viernes, 18 de diciembre de 2015

UN EMBARGO, UN MILLONARIO, TRES MUERTOS


¿Cómo se siente una persona que a su casa le llega una turba, de las conocidas en el país, especialmente cuando el interesado es un ser poderoso y con muchas relaciones, a hacerle un embargo, y si quien está allí es la esposa sola con sus hijos? ¿Cómo se siente aun el más inhumano cuando a esa familia le llevan todo y no conforme, lo hacen con fuerza ofensiva y brutalidad? ¿Cómo se siente, si también las cuestecitas del banco estaban embargadas? ¿Cómo sería el sentimiento si además se da cuenta que estaban en Navidades, época de regocijo, alegría,  regalos y comidas, y si además, el automóvil que tenía el embargado, también se lo llevaron a la carrera como botin la deuda? Póngase el más indolente en el lugar del deudor y diga cómo se siente. Y piense más, que quien ordena el embargo, (claro, un juez) es un cercano familiar del Síndico de ese lugar, que es al mismo tiempo riquísimo, producto de dos suertes: del juego de azar y de las virtudes de estar en la política criolla. Y piense, que el deudor además, había reconocido la deuda, y estaba en trámite de pagarla, aunque aún sin poder. Y piense también que una de la víctima estaba asociada al primer mandatario del país por los vínculos del compadre religioso en forma doble. Incuestionablemente que ese hombre estaba ‘enllavao’, era fuerte, poderoso, rico, pudiente y que podía mover no sólo unos cuantos ‘guachimanes’, testigos, alguaciles y militares para que su querido hermano lograra que el deudor pagara esa pequeña deuda de de tres millones de pesos, que serían milloncitos con el lote de cuartos que tenía el Alcalde ido. Ese alcalde tendría de todo y sería el ser más noble del planeta según el compadreo político, pero por sobre todo le faltaba eso, sentido común, amor al prójimo, al amigo en problemas, a un deudor en problemas. Y era penoso aunque no extraño, penoso por las consecuencias, pero no extraño porque todo el que se mete a la política criolla se transforma, sea que pase de la pobreza a la riqueza, de la humildad a la prepotencia, de la nobleza a la bajeza. Y muestras sobran en el safarí criollo. Y la pregunta que todos se hacen: ¿desconocía el Alcalde ido que existía esa deuda, o la energía del hermano a cobrarla, lo desconocía? Nadie aceptaría que no lo sabría, porque un individuo que según se sabe, se había iniciado al negocio de las bancas (apuestas legales e ilegales de aquellos tiempos) a temprana edad, encaminado por un tío, ¿iba ese niño ya hecho alcalde, a desconocer lo que se le movía con “cuartos” a su alrededor? Por alguna razón había prosperado y llegado a la riqueza. Y si como toda lógica indica, lo sabía, ¿acaso la cantidad de millones de pesos y dólares que tenía en los bancos, propiedades, y en el puesto de Alcalde del Partido de la Corrupción, no le eran suficientes para condonar esa deuda, o al menos, decirle al hermanito, “oye brother, no jodas a ese hombre con ese embargo, llámalo, dile que pague cuando él pueda, respeta aunque sea por la temporada navideña, no hagas eso”? ¿No debía haberlo hecho? ¿Qué hombre que aprecie al ser humano va a humillar a un amigo, a un empleado suyo, a un conocido, a lo que sometieron esos cobradores a esa pobre familia deudora? ¿Qué significa para los millones de ese alcalde decirle al deudor, ‘compadre, no se preocupe, páguelo cuando usted esté mejor, no hay problema’? Cualquier persona con mediana cultura y 50% menos de avaricia y egoísmo, lo hubiera hecho. El alcalde no hizo nada de eso, y entonces queda la pregunta más trágica: ¿Qué logro? ¿Qué hubiera hecho con los tres millones cobrados de la deuda? ¿Abultar su cuenta bancaria? ¿Dónde irá a parar el “bojote” de cuartos que quedan en el banco a su nombre? ¿Se lo llevará al cielo o donde el Señor lo destiner? ¿Qué será de sus hijos y su mujer, aun heredando to’esos cuartos? ¿Qué será de la muerte del guardaespaldas y su familia? ¿Qué será de la pobre mujer que le destrozaron su casa y le llevaron todo. ¿Y para qué? ¿Valió la pena el embargo, los millones y los muertos? Si se pudiera echar la historia hacia atrás, ¿quién dudaría que el Alcalde hubiera hecho lo que hemos señalado? La lección tardía está ahí: el poder, la avaricia y el abuso nunca llevan a nada bueno. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM. (#365).



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