llegada, la islita estaba como ahora, llena de ladrones, de patriotas, guerrilleros y sublevantes. Cuando Trujillo se afianzó, no quedó un solo ladrón. Bueno, quedó uno, él, pero que al final era mejor, que como ahora que hay tantos. Cuando Trujillo sólo robaba él, y los que lo hicieran iban para el cementerio. Y era mejor, pues al final resultó que todo lo que Trujillo se robó, lo invirtió, sacó algo hacia el extranjero, pero la mayor parte se quedó en el país, en industria, calles, casas, edificios, haciendas, cabeza de ganado, en fin, se lo robó pero lo invirtió. Y sucedió la tragedia griega, de que cuando fue ajusticiado, todo eso quedó, pero desgraciadamente, vino a beneficiar a los ladrones que él había sacado del lugar, pues esos renacieron y volvieron a sacar la cabeza y se adueñaron de todo lo robado por Trujillo. Desde entonces, son los reyes del país, eso sí, no se les puede decir ladrones, porque se ofenden, ellos son gente honesta, que van a la iglesia los domingos, dan conferencias en los ateneos, escriben libros de historia, ficción y hasta novela románticas, salen diputados, secretarios de estados, diplomáticos, en fin están en todos lados y todos los niveles. ¿Exageramos? Aquí les va una pruebita. El pueblo tenía una larga lucha porque le aumentaran el presupuesto de Educación, y al fin, lo lograron, pero no pasaron ni dos días, cuando inmediatamente comenzando por la cúspide se empezaron a adueñar del dinero extra para sus enormes salarios y demás privilegios en un país de mendigos y de tantos impuestos, hasta sobre las tripas que se desechan de los cerdos y vacas. Subiéronse de oficio, a los $300,000 pesos mensuales, que divididos entre $41 es igual a más de $7,000 dólares cada mes. ¡Siete mil dólares para un miserable de esta islita no es signo de latrocinio? Pero ¿qué hacer, cuando ya no queda aquel consuelo de “no te apures, cuando llegue la Revolución eso se acabará? Qué revolución del carajo, si estos son ladrones de dinero, aquéllos son los ladrones de la libertad. No hay esperanza. ¡Y que vivan los ladrones! ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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