sábado, 15 de junio de 2013

HAITÍ FAMÉLICO VS. VECINO INVÁLIDO



El que tiene un vecino al que le han sucedido desgracias desde que nació y que aún le continúan sucediendo, y que ha vivido de la caridad pública desde que nació, lo menos que debe hacer es ofender a quien lo ha ayudado mucho en esos momentos y jamás ser ingrato. Ese vecino primero que nada, debe ser agradecido, dar las gracias desde que sale el sol, vivir en penitencia deseando ver cómo pagar o retribuir todos los favores que todo el mundo ha venido dando, y desear algún día dejar de ser la carga pesada, la afrenta, la vergüenza del lugar donde habita y del lugar de donde vino. Eso es lo que debería hacer como asunto elemental. ¿Pero acaso el famélico país de Haití lo hace? Desde que vino al mundo a principio del siglo XIX ese país ha sido una carga pesado para la América, y hoy dos siglos después, todavía sigue siendo la misma carga, una mancha, un baldón, una afrenta insoportable, por lo menos, respecto al vecino inválido al que viene atacando desde antes de ese fatídico día del nacimiento. ¿Quién se orgullece de maltratar a un inválido? Haití, y lo viene haciendo conjuntamente con aquellos que lo vienen pintando como el “primer país negro libre del mundo, el segundo libre de América, el de la liberación del esclavo contra el amo explotador”, y si todo eso fuera cierto, ¿para qué lo fue? ¿Para qué lo hizo, si quedándose aplastado hubiera logrado muchísimo más que con sus falsos valores? Acabo con los franceses, le bebió su sangre, se comió su piel y bebió en sus cráneos. ¿Por que Dios no fue tan bueno como con Mandela, y no le envió otro Mandela allí en aquel tiempo? ¿Por que tuvo que enviarle a Dessalines y después al cochero que tampoco sirvió? ¿O al Boyer que como rapiña le lanzó la zarpa al vecino inválido para comérselo, intentándolo por 22 años sin poder. Sí, lo dejo en muletas, pero vivo, gracias a su creencia en su dios. Y como desde que nació, se escudo en la hipocresía, falsedad e ingratitud (no hay mayor ingrato que Haití), y porque Francia, herida en sus colonos y propiedad, le impuso aquella multa, se escudó como Cuba-embargo hoy, que fue por eso que Haití nunca sirvió. Y aquellos malvados la quisieron salvar, de que por lo menos, si no servía para nada, había que recordar a Bolívar cuando a la deriva, recibió su ayuda. ¿Pero qué ayuda?, si tampoco fue sincera, pues el juicio indicaba que si dos blancos se matan mutuamente, es lógico que el negro que mira quisiera que ambos murieran. ¿Y no era beneficioso para el país negro ver matarse a ambas blancos? Entonces, la ayuda iba más para el placer y defensa del que la daba que del que la recibía. ¿Acaso Bolívar no lo supo? ¿Por qué fue que no lo invitó al Congreso de Panamá? ¿Hay que ser bruto o izquierdófilo para no entenderlo? Cuando Haití invadió al vecino inválido, todavía no era inválido, era un niño que quería salir de la placenta española, pero allí estaba el ave de rapiña haitiana esperando. Cuando salió, se lanzó sobre ella como ave carroñera y porque era más fuerte, porque tenía más armas, porque eran más en número, logró su hazaña. Desde entonces comenzó la invalidez de su vecino, y no ha valido llanto, pedido de clemencia, actos de cobardía, humillación, de miedo, del vecino inválido para aplacar la maldad original del Haití famélico. Por eso muchos, públicamente y otros en silencio, claman al único que logró un respiro, una paz, un sentido de no orfandad, de aliento, contra el impenitente depredador haitiano, ese fue Leonidas Trujillo, el único que le hizo morder el polvo que por tantos años le había estado obligando a morder al vecino inválido. Claro, para los izquierdófilos, farsantes, cobardes, abobados y enfermos, eso no es válido porque fue “genocidio”, queriendo ignorar que si fuera cierto, por lo menos, éste lo sería por un tiempo limitado, pero el del Haití famélico comenzó y aún no termina contra el vecino inválido, remozándose ahora con el triste espectáculo de ver  cuando los hijos del inválido, con muletas, tuvieron que regresar de Puerto Príncipe con muchos cartones de huevos que le rompieron en las caras por el Haití famélico, porque quería humillarlos una vez más. ¡Pobre país de los inválidos, cómo llora por un Trujillo! ANTICRITICA.BLOSPOT.COM

 

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