miércoles, 7 de septiembre de 2016

HAITIANOS MEJORES ESTÁN, GRACIAS A LA CHAPUCERÍA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL


Trece jueces que parece que sirven poco para producir algo bueno que beneficie a quien les paga sus sueldos y privilegios, y así se creía que por esta deuda, cuando el rimbombante Tribunal Constitucional presidido por el no menos rimbombante Dr. Ray Guevara tomó con bombos y platillos el asunto de la nacionalidad de los que nacieron en el país RD para decir ya, quiénes eran nativos y quiénes impostores e ilegales, resultó en la catástrofe de la fallida Sentencia 168-13 la que todos creían que por fin, se iba a poner coto a la abusiva infiltración, invasión y usurpación haitiana de los atributos dominicanos. Quizás influyó en este chasco que como dijo llorando el Presidente del TC en la prensa de hace unos días, de que a pesar de haber pasado ya cinco años, ellos aún no tienen un local propio, y que están como los pobres menesteroso, arrimados en un rincón, y que quizás por esto sus distinguidos jueces no visualizaron bien qué era lo que hacían y las consecuencias que traerían con su sentencia. Y quizás al estar arrimados y juntos (al frente) a una cosa llamada Inespre, especie de agencia de las tantas que hay en gobierno para mantener vagos (13 jueces, 16 en SCJ, en EU sólo 9 bastan para el país), ha sido parte de las influencias y razones por la que esos honorables evacuaron dicha sentencia para en vez de favorecer a quien les paga, iba a favorecer a quien los denigra. Y la chapucería fue tan grande que inmediatamente se armó un escándalo a nivel local e internacional lo que obligó al mandamás de turno del Palacio a salir corriendo por todos lados a enderezar el entuerto y quizás no porque era del todo malo, sino porque dada la poca costumbre de mostrar dignidad, se sentían incómodos y auto culpables y no perdieron tiempo de llamar a la ONU, a Washington, al Vaticano, a los Cónsules extranjeros, ‘que no, que eso no era así, que no era “retroactiva”, que no se aplicaba del 1929’ y él gritó estilo gallo de pelea allí en una islita vociferando de que “la ilegalidad no daba derecho y de ay del que se metiera con sus derechos” y que RD era soberana para decir quién era del país y quién no. Un hurra grandísimo retumbó por el Caribe, pero el hurrador sabía que todo era una farsa, y corrió de una vez con sus asustados asesores a ver qué se podía hacer para arreglar el tollo del Dr. Guevara. Una ley haremos para darle la nacionalidad a aquellos afectados por la sentencia dada y así se procedió (el paisito estaba temblando y los grandes se hacían pupú gracia a la fatídica sentencia) y además de hacer el gran aguaje de iniciar los trámites dizque para la regularización de los miles de haitianos y para la expulsión de los ilegales que no reunieran ninguna condición legal. Eso era lo que se creía que sería el resultado de la sentencia 168, y todo el pueblo esperaba que así fuera. Pero esos honorables sabios del TB se supone que por los años bregando con leyes sabrían las consecuencias al presente y futuro, ellos supieran qué era lo que estaban haciendo y en ese entusiasmo cayó el pueblo engañado. Ningún genio de los 13  notó, ni se dieron cuenta, pero tampoco les importaba, que cuando se corría el rumor de la venida de una sentencia, los haitianos más inteligentes que los nativos, se prepararon para hacer la invasión más masiva que antes y así se comenzó a teñir de negro el cielo que Duarte ingenuamente quería desteñir cuando se ofendió aquella vez del viaje cuando veía que su pasaporte no era del país, sino de los invasores. Se hizo la ley especial para darle nacionalidad a los que la sentencia afectaría, la regulación fue una pantalla de falsedad al sólo ver cuántos haitianos se habían deportado cuando comenzó a entrar en efecto  lo que la sentencia dictaba. Y la consecuencia ha sido que si antes había haitianos ilegales en exceso en RD, ahora y gracias a esa sentencia esa presencia es miles de veces más notoria y numerosa que antes de la fatídica de ese fatídico Tribunal Constitucional. Cualquiera lo puede notar con solo caminar por sus calles, ahora aparecen a borbotones los haitianos jóvenes, niños, mujeres hombres, preñadas, con niños en todos lados. Ya no se limitan a la construcción y agricultura, sino hasta en los parques se ven disfrutando de las brisas de la tarde como si fueran nativos y despreocupados de que pudiera venir alguien de Inmigración a recogerlo. Eso no existe sino su masiva impune presencia y todo gracias a la obra de jueces que vez de tales deberían dedicarse a otros quehaceres. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#411).


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