Cuando hoy se mencione, se escuche cantar o se le vea en
alguna película al gran barítono Mario Lanza desgraciadamente su buen nombre y
persona será asociada con la actividad criminal de un joven con su apellido,
gracias a la irresponsabilidad de quien lo trajo al mundo, su madre. Qué dolor
más grande recordar al gran Mario Lanza, nacido en Filadelfia en 1921 e ido en
l959, a los 38 años, con aquella dulce voz que deleitó, que regaló con su gran
talento teatral en diferentes películas, considerado el barítono más grande
hasta su muerte, que según decían tenía una sonrisa más grande que su voz. Ese
Lanza hoy se recuerda suciamente por un Lanza innoble y criminal que asesinó a
27 personas, 7 adultos y 20 niños. Pero no estuvo solo el asesino del poético
apellido, que era el de su madre, que por casada era el de su ex esposo (¿Y qué
hombre no deja una esposa que tenga tantas armas?). El asesino estuvo con su
madre, rubia, adicta a las armas y amante de los visitas a los campos de tiro
al blanco, y que sentía un inmenso placer en llevar a su Lanza a enseñarle las
maravillas del uso de las armas. Ella tenía cinco armas de fuego, dos rifles de
asalto, ésos que sólo se usan para matar gente y a mucha en poco tiempo. ¿Para
qué una mujer tenía tantas armas, que en todo caso, es un hobby de hombres?
¿Para qué llevaba al hijo a practicar con ellas? ¿Para qué le enseñaba a
disparar, a que amara a las armas? ¿Acaso para defensa personal, en un lugar
más que seguro, pequeño, de una comunidad pacífica y alta clase social? ¿Para
cazar elefantes y venados en un lugar donde no los había? No, esas armas tenían
otro fin. Y el Lanza innoble comenzó a pensar sobre el porqué de las armas y el
porqué del amor de su madre por ellas, porque para él, en su adentro, esas
armas tenían otro fin o uno más. Y el Lanza solitario comenzó a pensar en los
‘porqués’ de armas, amor y madre por ellas.
Y así estuvo pensándolo, tanto que se dice los descubrió y al hacerlo,
se acabó de dislocar mentalmente. Eran para que él las usara y matara mucha
gente, porque ¿cómo una mujer, una madre, podría tener por entretenimiento
coleccionar armas peligrosas? ¿Por qué iba a practicar con tanto entusiasmo, y
por qué lo llevaba a él, si lo que gustaba eran las computadoras y su soledad?
¿Por qué esa madre no se dio cuenta que con sólo mirar la cara y los ojos de su
hijo en el acto tenía que ver que aquel rostro decía que algo anormal andaba en
él, como al efecto lo estaba? Y si juntaba esta impresión, con la de soledad,
el aislamiento y la poca sociabilidad de su hijo, para cualquier madre normal,
la alarma tenía que sonar más fuerte. ¿Por qué ella no contrarrestó esta
impresión lógica con llevarlo al teatro, a la biblioteca, a actividades
culturales, deportes o al médico? No, nada eso hizo, al contrario, unos días
previos a la masacre, esa irresponsable madre se fue de vacaciones, a más de
cuatro horas guiando de distancia de la casa donde quedaba el hijo anormal y
las armas esperando por alguien. Ella se fue, lo dejo solo, no llamó, como si quisiera darle la oportunidad de que
en la soledad del momento, tomara la decisión que sus armas y su insensibilidad
le decían lo que debía hacer. Pero la justicia, que algunos dicen es divina, se
hizo según otros, al ella ser la primera en recibir la furia inmensa del hijo
en el placer de usar sus armas para matar. Durmiendo, él se acomodó cerca de
ella, y allí, le disparó 4 tiros en la cabeza. Y luego se fue allí, a la
escuela de niños, blancos fáciles e indefensos, a cumplir la misión para la cual
había sido preparado diligentemente por su querida madre guerrera. Así se
repitió una vez más la tragedia que seguirá sucediendo en el país que tiene una
gran cultura por el amor a las armas, más que las vidas de sus niños. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
lunes, 24 de diciembre de 2012
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