lunes, 25 de octubre de 2021

¿DE QUÉ SIRVE A LA SOCIEDAD EL INTELECTUAL QUE VIVE DENTRO DE SU PETULANCIA BURBUJOSA?

 No entramos en detalle de si es o no un intelectual. Hoy día cualquiera se llama a sí mismo como tal, avalado únicamente por su opinión y algunas musarañas propias del mismo. Pero le daremos como en Derecho, el privilegio de la duda y creeremos que es un intelectual. Lo aceptamos como aquel individuo que gusta de las letras, la lectura, que escribe poema, ensayos, novelas, practica las artes, visita las librerías y ferias para ver y darse a conocer. Y se vuelve siempre al punto esencial, ¿para qué sirven con sus abundantes miserias? Así nos viene al recuerdo aquel poeta de Chile, que casi todos en AL darían sus nalgas por leerle siquiera un poema, olvidando que fue un admirador incansable de uno de los criminales más grandes de la historia, Stalin, y promotor del sistema social más atorrante que ha conocido la humanidad (y otras maldades), pero como vivía en su petulancia, aleluya, era un dios del Intelecto. ¿De qué sirvió? Para saciar las almas enfermas, que sólo atinaban al brillo y no a la esencia de su origen. Sus manchas son más grandes que sus obras, pero la hipocresía del humanoide las avasallan. Ahí está aquél de sus largos años y barbas blancas de Nicaragua, que murió hace poco, y hasta ayer, adoraba a los asesinos del Sandinismo que hoy es peor que todo lo malo de Somoza y él y ellos como él (no fue solo) nunca vieron o les importaron las deformidades que adornaban a los nuevos libertadores y merecían sus poemas, glorias o silencio. ¿De qué sirvió que hasta  S. Ramírez anda huyendo porque lo quieren preso por ser de él, de ellos? ¿O aquel nativo, que se prestó a la acusación falsa sostenida por un campesino inculto con Poder, que nunca leyó un libro y que tal poeta pretendía ser el nacional? ¿O aquél que empeñó su futura libertad por las migajas que un tirano le tiró de ayudas, pagos, mientras estudiaba para hacerlo un quintacolumnista al regresar a su lar nativo? ¿O aquél que la plebe lo glorificó como un cantor de la gloria y dolor del pueblo, pero que fue incapaz de así como glorificó y cantó a las masacres hechas al enemigo por ‘los malos’, jamás mencionó ninguna del enemigo hecha hacia su pueblo como la de Moca? Esas no existieron en su petulancia burbujosa. ¿O de aquél que para esconder sus fantasías lujuriosas, es devoto de las iglesias porque allí abunda el negocio y la carne fácil de apretar? ¿O aquel creador que quería que lloviera Café, pero nunca sin decir del asco que debía sentir de su sociedad y el deshonor de ser de su país? Y así, muchísimos, y éstos son solo algunos, tienen además la virtud negativa de que al vivir en su petulancia burbujada, además de sus debilidades ingénitas, son seres que carecen de la sensibilidad de sentir el dolor de los demás que lloran, gimen, mueren, son maltratados, abusados, asesinados por el Poder o por los demás, y que si lo ven, no les importa y son incapaces de escribir lo que ven en denuncia obligada o protesta de intelectual para ser útil a la sociedad de donde se nutre miserablemente y sin pagar nada. No, no, ellos no dicen nada, no escriben casi nada, no pintan nada, sus poemas de denuncia no existen, sus dibujos, pinturas o cinceles no existen. No les afecta.  Para ellos solo existe lo que les conviene, lo que les gusta, sus planes, lo que eleva sus egos, sus obras, famas, nunca lo correcto, justo, la justicia, mudos son al uso de la fuerza por los trogloditas sin que les importe. No, nada. Su petulancia burbujosa no les deja ver, ni oír, ni oler sólo lo que a ellos gusta o conviene. ¿De qué sirven entonces estos llamados intelectuales que no sea adorarse a sí mismos en su silencio o sus obras? ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM  (#617, 25.10.21).

 

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