¿Quién no llegó a ver y quizás no notar el secreto de los
ojillos del Presidente Medina? ¿Y de su voz, notaron algo raro? Pues para los
que miraron y no vieron, oyeron y no escucharon es bueno decirles que no se les
culpa, porque eso le costó mucho estudio a los grandes pensadores del siglo
pasado para darse cuenta quién era el individuo que tenían al frente y por sus
rasgos, sacar su personalidad. Si era bueno, malo, criminal, adicto, tramposo,
en fin su retrato. A veces falllaban, pero generalmente acertaban en definir al
individuo por su cara, su mirar, su modo de hablar, gesticular, en fin, era el
resultado de lo que se veia, de que el indivuo era él y su apariencia. ¿Quién
no ha usado esta técnica, como único instrumento para tener una idea con quien
habla? Claro, al pasar el tiempo y la ciencia tomar terrerno, no permitió que
este sistema siguiera reinando y dijeron que no era por esos factores que se
decía quién era el individuo, sino por los de la herencia familiar, el ambiente
social y económico, etc. De todas, formas, estas nuevas teorías no descartaron
aquellos principios y siguieron y aún siguen no dominando, pero sí formando
parte del arsenal que se tiene para hacerse una idea de quién es el que está
ahí, sin necesariamente confiar en lo que él se auto asigne. Pues para muchos
de los que han visto esos ojillos y oído esa voz del Presidente, saben hoy lo
que quizás ya tenían como presentimiento. Esa voz con una alta entonacion a
chillido y esos ojillos, que parecían a los de los roedores, confirmaron lo que
se sospechaba: que su dueño no era quien decía ser, que no era verdad todo el
panorama de promesas que venía proclamando, que no era cierto que iba a
corregir lo que estaba mal, hacer lo bueno y abandonar lo malo, al contrario,
ha seguido sobre el caballo del que lo hacía mal, ha reincidido en no hacer lo
bueno, y se ha ganado consecuentemente el título de ser peor que el que le
antecedió. “¡Inaceptable, increíble, falsedad, que pudiera siquiera igualarse
con Leonel Fernández!, exclamaban los semiengañados y los que por lamer las
botas vivían pegados al suelo. “Te lo decia”, decía el crédulo, “esa voz no
podía decir otra cosa, no era normal, no la de un estadista. ¿Observa, recuerda
no la voz si no la forma de expresarse de aquel campesino de Gurabo? Pues, se
parece, a él, en que en aquél era su entonacion a lo primitivo y éste el
chillido del no civilizado, pero eran iguales”. “¿Y los ojos, entonces?,
preguntó un incrédulo. “Ah, eso va en la misma direccion, si tú observas cómo
miran los ratones cuando tú los estás acechando para darle un palo. Oye, se
paran, no se mueven, te fijan la vista, y ahí tu dejas caer el mazo imnotizado.
Esos ojillos redondos, fijos son maléficos. Así ha pasado, por lo que en esa
mezcla de ojillos diabólico y sonido penetrante, está su secreto para decir
quién es y comenzar a sentir lo que ya se nota, desprecio”. “Pero, ¿cómo si él
parece un hombre bueno, decente, recto?” insistió el adulón. “Ja, ja”, le respondió el otro, pero es que
estás durmiendo. ¿No has visto lo que ese hombre bueno que tú dices, ha hecho
tan sólo dos cosas, para no complicarte tu cerebro? La primera, ese hombre
honesto aún mantiene en su puesto al pillo más grande que ha conocido el país
en los últimos días, aquél que quiso llevarse a plena luz del dia, en las uñas
$600,000 pesos mensuales porque así quiso. Si fuera lo que tú dices, lo menos
que debió haber hecho era destituirlo y luego meterlo a la cárcel. ¿Y qué ha
hecho? Amamantarlo, para que sea premiado con algún grado de duarte, sánchez y
mella. Y el segundo, ¿has vsto lo que trata de hacer con los alimentos de los pobres? Hasta las
tripitas, las yanikekas, el casabito, las tripas de vaca, de cerdo, a todo le
quiere poner impuestos. Y luego, que le llegó el sunami de protesta, ordenó al
alzacola de turno, que dijera que fue un error. “Error my ass”, como dicen ya
por ahí. Eso fue lo que él quería, y/o lo usó como usaba el otro, “aumento al
espanto, para luego bajarlo y vestirse de santo”. Es peor que el otro, porque
se vistió de vírgen y resultó un demonio.
Y era que esos ojillos no
mentían, ni menos la voz, aunque despues de todo somos dichosos, pues en los
impuestos no incluyó ni a la mierda que cagamos ni la orina que meamos. ¡Gracias,
señor por protegernos! ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
jueves, 11 de octubre de 2012
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