¡LOS INVÁLIDOS IMPLORAN A LOS FAMÉLICOS!
¡Qué
espectáculo de indignidad! ¡Y después pregonan que son humanos! Decía un
escritor al punto de llorar, que él no comprendía cómo los famélicos del lado
Oeste, o sea Haití, podían hacer todo lo que ellos quisieran contra el lado
Este, Santo Domingo, y cuando éste hacía cualquier cosa, como defender su
derecho a proteger su frontera, inmediatamente todos los países le caían encima
con epítetos como racista, discriminador, etc. Pero el pobre periodista,
todavía parecía que no comprendía dónde él había nacido y dentro de qué
comunidad él todavía vivía. Y lo más feo, que cuando él se lamentaba tan
tristemente, su país estaba celebrando la fecha inolvidable del Gran 14 de
Junio, fecha en que sucedió aquel acontecimiento que marcó el inicio de la
caída de la tiranía de turno. Y que al hacer la recordación, necesariamente, se
tenía que mencionar de los grandes valores morales y personales de cada uno de
sus miembros por haber hecho aquel acto en esa fecha. Y parecería entonces, que
sólo en ese momento y en ese acto ese pueblo de inválidos, había demostrado
algún valor real. Y lo probaba lo que estaba pasando por el momento, y la
opinión en que el mismo periodista se lamentaba, en cuanto a la actitud
internacional. El desconocía que esa comunidad internacional actuaba así porque
estaba más que convencida que ese pueblo, el de los inválidos, no merecía más
que lo que tenía. Un enemigo que los humillaba de día y de noche. Y eso era
posible porque precisamente era el pueblo de los inválidos que se había
colocado, por su propia voluntad, en ese lugar. Y para comprobar lo dicho, sólo
había que recordar qué hacían los inválidos respecto a los famélicos cuando
querían aumentar más del millón que tienen en el patio de los inválidos. ¿Qué
hacían? Sus guardias fronterizos los dejaban pasar a peso por cabeza. Los
comerciantes lloraban cada vez que Inmigración deportaba a algún famélico.
Gritaban que la agricultura moriría y ellos también. Los grandes constructores
paralizaban sus obras hasta que su gobierno dejara entrar a los famélicos. El
Departamento del Trabajo se volvía bizco cuando leía su Código y se topaba con
aquel 75% de mano de obra nativa. El mismo gobierno simuladamente, enviaba
mensajero de que dejaran pasar a los famélicos para sus obras en construcción.
Por Higüey, los hoteles lloraban para que dejaran pasar a los famélicos para
alegrar a los turistas y tener muchos empleados con salarios bajos. Y los
hueveros lloraban todos los días de que se les estaban quebrando los negocios.
No cesaban de gritar, “!son cuantiosas las pérdidas!” por la veda de los
famélicos. El pollo, gritaban los granjeros, no sabían qué más hacer, porque no
tenían a quien venderlos. Gritaban que iban para Venezuela para ver si allí los
ayudaban con los pollos, y mientras todo esto pasaba, el gobierno de los
inválidos telefoneó, envió cable, usó Internet, pidió a la Org. Pan. de Salud, a
las Naciones Unidas, que por favor le certificaran que allí en el país de los
inválidos, no había gripe aviar ni nada que pudiera hacerle daño a los
famélicos. Y así ya el Gobierno de los inválidos con estos certificados, envió
una comisión de alto nivel al país de los famélicos. Y ¡oh, que dios más justo
cuando se enfrenta a los indignos! Los famélicos dijeron “NO, no querer tus
güevos” y se los rompieron en sus narices negándole una vez más a comprarle su
mercancía a los inválidos. Y allí mismo los inválidos comenzaron a gritar, como
hacían los coreanos, doblándose sobre los pies de los famélicos, implorándoles,
que por favor, quitaran la veda. Cuando la comunidad internacional se da cuenta
por enésima vez del poco valor moral que tienen los inválidos, ¿cómo carajo no
reaccionar como se lamentaba el periodista? El no se dio cuenta que ellos le
decían, “ese país no sirve, no tiene vergüenza, no tiene dignidad”, por lo
tanto lo que le venga encima o le hagan los famélicos está más que justificado,
déjenlos que lloren como maricas”. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
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