domingo, 30 de diciembre de 2012

DOS GRANDES ENFERMOS CERCA DE LA TUMBA



El doce se va con dos grandes vivos que quieren irse. Nelson Mandela por Africa del Sur está enfermo quizás con enfermedad grave. Hugo Chávez se encuentra en Cuba, en un hospital con otra enfermedad más que grave. Ambos son famosos y muy conocidos en el mundo, y cualquiera que muera de seguro que será motivo de noticia triste. Pero antes de morir hay diferencias entre estos dos grandes enfermos, porque lo que se siente por uno, no parece encajar en lo que se siente por el otro. A Mandela lo quiere y lo ama todo el mundo. Se cree que no habría alguien que no lo quisiera. Es un negro que estuvo 30 años en una cárcel de los blancos cuando aquel famoso aparheit de Sudáfrica. Resistió, estudió y triunfó. Su estatura moral y profunda perseverancia lo llevaron al triunfo aun estando dentro de la cárcel. Los blancos, incluyendo a los que lo atropellaron, lo admiran y no se duda que lo quieran. Su grandeza se hizo más grande cuando siendo el triunfador entre el racismo y el derecho, y pudiendo imponer su absoluta voluntad por ser el triunfador, con todo el poder a su disposición, sin embargo, ese Mandela optó por la conciliación, y no la venganza ni mezquindad. Para cualquier mortal por ese camino se hubiera ido, pero él no lo hizo. Abrió los brazos para incluirlos a todos, negros, blancos, ricos y pobres, amigos y antiguos enemigos, y formó una nación que si hubiera tomado el otro camino hoy sería más que caos, destrucción y persecución. Y no hay que olvidar que ese Mandela, era admirador de las ideas de Marx, pero fue demasiado inteligente y justo para no caer en la trampa. Frente a este gladiador, se presenta el Chávez, un militar ordinario, sin educación adicional a las armas, que en los cuarteles recibió los efluvios de los venenos que venían de la moda y quiso ponerlas en práctica, pero no con la grandeza de un Mandela,  sino con la pequeñez de un Mugabe, quien destruyó la antigua Rhodesia porque su cerebro no le daba más espacio después de la sífilis que le atacó. Chávez también fue atacado de la misma sífilis y se enrumbó por ese mismo camino y en vez de aunar esfuerzos comunes, sembró la discordia, la venganza primitiva y transformó un país de paz y riqueza en uno de odio y división. En Sudáfrica no hay un solo exiliado político y las lágrimas que se vierten por el enfermo son legítimas, sinceras, de lo profundo del alma de su pueblo. En Venezuela son miles los que deambulan por el mundo huyendo de Chávez y los que le lloran son porque fueron pagados con la moneda untadas de petróleo como las del Judas. Mandela fue ejemplo, guía y maestro de su pueblo y los que vendrían detrás. Les enseñó la decencia, la paz, la tolerancia y el amor a la verdad. Chávez, un intrigante, amigo de los violentos, conspirador con los que quieren hacer mucho daño a otros, es un fiel seguidor del culto a la mentira. Todo el pueblo de Mandela sabe de qué sufre y cómo se siente de verdad. Chávez, nunca le dijo la verdad a su pueblo, siguiendo los lineamientos de los opresores más impúdicos del continente que lo asesoran no lejos de allí. Mintió desde antes y aún sigue mintiendo casi al borde de la tumba. Miente porque lo mismo cuando era militar, era falso, vivía en la mentira, en la conspiración de quitarle a uno dizque para dárselo a otros. El sentimiento que se siente por Mandela es el fruto de la reacción natural de su pueblo. El que se siente por Chávez es el resultado de la dicha de tener unos dólares en excesos para comprar simpatía y sentimiento. Mandela no tiene dinero, pero sí moral. Chávez no la tiene, pero sí dinero hasta para ayudar a la opresión de otros pueblos. A Mandela todos lo quieren salvar. A Chávez la mitad quiere que se vaya al averno y la otra mitad llora por las monedas que se van a perder. Quizás en lo único que podrían parecerse es en el destino que le dejaron sus mujeres. Winny, la de Mandela, se le fue, le dejó hijos, pero le deseó paz. Iriarte, la de Chávez, le dejó hijos también, pero lo menos que le dijo fue traidor, y le deseó que se fuera ya, que no lo quería ver. Así se diferencian dos hombres acercándose a la muerte, cuando uno ama al bien y otro al mal. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM


lunes, 24 de diciembre de 2012

MARIO LANZA Y UNA MADRE GUERRERA



Cuando hoy se mencione, se escuche cantar o se le vea en alguna película al gran barítono Mario Lanza desgraciadamente su buen nombre y persona será asociada con la actividad criminal de un joven con su apellido, gracias a la irresponsabilidad de quien lo trajo al mundo, su madre. Qué dolor más grande recordar al gran Mario Lanza, nacido en Filadelfia en 1921 e ido en l959, a los 38 años, con aquella dulce voz que deleitó, que regaló con su gran talento teatral en diferentes películas, considerado el barítono más grande hasta su muerte, que según decían tenía una sonrisa más grande que su voz. Ese Lanza hoy se recuerda suciamente por un Lanza innoble y criminal que asesinó a 27 personas, 7 adultos y 20 niños. Pero no estuvo solo el asesino del poético apellido, que era el de su madre, que por casada era el de su ex esposo (¿Y qué hombre no deja una esposa que tenga tantas armas?). El asesino estuvo con su madre, rubia, adicta a las armas y amante de los visitas a los campos de tiro al blanco, y que sentía un inmenso placer en llevar a su Lanza a enseñarle las maravillas del uso de las armas. Ella tenía cinco armas de fuego, dos rifles de asalto, ésos que sólo se usan para matar gente y a mucha en poco tiempo. ¿Para qué una mujer tenía tantas armas, que en todo caso, es un hobby de hombres? ¿Para qué llevaba al hijo a practicar con ellas? ¿Para qué le enseñaba a disparar, a que amara a las armas? ¿Acaso para defensa personal, en un lugar más que seguro, pequeño, de una comunidad pacífica y alta clase social? ¿Para cazar elefantes y venados en un lugar donde no los había? No, esas armas tenían otro fin. Y el Lanza innoble comenzó a pensar sobre el porqué de las armas y el porqué del amor de su madre por ellas, porque para él, en su adentro, esas armas tenían otro fin o uno más. Y el Lanza solitario comenzó a pensar en los ‘porqués’ de armas, amor y madre por ellas.  Y así estuvo pensándolo, tanto que se dice los descubrió y al hacerlo, se acabó de dislocar mentalmente. Eran para que él las usara y matara mucha gente, porque ¿cómo una mujer, una madre, podría tener por entretenimiento coleccionar armas peligrosas? ¿Por qué iba a practicar con tanto entusiasmo, y por qué lo llevaba a él, si lo que gustaba eran las computadoras y su soledad? ¿Por qué esa madre no se dio cuenta que con sólo mirar la cara y los ojos de su hijo en el acto tenía que ver que aquel rostro decía que algo anormal andaba en él, como al efecto lo estaba? Y si juntaba esta impresión, con la de soledad, el aislamiento y la poca sociabilidad de su hijo, para cualquier madre normal, la alarma tenía que sonar más fuerte. ¿Por qué ella no contrarrestó esta impresión lógica con llevarlo al teatro, a la biblioteca, a actividades culturales, deportes o al médico? No, nada eso hizo, al contrario, unos días previos a la masacre, esa irresponsable madre se fue de vacaciones, a más de cuatro horas guiando de distancia de la casa donde quedaba el hijo anormal y las armas esperando por alguien. Ella se fue, lo dejo solo, no llamó,  como si quisiera darle la oportunidad de que en la soledad del momento, tomara la decisión que sus armas y su insensibilidad le decían lo que debía hacer. Pero la justicia, que algunos dicen es divina, se hizo según otros, al ella ser la primera en recibir la furia inmensa del hijo en el placer de usar sus armas para matar. Durmiendo, él se acomodó cerca de ella, y allí, le disparó 4 tiros en la cabeza. Y luego se fue allí, a la escuela de niños, blancos fáciles e indefensos, a cumplir la misión para la cual había sido preparado diligentemente por su querida madre guerrera. Así se repitió una vez más la tragedia que seguirá sucediendo en el país que tiene una gran cultura por el amor a las armas, más que las vidas de sus niños. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM



miércoles, 19 de diciembre de 2012

L.A. ENTRE LA HIPOCRESIA Y LA IGNORANCIA



Escoger entre estas ‘virtudes’ es difícil para cualquiera, pero cuando se es dueño de ambas al mismo tiempo la verdad se entristece. Chávez es el mejor ejemplo de ver a  Latinoamérica y a Venezuela revolcándose entre la hipocresía y la ignorancia cuando se enfrentan a la Muerte. Si en el pueblo de Venezuela se ven gente llorando con ojos rojizos, desorbitados y rezando o como el mismo Chávez, besando el crucifijo de Cristo, y a la vez se sabe quién fue Chávez en todo, especialmente frente a la Iglesia, sus curas y obispos, se concluye que allí rige una de esas dos virtudes o ambas juntas. Y en L.A. se ve lo mismo, pero más de hipocresía tradicional que de ignorancia. Y la hay cuando se ven a esas personalidades del terruño, con un Correa, una Cristina, a un Evo o a Mujica, gritar e implorar por la salud de Chávez. Es la suprema muestra de hipocresía continental, al besar un crucifijo, ir a misa e implorar a Dios o a la Virgen por alguien, viniendo de neocomunistas en una mezcla de hipocresía con un poco de cinismo. Y obliga a recordar cómo se rogaba y se lloraba por un Duvalier, Trujillo, Strossner, Francia, Perón, Pinilla, Somoza, Fidel, al morir alguno, con sus multitudes colosales de lloriqueos y dolor, junto a la aceptación de la tiranía aquélla, la más larga y feroz, cuando ese lugar ha sido cuna de luchas contra tiranías. Los cien años del Macondo lo recuerdan. ¿Cómo combatir a muchas y aceptar una? No puede haber más que hipocresía. Sin embargo, para mayor comprensión, habría que preguntar, por ejemplo, a los miles de venezolanos exilados en Miami, NY y otros lugares, qué opinan de Chávez. O a los dueños de los medios de comunicación, como Globovisión y otras. O a los productores e industriales de allí. O al Juez Aponte Aponte sobre sentencias prefabricadas de manos de Chávez. O a los familiares de aquel, dejado morir en huelga de hambre. O al gobierno de Honduras o de Paraguay. A las miles víctimas de las FARC cuyos cursillistas han sido amamantados por Chávez. O a las familias de los torturados y asesinados en las cárceles, por el gobierno humanista y socialista. A las victimas de la sociedad de esos mismos presos con pandillerismo a que los forzan el ‘socialismo siglo 21’. O al Estado, en su abuso de sus recursos, o al ‘entra en cadena’ para oír las babosadas del Comandante, o a los fraudes. A la ex esposa de Chávez, Nancy Iriarte Díaz, que acaba de escribir una linda carta en el periódico Alerta, de España, donde le dice a Chávez verdades bellísimas, de despedida, que los alcahuetes quisieran esconder, despidiéndose así: “Bueno, me despido, solo quería que supieras que pasarás a la historia como un traidor y un cobarde, que no rectificaste cuando pudiste, te dejaste llevar por tu soberbia, por tus ideales, por tu ideología renunciando a los más preciado, a tu libertad y a la libertad de los otros, y la libertad nos hace humanos”. Si las opiniones de estos segmentos sociales no fueran suficientes, entonces, habría que analizar cuáles son las compañías políticas más sobresalientes de ese gobernante, para, aplicarle aquella sabiduría, ‘dime con quien andas y te diré quien eres’. Se sabría que son los comuterroristas. ¿Y quién desconoce cuál es la virtud mayor de esos grupos? Naturalmente, la hipocresía, porque nacen en la mentira, viven en ella y hay que destruirlos en ella, en consecuencia, si son amigos de Chávez y lloran por él, tienen que ser hipócritas. Pero hay hipocresías que se pueden aceptar, porque vienen de la ignorancia, o porque atan a privilegios, o a puestos de complicidad protectora, o  beneficio particular, o simplemente el hambre los empuja a adorar a quien le sacia la sed  temporalmente o la tradición de llorar por sus tiranos. Esos últimos están excusados, aunque lloren y griten como los llorones de Korea del Norte, lo que después de todo, y estando Cuba tan ligada a ese país, no sería extraño que hubiera importado ese sistema de impresionar por medio del lloriqueo colectivo, esperando así influir más a Dios o en la Virgen para que salve al amigo del Chacal. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

martes, 11 de diciembre de 2012

CHÁVEZ, UN MORIBUNDO EN LA MENTIRA




Desde hace tanto tiempo se tiene aceptado que todo aquel que está al borde de la muerte lo que siempre hace es abrir su corazón y ser claro y sincero en todo, especialmente en cuanto a la verdad. Y es natural, porque son sus últimos momentos en esta tierra y por lo tanto, después de aquí, nada importará, excepto, su legado y las inmoralidades y mentiras en que se haya vivido. Eso sí hay que tomar en cuenta cuando se está al borde de la muerte, porque en esta vida todo se sabe, y es penoso que ya, en los últimos momentos en este mundo, el pecador siga creyendo que sus mentiras seguirán como antes. Todo el que está por morir, si ha vivido mintiendo, en ese momento, que se llama de ‘la verdad y recogimiento’, se dispone a decir lo que debió decir cuando vivía en el mundo del engaño, porque ¿cómo irse hacia el más allá, y dejar las mentiras sueltas , cuando hay familias, amigos, allegados y la Historia, que tarde o temprano sabrán la verdad, y si fueron cómplices, pagarán moralmente su complicidad. Chávez, el moribundo, que ha estado mintiendo desde el golpe de Estado en 1992, sabiendo que fue un golpe, y que era ilegal, ha vivido pregonando que no cae dentro de los delincuentes golpistas. Cuando el Señor se dio cuenta de lo malo que era y  del peligro que representaba, y le envió el cáncer justiciero, comenzó su viacrusis de mentiras, creyendo que mintiendo se salvaría, y lograría engañar a su pueblo y más allá de él. ¿Quién puede creer que su aparente bondad es la de un ser caritativo hacia los débiles? Al poco tiempo se vio que era un engaño, que era dadivoso pero para cautivar y amarrar a los necesitados. Era una falsedad, vistiendo el traje del bienhechor. ¿Quién creería cuando mentía de que estaba sano, que ‘eran llaguitas’? Todavía le esperan que diga cuál es la enfermedad y cuán grave ¿Quién creería que su servilismo con Cuba no era con mentiras, cuando la entregó totalmente, hasta en sus intimidades, sin decírselo a los venezolanos, sin mencionar los millones a Fidel para afianzar su tiranía contra un pueblo hermano. Y si existieran dudas sobre quién era él, sólo habría que analizar lo que había hecho aun en su ya estado marcado para irse al ‘inferno’. De los pocos en el mundo que defendió y puso a disposición todos sus recursos fue Chávez para salvar el pellejo y la honra de Kadafi. Si una persona defiende a un genocida, ¿acaso no dice que él es tal como aquél, capaz de hacer lo mismo de que se le acusa? Eso hizo Chávez, pero no fue el único. Cuando al gobernante de Siria se encontraba bombardeando a su pueblo sin misericordia (Ni Hítler lo hizo),  de los pocos que acudió en su auxilio con soporte moral, petróleo y armas fue Chávez, desafiando otra vez a la comunidad mundial, ¿qué significaba eso? Simplemente, que Chávez mentía y era capaz de hacer lo que hacía Assad. ¿Merece un moribundo así alguna piedad cuando se acerca a su tumba? Pero esos no fueron los únicos. Ya antes había hecho lo mismo con aquel tirano, Hussein de Iraq, a quien Chávez hubiera dado hasta su trasero por salvarlo. Pero ahí no se paraba la maldad del moribundo, pues con los gobernantes de Irán, país llamado el rey de los terroristas internacionales, que dinamitó un edificio en Argentina donde murieron  unas l80 personas, y que quiere hacer desaparecer del mapa a Israel, es el amigo predilecto de Chávez, y no sólo lo ha respaldado frente a la denuncia mundial, sino que ha entrado en tratados de cooperación económica y militar con ese país, que no puede ser más que para crear más terrorismo. ¿Quién puede sentir misericordia por el moribundo mentiroso y amigo del terrorismo? Sólo un pueblo como el venezolano, que tendrá que pasar por algún mal período como castigo por no haberse sacudido de tal personaje antes de que fuera demasiado tarde. Sí, la naturaleza ha ayudado a ese pueblo a quitárselo de encima, pero el pecado no se borra hasta que no se pague por él y el venezolano aún le queda esa deuda. Y ya dentro de la tumba, el moribundo insiste en la mentira y no le dice al venezolano, pero sí al cubano, qué tan mal es su mal y si de verdad se quedará ya por allá. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM


jueves, 6 de diciembre de 2012

EL COMANDANTE CAIDO EN CAUSA INNOBLE




Todo el que veía al Comandante Delio Gómez Ochoa > cubano, nacionalizado dominicano, en agradecimiento del país por su aporte en la invasión para la liberación contra el régimen de Trujillo en 1959, y que quedó vivo como un desmentido de que aquel régimen no era tan bárbaro como decían > extasiado frente a los escaparates de los supermercados en Santo Domingo, tenía que tener alguna sospecha sobre el Comandante. ¿Qué hacía él mirando tan intensamente la abundancia de comida, carnes, embutidos, jabones, papeles higiénicos y demás artículos que abundan en esos supermercados? Para cualquier mortal tal ‘extasiamiento’ no tendría ningún significado especial, pero, siendo él quien era, y viniendo de donde venía, obligatoriamente surgían las interrogantes. Por ejemplo, ¿por qué pasaba más tiempo en Santo Domingo que en Cuba? ¿Era porque le gustaba más? ¿O porque allí tenía lo que en Cuba no tenía que desmentiría la apariencia? Al mirar en esos supermercados, ¿acaso le recordaría las penurias que él, su familia y amigos estarían pasando en Cuba, porque allí las fotos decían de escaparates totalmente vacíos mientras la gente languidecía? ¿Sentiría el Comandante algún remordimiento, de que después de haber ayudado a Santo Domingo, no podía hacer lo mismo con Cuba? ¿O ese pensamiento jamás tendría cabida en su cerebro? ¿Pensaría él en asilarse también? Como se ve, había muchas preguntas y las que faltaban, cuando se le veía “figureando”, especie de protagonismo, moviéndose en el medio en muchas cosas del país que para muchos, se veía chocante, aunque a él se le había otorgado la ciudadanía. Tenía derecho a ser dominicano, pero la prudencia le indicaría a cualquiera, excepto a un Comandante, que debería ser reservado y no inmiscuirse demasiado en las cosas políticas del país porque realmente él era un ciudadano de ‘plástico’. Pero parece que su juicio personal o los asesores, no tenían mucha luz, y el Comandante siguió caminando por caminos pedregosos. Y dos acontecimientos han venido para aplastarlo contra el suelo, suelo que ayudó a liberar. El penúltimo fue una exposición que hizo un escritor puertorriqueño sobre un interrogatorio que se le practicó a Gómez Ochoa en aquel tiempo, en manos de Trujillo, y en el cual había algún funcionario de EU, lo que lógicamente, fue reportado a su país, y por el derecho de información, ese puertorriqueño daba a la luz pública. Más o menos decía, que el interrogado Ochoa había hablado, y más de la cuenta, algo contrario a la moral de cualquier militar y menos si es comandante. El trabajo periodístico no abundó mucho pero no pudo ocultar que el Comandante había hecho un acto de traición o debilidad lo cual no sólo empañaba su nombre, sino el lugar de su procedencia, Cuba. El último acontecimiento acaba de ocurrir en estos días, en la que increíblemente se observó al Comandante estar en un acto político y de apoyo, a nada menos que al personaje más repudiado del país, el que lo ha dejado en el mayor despilfarro,  malversación, corrupción, robos, contra los bienes del Estado. Pero el Comandante no sólo estaba allí apoyándolo con su presencia, al lado de Leonel, mirándolo (H. 20.11.12, p.8A) con cariño, sino véase lo que dijo: “Creo que con esta movilización se puede dar la gran batalla contra esos delincuentes de la política, delincuentes que deberían estar tras las rejas y no venir con tanta infamia y tanta basura, porque ellos son los más podridos. El pueblo dominicano conoce bien aquí de qué pata cojea el Diablo. Vamos a levantar a los buenos contra los malos”.  Esos “delincuentes” son el pueblo, los jóvenes, el país entero contra Leonel. ¿Qué juicio le cabría a semejante gentuza (de comandante a gentuza)? ¿La deportación? ¿La cancelación de la ciudadanía? De los pocos que se han dado por enterados, no se sabe si por poco importarle o si por vergüenza, es Despradel, que metió la cabeza en una bacinilla al comentar lo que hizo su Comandante. Pero nadie más lo ha hecho de la esquina izquierdófila. ¿A qué se debería? ¿A que no era extraño? ¿Al temor de criticar, como sería si fuera en Cuba? ¿Al complejo de Guacanagarix?  Realmente no se sabe, por lo tanto esos deben estar preocupados por ese comportamiento, aunque no debía extrañar, pues ya los comandantes de donde él viene hace rato están tambaleándose y se espera que caigan de un momento a otro como éste, para gloria eterna de ese Imbatible Sistema. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM