¿Quién no quiere tener éxito en
cualquier actividad que emprenda? Es lógico, natural, pero parece que hay casos
que tenerlo es una pura maldición. Y qué mejor ejemplo de tres casos: Estados
Unidos, República Dominicana e Israel. Nadie se atrevería a negar, excepto los
enfermos, los fidelistas, los compañeros de viajes, chavistas, norcoreanos,
islamistas, envidiosos, envenenados, izquierdófilos, viejos y viejas chochas y
algunos intelectualoides, que Estados Unidos ha tenido éxito como Estado y Nación
desde que surgió al mundo en 1776. Y que comparado con su vecino norteño, México,
es una lástima hacerlo, y que éste simbolizando el fracaso frente a aquel éxito,
encabeza las grandes columnas de desesperados que buscan por todas formas,
ingresar a las malas allí donde el éxito ha nacido. Y entonces, ahora viendo a
los miles de niños huyendo hacia allí, a como dé lugar, quiere indicar que
tener éxito es una maldición porque nadie quiere verse invadido así ni menos
por niños hambrientos del todo. El segundo caso es Santo Domingo, un pedazo de
isla que fue profanado, diezmado, humilllado, pedofiliazado, esclavizado por
una población más numerosa y despreciable de la parte Oeste de ese pedazo de
isla y que creyéndose simbolizar algo en su color y violencia al nacer, se vino
a despedazar al suelo de que no era nadie, sino mas que un pordiosero mendigo,
que tenía que irse de su lugar hacia al otro, después de empobrecerlo y dañarlo
totalmente. A pesar de lo que le hizo ése, Santo Domingo logró el éxito,
saliendo a flote, liberándose, ensangrentándose, cultivando la tierra,
estudiando, para verse entonces asediado por esa sombra del otro lado que no
solo quiere tomárselo, ahora no por las malas, sino como lo que son, sinousamente,
simulando, escondiéndose en su maldad y así lo está logrando ahora con la pasividad
ingenua de su último Presidente y su gran temor a que le den un regaño, y todo
porque también Santo Domingo tuvo éxito, que le está sabiendo a retama de la
doblemente amarga. El tercer éxito maldito es Israel, ese pequeño país, pero
inmenso fuera de lo fisico, rodeado de una bestialidad islámica que espanta, el
único oasis en aquel infierno arábico, el único que enseña cómo se es ser
humano, cómo es la libertad, cómo se practica la religion, cómo se cultiva la
ciencia, cómo se es feliz aún con un fusil en las manos, cómo se defiende
contra las fieras, en fin, el inmeso Israel, a quien los mismos enemigos de
Estados Unidos arrriba mencionados, lo atacan, odian, calumnian, tergiversan,
mienten y lo hacen con mayor ardor cuando por ejemplo, notan que por su gran éxito,
por la ciencia de su pueblo, ha evitado que las bestias islámicas con sus miles
de cohetes que le han lanzado en estos días, no hayan podido lograr lo que
querían: ensangrentar, asesinar, exterminar a su población lo más posible. No
han podido porque Israel en sí, en todo, mental, social, económica, intelectual
y moralmente es un Exito y eso motiva su dolor para querer exterminarlo. Y el
dolor de los islámicos y de los grupos que le acompañan, se multiplica al cubo
cuando pasan balance y ven las cifras de bajas y muertos: 2,000 para los islámicos,
65 para los israelitas. Y esta diferencia se debe gracias a la genialidad de
ese pueblo y la incapacidad de sus enemigos de lograr sus metas. Si fuera al
revés, los islámicos y asociados estarían más que felices, por lo que al no
serlo, entonces, Israel es el malo, el asesino, el que causa muerte de niños,
mujeres, ancianos, que destruye escuelas, hospitales, etc. Entonces Israel si
tiene que escoger entre sobrevivir o recibir la bendición de las bestias y
enfermos, tendría que maldecir su éxito, como deberían hacerlo los antes mencionados
para no sufrir por ello también. (Ni judío soy ni israelí, sólo la Justicia y
la Verdad me mueven) ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
domingo, 10 de agosto de 2014
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