¿Cuántos países no quisieran tener siquiera un juez, uno solo, como el de los Estados Unidos? Dan la vida, porque cuando pueden apreciar la moral, el valor y el poder de un juez allí, es algo que conmueve el alma, el espíritu, la conciencia, el amor a la justicia, y cuando por obligación tiene que mirar a los jueces que tienen en sus países, especialmente en América Latina, mirando al Caribe, la admiración se hace dolor. Allí no hay jueces, hay muñecos que se dicen ser eso, pero no tienen la calidad ni nada de los valores de un juez de EU. (Hay excepciones). Ese valor de esos jueces en EU, sean menores o de la Suprema, desde hace cientos de años que vienen teniéndolos, desde cuando aquel gigante John Marshall, la luz de la judicatura de EU, dio inicio al nacimiento a la tradición del valor de esos jueces americanos y a su imposición por sobre los actos y hombres dentro de la ley. Y no ha habido un momento más oportuno que el actual cuando Estados Unidos se ha visto obligado a que estos jueces decidan frente a las pretensiones de prepotentes y abusivos como el presidente actual Donald Trump, quien ha ganado el título de que no sólo se considera estar sobre la Ley, sino que él mismo es la Ley. Y se probó, con la complicidad de sus hermanos del Senado en aquel juicio político Impeachment, en que se le acusó de infringir no una, sino varias leyes y hasta la propia Constitución, que los de su partido, taparon con mucho descaro. Y aunque allí no había un tribunal formal ni tampoco la presencia del juez tradicional (con vergüenza sin embargo, que allí estaba presente el mismo Presidente de la Suprema Corte de Justicia, quien quiéralo o no, fue burlado y humillado cuando tuvo que presidir un acto similar a un juicio sin que se guardaran ni siquiera las apariencias para al final exonerar al culpable). Y no era la primera vez que la justicia enfrentaba al Presidente, pues desde sus inicios, son incontables las veces que algún juez aun de una corte inferior, y la misma SCJ, falló en su contra, lo desautorizó en algo que había hecho u ordenado, como los casos con los Dreamers, la Frontera, en asuntos de Salud, etc. En todos, algún juez lo desautorizó, y claro, él le obedeció porque allí el juez sí es un dios, sí tiene poder, y tiene que ser obedecido por todos, aun quien se considera estar sobre la Ley. Esto obliga a recordar, como para apuñalarse uno mismo, cuando en un paisito del Caribe, RD Santo Domingo (ahora busca ganar vergüenza por medios mecánicos con un “logo”), un juez ordenó parar una construcción por violaciones, y el Presidente no le hizo caso. Y apelaron a otros tribunales y hasta el llamado Tribunal Constitucional, y también fallaron de igual forma, y el mismo Presidente siguió como si ni siquiera le picara un mosquito. Así es la norma allí. Así es la justicia, así se enseña y se practica en los tribunales, claro, uno teniendo que sentir asco de saberlo y acercarse a esos jueces. Con el irreverente Presidente Trump, a cada rato los abogados tienen que recurrir a los tribunales y ahora al estar perdiendo las elecciones del 2020 ha pedido, gritado, que “paren de contar los votos que faltan, que él ganó” y ya fue a la corte que de seguro lo castigará otra vez con un fallo en su contra y eso engrandece el amor hacia la justicia, al país, a los hombres que están frente al sistema judicial, porque allí sí se respeta la ley, que está sobre todos los hombres, sin reconocer reyes, dioses ni políticos abusivos. Oh, Justicia, oh jueces modelos, ¿cuándo las miserias de otros países podrán imitarlos? Claro, eso no sólo depende de los jueces, sino del material humano con se bregue, y esos que mencionamos no son de buena clase humana. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#589, 5.11.20).

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