Hace poco publicamos en
este medio un trabajo en el que nos alegramos de que por fin los latinos
teníamos al hermano mayor, EU, dentro de las repúblicas bananas que con tanto
desprecio desde el Norte endilgaban como sinónimo de algo de poco valor y
seriedad en cuanto a gobierno y estado. La razón era por el desastre que el
Presidente Obama había creado allí en cuanto a tergiversar y manipular los
hechos, hasta el sistema judicial y al FBI, al extremo que parecía una copia
del procedimiento de una de las repúblicas bananas, llegando empujado por ello,
a lo que se ha llegado a conocer como las elecciones sin precedentes con
candidatos sin precedentes en el sistema electoral norteamericano, con la demócrata
Hillary Clinton por un lado y el republicano Donald Trump por el otro. Obama ha
querido imponer a Hillary aun por sobre sus violaciones legales e incapacidad moral. Es decir, dos candidatos
en que ninguno puede decirse que no tiene una pesada carga de desprecio en el
público del país, pues a uno se le conoce como un hombre de negocio de éxito
parcial, político atípico y que actúa y habla sin medir las consecuencias, y
por el otro lado a una mujer que tiene tres famas famosas: que le gusta el
dinero sin importar de dónde venga ni cómo venga, que es supremamente mentirosa
y manipuladora sin importar el daño que cause y de probada incompetencia. Y el
problema es que como aun sin que ninguno de los candidatos sea del todo
aceptado como medianamente OK, las elecciones deben darse y es entonces en que
hay que enfrentar el dilema propio de las repúblicas bananas de cuál de los dos
es el menos malo, y no cuál es el mejor. En un paisito fullero y corrupto como
Santo Domingo, digno representante de las bananeras, ésta es la norma siempre,
escoger no entre los políticos que mejores pudieran servir al pueblo, sino el
que menos daño le haría, el que menos ladrón y corrupto fuera. Trump ha metido
cientos de patas en todos los órdenes, desde pelearse con las mujeres y periodistas,
ofender a sus compañeros de partido como si fueran no contrincantes, sino
mortales enemigos, ignorando que si en su disputa ganara la nominación, aún
necesitaba de cada uno para su triunfo final, dando como consecuencia que casi
todos se le fueron en contra por su forma de ofender, aunque algunos como Tex
Cruz después de un largo meditar, ha vuelto para apoyar a Trump a pesar de su
oposición inicial. Pero tiene el lado bueno de que quiere proteger a su país
Estados Unidos del desastre de Obama, quiere traer de nuevo las fábricas,
proteger sus fronteras, enfrentar decididamente a los enemigos del país, el
Islam y su terrorismo en clara contraposición a Obama que es abiertamente
defensor de los islámicos y peor, en contra de los cristianos. Está en contra
de la tolerancia de Obama de la entrada libre por las fronteras de las drogas,
traficantes de México, terroristas, infiltrados que no se sabe si son
inmigrantes sanos o terroristas disfrazados, y de la política de liberar a los
asesinos ilegales con sus ciudades santuarios, prometiendo que creará un muro
que ayudará a contener esa amenaza. Y todo esto le ha ganado una gran simpatía
a pesar de sus errores. Por el lado de Hillary, su incompetencia es apabullante
especialmente en el caso de Bengazy en Libia, donde murieron 4 norteamericanos
incluyendo a su embajador pudiéndolo evitar. Sus actividades duales de ser Jefa
del Depto. de Estado y su política de solicitar “donaciones” para sus
“organizaciones caritativas”, que realmente no son tales y pide y recibe dinero
en millonadas de naciones tiránicas, dinásticas que no reconocen el derecho de
las mujeres como Arabia Saudita y otros países árabes. Usó ese puesto para
facilitar visitas y entrevistas a personalidades siempre y cuando hicieran sus
donaciones respectivas. Ha mentido miles de veces en todo en lo que ha trabajado,
especialmente con sus emails que ha facilitado ser filtrados a pesar de ser
“clasificados”, siempre negando lo obvio y mintiendo sobre las mentiras ya dichas.
Es decir, es una mujer súper mentirosa, a la que hay que desconfiar enormemente,
al extremo de jamás votar por ella, pues entre una mentirosa patológica y un
“loco” como llaman a Trump, es mejor éste un millón de veces que esa mujer. Por
lo tanto Trump es el mejor al ser el menos malo de los dos.
ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#411).
domingo, 25 de septiembre de 2016
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