Tanta bellaquería de los avances de la ciencia a
todos los niveles, en todas las ramas, que no había nada que ellos no conociera
y dominaran, o sea, los científicos, los guardianes que eran la vanguardia de
esa humanidad cuando de recibir protección de la Madre Naturaleza cuando se equivocara o quisiera castigar, y el
gran Corona llegó para desnudar a esos científicos en su totalidad. Ellos, del
cuerpo humano lo sabían todo, no había cueva en el corazón, pulmones,
intestinos, ADN, etc., que ellos no supieran lo que era, cómo funcionaban, y cómo
los arreglaban si fallaban o se enfermaban, en fin, eran los dioses modernos, superiores
a aquellos dioses griegos y romanos cuando dominaban hace 2000 años, hoy eran
ellos los reyes de todo, la anatomía, biología, química, física, microbiología,
el Internet y robotismo, embargo, un pequeñísimo virus los desflecó, los abatió,
los venció, los doblegó, los tienen temblando y corriendo de un lado a otro y
su sociedad casi muerta, su economía en convalecencia global, con los
cementerios que ya no tienen espacio donde más colocar a sus muertos. Y cuando la
Humanidad les preguntan, y ¿cuándo nos llegará su ayuda, cuándo una cura, una
vacuna, un tratamiento?, todos balbucean y se miran uno al otro, diciendo, “bueno,
quizás en agosto, o enero próximo o en 18 meses”, como si no supieran lo que
significaban esas respuestas. Porque la humanidad la esperaba ahora, no
ahorita, en este momento, queremos ayuda, y ustedes no nos pueden ayudar y
tanto que decían que sabían. ¿Y cómo deberían sentirse esos científicos ante su
fracaso, con bochorno, vergüenza, humillación? En su petulancia y arrogancia,
esos científicos, ya se sentían dioses sobre la tierra, y la encontraban muy pequeña
para sus poderes y ambiciones, y no perdieron tiempo en querer dar un viaje al
centro del planeta Tierra, aunque el calor de allí los ha mantenido en
meditación, pero no se desalentaron y quisieron volar como las aves y querían
ir a conquistar otros mundos, a Marte, Júpiter, hasta posarse sobre la misma
superficie del Sol. Que pretenciosos eran. Al llegar a la Luna, ya se consideraban
dueños no sólo de la tierra y del sistema solar, sino que ya eran casi dueños de
otras galaxias y constelaciones, y en eso han estado todos estos años mientras sus
terrícolas miraban. Y llegó el Corona para recordarles entre otras cosas, que
esos terrícolas no podían respirar en la Luna, ni en Marte ni dentro del agua
ni en ningún otro lugar solo en la tierra, y ahora ni allí podían hacerlo si no
se entrevistaban primero con el Gran Corona, que inexplicablemente les enrostró
que “si de verdad ellos eran quienes decían y se vanagloriaban, por lo menos
antes de pretender conquistar otros mundos, primero era proteger y amar su
mundo su tierra, su humanidad, y sabiendo que todos los años virus como yo
Corona, nos damos vueltas por la tierra en son de ver o castigar, para ver cómo
andan los terrícolas, ustedes tuvieron que tener toda clase de antivirus y no
esperar que uno de nosotros llegara para entonces, comenzar a crear alguno,
como es el del momento, para no tener que contestarle a tu humanidad “la ayuda
de algún remedio viene dentro de 12 o 18 meses, cuando quizás ya más de medio
mundo se haya ido hacia el otro mundo. Y no crean miserables científicos y
parte de los terrícolas, que el Gran Corona llegó sólo para matar y destruir,
no, todavía allá, donde nací, hay planes que si ustedes siguen el carril de
destruir también los océanos con toda esa inmundicia y basura, y el medio ambiente,
vendrán otros Coronas y se llevaran los que logren escaparse de este Corona. Así
es que científicos, y terrícolas, están advertidos para que no pierdan tiempo
en pedir ayuda y se resignen a su exterminación, para que reinen las cucarachas
en vez de ustedes como antes era”. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#576, 6.5.20).
miércoles, 6 de mayo de 2020
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