Se creía que la contaminación radioactiva producto de las bombas atómicas era la más letal y dañina, y de más larga duración sobre el ser humano. Se oía que un plutonio, uranio, tomaban miles de años para dejar de hacer daño. Se creía que la contaminación química o física era la peor que podía afectar a humanidad, pero muchas cosas parecen desmentirlo. Haciendo un cálculo de los resultados de las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaky en Japón en 1945 y de lo mismo de la influencia dañina del Comunismo desde 1917 en el mundo, se puede apreciar que no es así, sino que la influencia dañina del comunismo es mucho más duradera que la atómica. Ya para 1955, apenas 10 años después, Hiroshima alcanzaba la misma población de antes de la bomba y comenzaba a reconstruir esas ciudades destruidas y a normalizarse, es decir en apenas un corto tiempo ya ese daño parecía desaparecer. El corazón del comunismo comenzó a dejar de existir en Rusia en 1989 con la caída del muro de Berlín y otros acontecimientos, después de durar unos 70 años contaminando al hombre y por lo que se puede deducir, esa CONTAMINACION todavía se siente y parece que durará más de 500 años para que el hombre se libere de ella. Esto no sólo porque sus efectos contaminantes parecen durar mucho más años que los de Japón, sino porque aún en algunas partes de la humanidad, a sabiendas del daño y perversidad de esa influencia, siguen floreciendo, conjuntamente con lo que se aprecia en el lugar donde nació esa contaminación. Tomado como modelo, Rusia es un Estado mafioso, después de 23 años de haberse descontaminado, y lo que se nota allí es que esa contaminación está en su nivel más puro dañoso. Sus últimos acontecimientos así lo demuestran, pudiéndose decir que ese país y China, dos baluartes de esa contaminación, son símbolos de podredumbre, que allí donde hay mal olor, peste o putrefacción, están los contaminados del comunismo. China, que predicaba antes de ser adicta al capitalismo rapaz, sobre la descolonización del Africa por ejemplo, hoy día con tal de saquearle sus recursos naturales, acepta como bueno y válido lo más perverso de sus gobernantes y el mejor ejemplo, es Mugbabe, de la ex Rhodesia y el otro genocida de Sudán. Y Rusia desde matar sin tapujos a sus periodistas que dicen la verdad, robarse elecciones nacionales, envenenar a oponentes en Londres con polonio, no escatima esfuerzo para demostrar lo contaminada que aún está. Añadiéndose a su postura en el apoyo de lo que sea carroñero, como con Kadafi, Fidel, Irán, Chávez, se aferra como perro rabioso, a sus intereses dañinos en contra de toda la comunidad internacional. Su obstrucción para parar el río de sangre que corre por las tierras de Siria lo reafirma. Se opone tajantemente a todo lo que es decencia, hasta contra la voluntad de la Liga Araba, que es demasiado decir, sin importar en la desnudez en que quede, al oponerse a que las Naciones Unidas hagan algo para parar la masacre allí. Ella apoya a Irán a que ponga al mundo al borde del holocausto con el suministro de ayuda técnica y materiales nucleares, mientras la decencia del mundo le exige que sea decente siquiera una vez. Si hubiera sido por Rusia el genocida de Kadafi y todas podredumbres del mundo aún reinarían. Mírese la pus contaminante de la ex comunista de Brasil, Dilma Rousseff, quien a pesar de que por presión le dio una visa a la bloguera cubana Yoani Sánchez, fue incapaz de presionar al comunista hermanastro del padrote para darle el permiso de salida, pues por 19 veces se la ha negado, pretendiendo escudarse así como Pilatos y al no querer hablar de derechos humanos respecto a Cuba, demostrando que aunque estuvo presa y torturada, su contaminación no ha cambiado mucho hasta hoy, pues lo que sufrió le es indiferente en los demás. Claro, ella viene de la vieja escuela contaminada de Lula. Y por supuesto, China y Corea del Norte, están juntitos a Rusia en su muestra de esa contaminación eterna del comunismo, por lo que todo confirma que esa contaminación es mil veces peor que la de las bombas atómicas. ANTICRITICA. Blogspot.com

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