Continuando en la segunda parte de este articulo, ya
en la primera señalamos la castigada, Estados Unidos que por culpa de su clase
capitalista insaciable, voraz y sus políticos miopes, es que está sufriendo como
ninguno, los terribles estragos del poderoso Corona, al quedar desnudado, que a
pesar de su Presidente decir “estamos preparados para el virus, ese virus es
como como un flu, se irá fácilmente”, mientras él corría por las venas de los
estadounidenses como en autopistas sin patrulleros, y peor después, prometer
tener los instrumentos de tests, mascarillas, ventiladores, guantes, capas,
nada había para enfrentarlo porque todo tenía que venir completo de China, o
solo se podía hacer parcialmente, porque faltaban las otras piezas, siempre, de
China, perdiendo así tiempo vital que el virus usó para expandirse. Viene la
segunda gran castigada, por la ambición y miopía de sus gobernantes, mas que de
sus capitalistas. Gobernantes que por estar acostumbrados a regular pensando en
qué se robarán o harán corrupción, ese gobierno de Santo Domingo, recibiendo 6
millones de turistas al año, quería más, y más, y donde había más turistas
potenciales, manejando los $$, era en China. Y hacia allí se fue el presidente ambicioso,
a cambiar la paz que tenía con Taiwán para ganar más dinero esperando que los
turistas ahora llegarían a 50 millones. Su inmoralidad estribaba mayormente, en
que aún con los turistas que recibía, su país, se ufanaba de ser el que más
avanzaba económicamente en AL, pero su población no tenía agua de la llave, la
luz era la más volátil y cara y más del 20% de la población usaban las letrinas
como primera fuente de desahogo anal. Y el bruto quería más turistas. Y rompió con la noble Taiwán, ofendió a su
gente, le demostró la cara horrible del ingrato, y cambió embajada con Pekín,
sabiendo de la advertencia que sus amigos del Norte le habían dado. No hizo
caso y se fue tras los 50 millones de turistas, regalos, y ganancias. Ahhh,
pero ahí estaba el santísimo Corona, observándolo, que aunque se sabe que el
mismo ha traído más dolor que alegría, de las pocas alegría era ver como los
ingratos corrían por todos lados pidiendo ayuda, ayúdennos, que el virus nos
acaba. Y el grito se hizo inaguantable e infernal cuando allí supieron que a
pesar de todo lo malo que salía de Wuhan, de la China, por la noble Taiwán no
había aún un ni muerto del Corona. ¿Qué pasaba, acaso, San Corona había perdonado
a Taiwán? No, era que Taiwán desde hacía años, desde que se despidió de los
rojos aquellos, siguió por la vía de la corrección, ciencia y decencia, y
mientras la China del virus enviaba sus mensajeros de muerte por los países del
mundo, no pudieron penetrar a Taiwán, bueno, sí, allí dejaron entrar unos
cuantos pero sólo como modelo, y quizás sólo para hacerle referencia a los
ingratos busca-turistas, Santo Domingo, que ahora lamentaba no haberse quedado
con Taiwán cuando lo traicionó aquel día. Hoy, Taiwán apenas tiene unos casos
del Corona, y es el único país del mundo, donde ese virus no hizo nada en
comparación a los demás. Y ya no hay más turistas de ningún lado, los hoteles
cerrados y sus playas, porque apestan. Y por supuesto, cuando el paisito del
Caribe lo supo, corrió buscando el teléfono del Ministro de RREE de Taiwán a
ver si todavía había tiempo del perdón a la traición. Cuando el Ministro oyó el
lugar de donde venía la llamada, le pegó fuego al teléfono, creyendo que así el
fuego llegaría al cuerpo del mensajero en el teléfono. Y ya él sabía que por
todo el pueblo pedían que se tratara de volver al regazo de Taiwán, que claro, ésta
podría reconsiderar, pero sólo si antes se castigaba con la guillotina a los
ingratos de aquella traición. Y así fue como San Corona castigó a parte de los
que merecían castigo con sabor a justicia y santidad. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
(#575, 28.4.20).
martes, 28 de abril de 2020
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