Entre las promesas y palabrerías que usó Donald Trump, el candidato en el 2016, fue una muy llamativa, y que él pretendía esgrimirla como espada contra todos los políticos y funcionarios públicos que le habían precedido, de que en Washington, hogar de las oficinas federales, se había creado tal nivel de corrupción, que ya era un pantano que apestaba, y que prometía limpiarlo, sanearlo con su nueva decencia. “Voy a limpiar el pantano” no se cansaba de repetir y así sus seguidores coreaban. Y mencionaba primero a los lobistas, ésos que representan intereses de gobiernos extranjeros, negocios o personas y que no salían de las oficinas del gobierno para comprar o sobornar a los políticos para lograr sus fines. Pasaron los días, ya siendo presidente del país, no tardó en demostrar qué era lo que él pensaba con lo del pantano. Surgieron con mayor fuerza primero las grandes mentiras, miles, su verdadera espada mellada, luego los personajes que comenzaron a demostrar quiénes eran y qué buscaban. El primer escándalo fue un dinero usado ilegalmente para gastos de su Inauguración y sus hoteles, el segundo que brilló fue el ex General Flynn, quien ya era designado como su Asesor de Seguridad Nacional, pero no se tardó en descubrir que ese ex general había mentido al FBI, era el representante lobista de Turkía, gobierno represivo islámico y que había ya recibido $600,000 dólares por sus servicios ilegales, pues no estaba registrado como lobista de ese gobierno. Vendrían las denuncias de que la familia Trump y sus negocios seguían el provecho del cargo para sus beneficios ilegales. Luego, un escándalo mayor, del encargado de su campaña electoral Manafort, que sería enjuiciado y condenado y seguirían otros íntimos colaboradores, Stone, Kushner, Bannon, y otros, tanto en la campaña como ya en el gobierno, enjuiciados y condenados, pero que muchos no colaboraron ni confesaron sus crímenes porque había algo en medio que sabían que vendría: los perdones del Presidente, y como nunca se había visto, el mismo Presidente alentaba a los infractores a guardar silencio, ya que no importaba la condena, él los perdonaría, como al efecto hizo, que se burló de la justicia y del pueblo, usando el perdón presidencial como un medio de interferir con la Ley. Y los perdonados fueron tantos que muchos decían que podría formar el nuevo partido con ellos, con un nombre llamativo como el “Partido de los Ex con”. Pero el nuevo pantano no paraba ahí, se vio que iba a incluir increíblemente, en una nueva desmoralización general del país, su sociedad, cuando la forzó a aceptar sus actos como adornados de honradez y decencia cuando eran todo lo contrario, puramente pertenecientes a su nuevo pantano. Ejemplos, ¿cómo un país podía aceptar que su presidente hablara miles de mentiras y ese pueblo lo aceptara como normal? ¿Cómo aceptar su negligencia en la muerte de miles de persona por el Covid? ¿Cómo aceptar la burla a la ley y la Constitución? ¿Cómo, empujar por medio de la violencia y el chantaje a que los miembros de su partido acepten su comportamiento repugnante, como algo normal, bajo pena de sanciones políticas o denuncias públicas contra los que lo intentaran y que éstos con un temor infantil, aceptaran? ¿Obligar a que el país aceptara la incitación, sublevación y destrucción del Congreso como algo tolerable, y miles más? Es decir, el Presidente Trump que prometió algo nuevo en Washington, lo que hizo fue crear su propio pantano más hediendo que el que había, con el completo beneplácito de sus seguidores, al estilo de los más escandalosos políticos del mundo, un repulsivo pantano social, increíble en el papel de EU como estrella orientadora. anticrítica.blogspot.com (#598, 3.02.21).

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