jueves, 20 de junio de 2013

¡LOS INVÁLIDOS IMPLORAN A LOS FAMÉLICOS!



¡Qué espectáculo de indignidad! ¡Y después pregonan que son humanos! Decía un escritor al punto de llorar, que él no comprendía cómo los famélicos del lado Oeste, o sea Haití, podían hacer todo lo que ellos quisieran contra el lado Este, Santo Domingo, y cuando éste hacía cualquier cosa, como defender su derecho a proteger su frontera, inmediatamente todos los países le caían encima con epítetos como racista, discriminador, etc. Pero el pobre periodista, todavía parecía que no comprendía dónde él había nacido y dentro de qué comunidad él todavía vivía. Y lo más feo, que cuando él se lamentaba tan tristemente, su país estaba celebrando la fecha inolvidable del Gran 14 de Junio, fecha en que sucedió aquel acontecimiento que marcó el inicio de la caída de la tiranía de turno. Y que al hacer la recordación, necesariamente, se tenía que mencionar de los grandes valores morales y personales de cada uno de sus miembros por haber hecho aquel acto en esa fecha. Y parecería entonces, que sólo en ese momento y en ese acto ese pueblo de inválidos, había demostrado algún valor real. Y lo probaba lo que estaba pasando por el momento, y la opinión en que el mismo periodista se lamentaba, en cuanto a la actitud internacional. El desconocía que esa comunidad internacional actuaba así porque estaba más que convencida que ese pueblo, el de los inválidos, no merecía más que lo que tenía. Un enemigo que los humillaba de día y de noche. Y eso era posible porque precisamente era el pueblo de los inválidos que se había colocado, por su propia voluntad, en ese lugar. Y para comprobar lo dicho, sólo había que recordar qué hacían los inválidos respecto a los famélicos cuando querían aumentar más del millón que tienen en el patio de los inválidos. ¿Qué hacían? Sus guardias fronterizos los dejaban pasar a peso por cabeza. Los comerciantes lloraban cada vez que Inmigración deportaba a algún famélico. Gritaban que la agricultura moriría y ellos también. Los grandes constructores paralizaban sus obras hasta que su gobierno dejara entrar a los famélicos. El Departamento del Trabajo se volvía bizco cuando leía su Código y se topaba con aquel 75% de mano de obra nativa. El mismo gobierno simuladamente, enviaba mensajero de que dejaran pasar a los famélicos para sus obras en construcción. Por Higüey, los hoteles lloraban para que dejaran pasar a los famélicos para alegrar a los turistas y tener muchos empleados con salarios bajos. Y los hueveros lloraban todos los días de que se les estaban quebrando los negocios. No cesaban de gritar, “!son cuantiosas las pérdidas!” por la veda de los famélicos. El pollo, gritaban los granjeros, no sabían qué más hacer, porque no tenían a quien venderlos. Gritaban que iban para Venezuela para ver si allí los ayudaban con los pollos, y mientras todo esto pasaba, el gobierno de los inválidos telefoneó, envió cable, usó Internet, pidió a la Org. Pan. de Salud, a las Naciones Unidas, que por favor le certificaran que allí en el país de los inválidos, no había gripe aviar ni nada que pudiera hacerle daño a los famélicos. Y así ya el Gobierno de los inválidos con estos certificados, envió una comisión de alto nivel al país de los famélicos. Y ¡oh, que dios más justo cuando se enfrenta a los indignos! Los famélicos dijeron “NO, no querer tus güevos” y se los rompieron en sus narices negándole una vez más a comprarle su mercancía a los inválidos. Y allí mismo los inválidos comenzaron a gritar, como hacían los coreanos, doblándose sobre los pies de los famélicos, implorándoles, que por favor, quitaran la veda. Cuando la comunidad internacional se da cuenta por enésima vez del poco valor moral que tienen los inválidos, ¿cómo carajo no reaccionar como se lamentaba el periodista? El no se dio cuenta que ellos le decían, “ese país no sirve, no tiene vergüenza, no tiene dignidad”, por lo tanto lo que le venga encima o le hagan los famélicos está más que justificado, déjenlos que lloren como maricas”. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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