Trece jueces que parece
que sirven poco para producir algo bueno que beneficie a quien les paga sus
sueldos y privilegios, y así se creía que por esta deuda, cuando el rimbombante
Tribunal Constitucional presidido por el no menos rimbombante Dr. Ray Guevara
tomó con bombos y platillos el asunto de la nacionalidad de los que nacieron en
el país RD para decir ya, quiénes eran nativos y quiénes impostores e ilegales,
resultó en la catástrofe de la fallida Sentencia 168-13 la que todos creían que
por fin, se iba a poner coto a la abusiva infiltración, invasión y usurpación
haitiana de los atributos dominicanos. Quizás influyó en este chasco que como
dijo llorando el Presidente del TC en la prensa de hace unos días, de que a
pesar de haber pasado ya cinco años, ellos aún no tienen un local propio, y que
están como los pobres menesteroso, arrimados en un rincón, y que quizás por
esto sus distinguidos jueces no visualizaron bien qué era lo que hacían y las
consecuencias que traerían con su sentencia. Y quizás al estar arrimados y
juntos (al frente) a una cosa llamada Inespre, especie de agencia de las tantas
que hay en gobierno para mantener vagos (13 jueces, 16 en SCJ, en EU sólo 9
bastan para el país), ha sido parte de las influencias y razones por la que
esos honorables evacuaron dicha sentencia para en vez de favorecer a quien les
paga, iba a favorecer a quien los denigra. Y la chapucería fue tan grande que
inmediatamente se armó un escándalo a nivel local e internacional lo que obligó
al mandamás de turno del Palacio a salir corriendo por todos lados a enderezar
el entuerto y quizás no porque era del todo malo, sino porque dada la poca
costumbre de mostrar dignidad, se sentían incómodos y auto culpables y no
perdieron tiempo de llamar a la ONU, a Washington, al Vaticano, a los Cónsules
extranjeros, ‘que no, que eso no era así, que no era “retroactiva”, que no se
aplicaba del 1929’ y él gritó estilo gallo de pelea allí en una islita
vociferando de que “la ilegalidad no daba derecho y de ay del que se metiera
con sus derechos” y que RD era soberana para decir quién era del país y quién
no. Un hurra grandísimo retumbó por el Caribe, pero el hurrador sabía que todo
era una farsa, y corrió de una vez con sus asustados asesores a ver qué se
podía hacer para arreglar el tollo del Dr. Guevara. Una ley haremos para darle
la nacionalidad a aquellos afectados por la sentencia dada y así se procedió
(el paisito estaba temblando y los grandes se hacían pupú gracia a la fatídica
sentencia) y además de hacer el gran aguaje de iniciar los trámites dizque para
la regularización de los miles de haitianos y para la expulsión de los ilegales
que no reunieran ninguna condición legal. Eso era lo que se creía que sería el
resultado de la sentencia 168, y todo el pueblo esperaba que así fuera. Pero
esos honorables sabios del TB se supone que por los años bregando con leyes
sabrían las consecuencias al presente y futuro, ellos supieran qué era lo que
estaban haciendo y en ese entusiasmo cayó el pueblo engañado. Ningún genio de
los 13 notó, ni se dieron cuenta, pero
tampoco les importaba, que cuando se corría el rumor de la venida de una
sentencia, los haitianos más inteligentes que los nativos, se prepararon para
hacer la invasión más masiva que antes y así se comenzó a teñir de negro el
cielo que Duarte ingenuamente quería desteñir cuando se ofendió aquella vez del
viaje cuando veía que su pasaporte no era del país, sino de los invasores. Se
hizo la ley especial para darle nacionalidad a los que la sentencia afectaría,
la regulación fue una pantalla de falsedad al sólo ver cuántos haitianos se
habían deportado cuando comenzó a entrar en efecto lo que la sentencia dictaba. Y la
consecuencia ha sido que si antes había haitianos ilegales en exceso en RD,
ahora y gracias a esa sentencia esa presencia es miles de veces más notoria y
numerosa que antes de la fatídica de ese fatídico Tribunal Constitucional.
Cualquiera lo puede notar con solo caminar por sus calles, ahora aparecen a
borbotones los haitianos jóvenes, niños, mujeres hombres, preñadas, con niños
en todos lados. Ya no se limitan a la construcción y agricultura, sino hasta en
los parques se ven disfrutando de las brisas de la tarde como si fueran nativos
y despreocupados de que pudiera venir alguien de Inmigración a recogerlo. Eso
no existe sino su masiva impune presencia y todo gracias a la obra de jueces
que vez de tales deberían dedicarse a otros quehaceres. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
(#411).
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