jueves, 11 de octubre de 2012

LOS OJOS Y VOZ DEL PRESIDENTE



¿Quién no llegó a ver y quizás no notar el secreto de los ojillos del Presidente Medina? ¿Y de su voz, notaron algo raro? Pues para los que miraron y no vieron, oyeron y no escucharon es bueno decirles que no se les culpa, porque eso le costó mucho estudio a los grandes pensadores del siglo pasado para darse cuenta quién era el individuo que tenían al frente y por sus rasgos, sacar su personalidad. Si era bueno, malo, criminal, adicto, tramposo, en fin su retrato. A veces falllaban, pero generalmente acertaban en definir al individuo por su cara, su mirar, su modo de hablar, gesticular, en fin, era el resultado de lo que se veia, de que el indivuo era él y su apariencia. ¿Quién no ha usado esta técnica, como único instrumento para tener una idea con quien habla? Claro, al pasar el tiempo y la ciencia tomar terrerno, no permitió que este sistema siguiera reinando y dijeron que no era por esos factores que se decía quién era el individuo, sino por los de la herencia familiar, el ambiente social y económico, etc. De todas, formas, estas nuevas teorías no descartaron aquellos principios y siguieron y aún siguen no dominando, pero sí formando parte del arsenal que se tiene para hacerse una idea de quién es el que está ahí, sin necesariamente confiar en lo que él se auto asigne. Pues para muchos de los que han visto esos ojillos y oído esa voz del Presidente, saben hoy lo que quizás ya tenían como presentimiento. Esa voz con una alta entonacion a chillido y esos ojillos, que parecían a los de los roedores, confirmaron lo que se sospechaba: que su dueño no era quien decía ser, que no era verdad todo el panorama de promesas que venía proclamando, que no era cierto que iba a corregir lo que estaba mal, hacer lo bueno y abandonar lo malo, al contrario, ha seguido sobre el caballo del que lo hacía mal, ha reincidido en no hacer lo bueno, y se ha ganado consecuentemente el título de ser peor que el que le antecedió. “¡Inaceptable, increíble, falsedad, que pudiera siquiera igualarse con Leonel Fernández!, exclamaban los semiengañados y los que por lamer las botas vivían pegados al suelo. “Te lo decia”, decía el crédulo, “esa voz no podía decir otra cosa, no era normal, no la de un estadista. ¿Observa, recuerda no la voz si no la forma de expresarse de aquel campesino de Gurabo? Pues, se parece, a él, en que en aquél era su entonacion a lo primitivo y éste el chillido del no civilizado, pero eran iguales”. “¿Y los ojos, entonces?, preguntó un incrédulo. “Ah, eso va en la misma direccion, si tú observas cómo miran los ratones cuando tú los estás acechando para darle un palo. Oye, se paran, no se mueven, te fijan la vista, y ahí tu dejas caer el mazo imnotizado. Esos ojillos redondos, fijos son maléficos. Así ha pasado, por lo que en esa mezcla de ojillos diabólico y sonido penetrante, está su secreto para decir quién es y comenzar a sentir lo que ya se nota, desprecio”. “Pero, ¿cómo si él parece un hombre bueno, decente, recto?” insistió el adulón.  “Ja, ja”, le respondió el otro, pero es que estás durmiendo. ¿No has visto lo que ese hombre bueno que tú dices, ha hecho tan sólo dos cosas, para no complicarte tu cerebro? La primera, ese hombre honesto aún mantiene en su puesto al pillo más grande que ha conocido el país en los últimos días, aquél que quiso llevarse a plena luz del dia, en las uñas $600,000 pesos mensuales porque así quiso. Si fuera lo que tú dices, lo menos que debió haber hecho era destituirlo y luego meterlo a la cárcel. ¿Y qué ha hecho? Amamantarlo, para que sea premiado con algún grado de duarte, sánchez y mella. Y el segundo, ¿has vsto lo que trata de hacer  con los alimentos de los pobres? Hasta las tripitas, las yanikekas, el casabito, las tripas de vaca, de cerdo, a todo le quiere poner impuestos. Y luego, que le llegó el sunami de protesta, ordenó al alzacola de turno, que dijera que fue un error. “Error my ass”, como dicen ya por ahí. Eso fue lo que él quería, y/o lo usó como usaba el otro, “aumento al espanto, para luego bajarlo y vestirse de santo”. Es peor que el otro, porque se vistió de vírgen y resultó un demonio.  Y era  que esos ojillos no mentían, ni menos la voz, aunque despues de todo somos dichosos, pues en los impuestos no incluyó ni a la mierda que cagamos ni la orina que meamos. ¡Gracias, señor por protegernos!  ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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