Ahora que habrá cambios en Cuba, aflorando más el capitalismo, si yo fuera el Monarca Comandante hiciera lo siguiente PARA VER QUÉ PASA: Dejaría a las Damas de Blanco que caminen por las calles de La Habana sin que las turbas ni los chivatos del barrio las ataquen ni las golpeen. Las dejaría que ejerzan el derecho de reunirse y conversar con quien quisieran, sin intervención de los espías. A Fariñas le pondría una tribuna en la Plaza de la Revolución para que él y todos los de su grupo se subieran a proclamar y a hablar todo lo que quisieran sin que “los dueños de las calles” los atacaran. Dejaría que salieran otros periódicos para descansar de la monotonía escatológica y “aburriente” del Granma y así que digan y escriban lo que quieran. A los exiliados de Miami los dejaría venir sin obstáculos y que hablan y se junten con cualquiera y hasta inviertan sus dólares. A Yoani Sánchez la dejaría que escribiera en su blog y si quisiera tener Internet que lo tuviera, y que fuera a Europa a recoger su premio y si quiera regresar, que regrese. A la madre de Orlando Zapata la dejaría tranquila y que trajera las cenizas de su hijo y pudiera visitar su tumba y que le prendiera las velas que quisiera. Los del Comité de Defensa, cariñosamente, los chivatos, les daría unas vacaciones para que no visitaran las casas del barrio hasta las alcobas y que no espiaran a los vecinos ni los amedrentaran por un tiempo. Soltaría a todos los presos políticos y los dejaría quedarse en Cuba si no quieran irse al extranjero y que hagan proselitismo o escriban los poemas que quieran aun si alguno dijera que mis barbas tienen piojillos. No, no les echaría 30 años de cárcel por eso, a ver qué pasa. La Plaza de la Revolución sería habilitada para que todos aquellos que quisieran reunirse allí a arengar, proclamar o llamar a la acción lo hiciera, aunque fuera para formar algún partido político o cualquier agrupación social o gritar al KKK. Permitiría que todo el que quisiera cultivar la tierra lo hiciera y que vendiera sus frutos al mejor postor, sin el acosamiento del Estado, a ver qué pasa. Lo mismo para aquellos que quisieran emprender cualquier negocio por sí mismos. El año próximo no celebraría la victoria de Girón para darle tiempo al pueblo a pensar qué hubiera sido de Cuba si los de Miami hubieran triunfado. Dejaría que todo el que quisiera y pudiera comprar un celular lo tuviera y lo mismo con Internet o las antenas parabólicas, para que pudieran ver los programas que quisieran aun las novelas prohibidas. Dejaría salir a otros canales de TV para borrar esa pesadez e insulsez de la TV oficial para salir de la misma verborrea y los clichés. Dejaría que el pueblo ejerciera el derecho al voto, pero sin el sistema de llevarlos, decirles cómo y por quién votar para ver qué pasa con ese 98% fijo. Dejaría que todo el que quisiera salir de Cuba lo hiciera, sí como lo hicimos con éxito con el Mariel, a ver qué pasa. ¿Pero no podría pasar que si dejáramos que todo esto pasara perderíamos la dignidad, hombría, honor, soberanía, seguridad o la cabeza? ¿Dignidad? ¿Cuando hemos vuelto caminar por los “decadentes” caminos que repudiamos antes en los años gloriosos? ¿Hombría, cuando al cubano lo han hecho un guiñapo y languidece por la llegada del matrimonio salvador con una extranjera aunque sea loca y fea? ¿Honor, cuando le imploramos a nuestros eternos enemigos, que por favor nos vendan alimentos y nos permitan respirar, y abusamos de nuestras mujeres? ¿Soberanía, cuando un indio clonado de Venezuela nos dice lo que debemos hacer? ¿Seguridad de la cabeza, cuando hemos pasado 50 años esclavizando, maltratando, humillando, ensangrentando al pueblo cubano y no vamos a ser retribuidos? Si el monarca padrote de Cuba hiciera todo esto para ver qué pasa, de seguro pasaría lo que dijo un filósofo del Caribe, que el Comandante y su gobierno duraría tanto como lo que dura una cucaracha en un gallinero. ¿Y qué dura una cucaracha con las gallinas? Sólo nanosegundos, pues le caen arriba con ganas, rabia, deseo y la pican, la descuartizan, le comen las entrañas, las patas se desprenden y las comen con más ansias, la devoran. Le harían como a Dessalines que la furia del pueblo haitiano lo hizo un picadillo, apareciendo un dedo allí, un pedazo de pie allá, el pellejo más allá, por bueno que fue. Así el pueblo cubano se comería al Comandante y sus acólitos y vería qué pasa si le da a los cubanos todo o parte de lo que les ha robado en 50 años, “!Patria o Muerte!”, ¿vencimos?

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