Desde hace tanto tiempo se tiene aceptado que todo aquel que
está al borde de la muerte lo que siempre hace es abrir su corazón y ser claro
y sincero en todo, especialmente en cuanto a la verdad. Y es natural, porque
son sus últimos momentos en esta tierra y por lo tanto, después de aquí, nada
importará, excepto, su legado y las inmoralidades y mentiras en que se haya
vivido. Eso sí hay que tomar en cuenta cuando se está al borde de la muerte,
porque en esta vida todo se sabe, y es penoso que ya, en los últimos momentos
en este mundo, el pecador siga creyendo que sus mentiras seguirán como antes.
Todo el que está por morir, si ha vivido mintiendo, en ese momento, que se
llama de ‘la verdad y recogimiento’, se dispone a decir lo que debió decir
cuando vivía en el mundo del engaño, porque ¿cómo irse hacia el más allá, y
dejar las mentiras sueltas , cuando hay familias, amigos, allegados y la Historia, que tarde o
temprano sabrán la verdad, y si fueron cómplices, pagarán moralmente su
complicidad. Chávez, el moribundo, que ha estado mintiendo desde el golpe de
Estado en 1992, sabiendo que fue un golpe, y que era ilegal, ha vivido
pregonando que no cae dentro de los delincuentes golpistas. Cuando el Señor se
dio cuenta de lo malo que era y del
peligro que representaba, y le envió el cáncer justiciero, comenzó su viacrusis
de mentiras, creyendo que mintiendo se salvaría, y lograría engañar a su pueblo
y más allá de él. ¿Quién puede creer que su aparente bondad es la de un ser
caritativo hacia los débiles? Al poco tiempo se vio que era un engaño, que era
dadivoso pero para cautivar y amarrar a los necesitados. Era una falsedad, vistiendo
el traje del bienhechor. ¿Quién creería cuando mentía de que estaba sano, que ‘eran
llaguitas’? Todavía le esperan que diga cuál es la enfermedad y cuán grave ¿Quién
creería que su servilismo con Cuba no era con mentiras, cuando la entregó
totalmente, hasta en sus intimidades, sin decírselo a los venezolanos, sin
mencionar los millones a Fidel para afianzar su tiranía contra un pueblo
hermano. Y si existieran dudas sobre quién era él, sólo habría que analizar lo que
había hecho aun en su ya estado marcado para irse al ‘inferno’. De los pocos en
el mundo que defendió y puso a disposición todos sus recursos fue Chávez para
salvar el pellejo y la honra de Kadafi. Si una persona defiende a un genocida, ¿acaso
no dice que él es tal como aquél, capaz de hacer lo mismo de que se le acusa?
Eso hizo Chávez, pero no fue el único. Cuando al gobernante de Siria se
encontraba bombardeando a su pueblo sin misericordia (Ni Hítler lo hizo), de los pocos que acudió en su auxilio con
soporte moral, petróleo y armas fue Chávez, desafiando otra vez a la comunidad
mundial, ¿qué significaba eso? Simplemente, que Chávez mentía y era capaz de
hacer lo que hacía Assad. ¿Merece un moribundo así alguna piedad cuando se
acerca a su tumba? Pero esos no fueron los únicos. Ya antes había hecho lo
mismo con aquel tirano, Hussein de Iraq, a quien Chávez hubiera dado hasta su trasero
por salvarlo. Pero ahí no se paraba la maldad del moribundo, pues con los
gobernantes de Irán, país llamado el rey de los terroristas internacionales,
que dinamitó un edificio en Argentina donde murieron unas l80 personas, y que quiere hacer
desaparecer del mapa a Israel, es el amigo predilecto de Chávez, y no sólo lo
ha respaldado frente a la denuncia mundial, sino que ha entrado en tratados de cooperación
económica y militar con ese país, que no puede ser más que para crear más terrorismo.
¿Quién puede sentir misericordia por el moribundo mentiroso y amigo del
terrorismo? Sólo un pueblo como el venezolano, que tendrá que pasar por algún
mal período como castigo por no haberse sacudido de tal personaje antes de que
fuera demasiado tarde. Sí, la naturaleza ha ayudado a ese pueblo a quitárselo
de encima, pero el pecado no se borra hasta que no se pague por él y el
venezolano aún le queda esa deuda. Y ya dentro de la tumba, el moribundo
insiste en la mentira y no le dice al venezolano, pero sí al cubano, qué tan
mal es su mal y si de verdad se quedará ya por allá. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
martes, 11 de diciembre de 2012
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