viernes, 17 de abril de 2015

LA SÉPTIMA CUMBRE Y LAS PATADAS A PANAMÁ



 A pesar de que las felicitaciones a Panamá por su trabajo en la celebración de esa 7na Cumbre, la realidad no parece concordar con esas felicitaciones. Económica y turísticamente ganó, pero en el aspecto de seriedad en cuanto a que la cumbre no fuera una más de las tantas reuniones que  esos países de América hacen para tomarse fotos, charlar y prometer. A pesar de que había una gran querella y dolor por enfrentar en dos países, la cumbre quedó muda, y se acopló a sus designios de poco civilizados, cuando por ejemplo, grupos represivos venidos desde Cuba y Venezuela impidieron, sabotearon y golpearon a los manifestantes de esos países que estaban allí ejerciendo su derecho negados allá, pero que allí en Panamá también se les coartó esa libertad, y sin que las autoridades pudieran evitarlo, por complicidad, cobardía o pusilanimidad (Sin mencionar la detención en el aeropuerto de algunos, luego excusándose como taimados mentirosos). Y lo que más resaltó, fue el llamado encuentro entre Obama y Raúl donde aquél pareció un cordero designado para el sacrificio en el altar de los negadores de derechos y libertad, y que irónicamente él representaba y que decía defendería. El admitió que el país que representaba era el victimario de todos y que él no había nacido aún, por lo tanto, ni quería saber de Historia ni era culpable. Y cuando Raúl tuvo su discurso, abusando como si estuviera en su paraíso represivo,  impuso que él iba a tomar más tiempo del reglamentado, y lo tenía planeado desde Cuba, pues admitió que tenia bastante páginas como para durar más de los 48 minutos que usó en vez de los 8 reglamentarios. Panamá puso 8 y Raúl le impuso 48 y su colega Ortega, de la misma corriente dinástica, se fue más lejos con 60 minutos. Y le siguió Cristina, quien prometiendo que iba a tomar menos de los 8 minutos que le había pedido el Presidente Varela (para compensar el abuso de Raúl) se tomó más de 15. Es decir, el grupo de la nueva corriente que predomina en el Unasur, le dieron a la civilizada Panamá unas cuantas patadas para que aprendiera a organizar cumbres con reglas creíbles. Pero las patadas no terminan ahí. El discurso de Raúl, cubriendo desde el origen de la Humanidad hasta la llegada de Obama, narró todas las maravillas de Cuba, su gobierno y sistema, criticando acerbamente a su colega Obama y al país que representaba, pero lo más bello, que se pintó él, y su hermano, por supuesto, como los dos paladines más honrados, decentes y respetuosos del mundo, sin que jamás en sus 56 años de tiranía hubieran hecho nada contrario a los derechos humanos de su pueblo, ni golpear, torturar, reprimir ni hacer nada en su contra ni menos contra los países de América. Más bellos de ahí los hermanos no podían quedar, mientras Obama aparecía sentado con el moco pa’bajo, callado dando por cierto todas las mentiras de Raúl. Y los pobres venezolanos, la esposa de Leopoldo y la del alcalde Ledezma,  presos políticos y de los cientos de otros venezolanos por oponerse a la dictadura de Maduro, se quedaron con la esperanza quebrada, pues creían que se iba a firmar una Declaración final donde se pondría al descubierto los incalificables abusos y condiciones antidemocráticas de Venezuela y Cuba, aunque esta hace tiempo atemoriza a los países de AL para que no vean ni sepan de todas las violaciones que allí se vienen cometiendo desde el mismo 1959. No se firmó nada, y allí no pasó nada, más que fotografiarse y bla, bla, bla., mientras Panamá quedaba conforme porque había hecho bien su trabajo, aunque sin querer reconocer que los matarifes de Cuba y Venezuela impusieron no sólo el silencio de la Cumbre, sino también en las calles de esa ciudad para acallar a los disidentes que protestaban, mientras la libertad escasea  y las cárceles de Cuba y Venezuela están repletas. Otra cumbre de la gran cháchara de las Américas donde se impuso la claque chantajista y Panamá recibió sus merecidas patadas  por querer ser demasiado complaciente y tolerante. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM


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