A
pesar de que las felicitaciones a Panamá por su trabajo en la celebración de
esa 7na Cumbre, la realidad no parece concordar con esas felicitaciones. Económica
y turísticamente ganó, pero en el aspecto de seriedad en cuanto a que la cumbre
no fuera una más de las tantas reuniones que
esos países de América hacen para tomarse fotos, charlar y prometer. A
pesar de que había una gran querella y dolor por enfrentar en dos países, la
cumbre quedó muda, y se acopló a sus designios de poco civilizados, cuando por
ejemplo, grupos represivos venidos desde Cuba y Venezuela impidieron,
sabotearon y golpearon a los manifestantes de esos países que estaban allí
ejerciendo su derecho negados allá, pero que allí en Panamá también se les coartó
esa libertad, y sin que las autoridades pudieran evitarlo, por complicidad,
cobardía o pusilanimidad (Sin mencionar la detención en el aeropuerto de
algunos, luego excusándose como taimados mentirosos). Y lo que más resaltó, fue
el llamado encuentro entre Obama y Raúl donde aquél pareció un cordero
designado para el sacrificio en el altar de los negadores de derechos y
libertad, y que irónicamente él representaba y que decía defendería. El admitió
que el país que representaba era el victimario de todos y que él no había
nacido aún, por lo tanto, ni quería saber de Historia ni era culpable. Y cuando
Raúl tuvo su discurso, abusando como si estuviera en su paraíso represivo, impuso que él iba a tomar más tiempo del
reglamentado, y lo tenía planeado desde Cuba, pues admitió que tenia bastante páginas
como para durar más de los 48 minutos que usó en vez de los 8 reglamentarios.
Panamá puso 8 y Raúl le impuso 48 y su colega Ortega, de la misma corriente
dinástica, se fue más lejos con 60 minutos. Y le siguió Cristina, quien
prometiendo que iba a tomar menos de los 8 minutos que le había pedido el
Presidente Varela (para compensar el abuso de Raúl) se tomó más de 15. Es
decir, el grupo de la nueva corriente que predomina en el Unasur, le dieron a
la civilizada Panamá unas cuantas patadas para que aprendiera a organizar
cumbres con reglas creíbles. Pero las patadas no terminan ahí. El discurso de
Raúl, cubriendo desde el origen de la Humanidad hasta la llegada de Obama, narró
todas las maravillas de Cuba, su gobierno y sistema, criticando acerbamente a
su colega Obama y al país que representaba, pero lo más bello, que se pintó él,
y su hermano, por supuesto, como los dos paladines más honrados, decentes y
respetuosos del mundo, sin que jamás en sus 56 años de tiranía hubieran hecho
nada contrario a los derechos humanos de su pueblo, ni golpear, torturar,
reprimir ni hacer nada en su contra ni menos contra los países de América. Más
bellos de ahí los hermanos no podían quedar, mientras Obama aparecía sentado
con el moco pa’bajo, callado dando por cierto todas las mentiras de Raúl. Y los
pobres venezolanos, la esposa de Leopoldo y la del alcalde Ledezma, presos políticos y de los cientos de otros
venezolanos por oponerse a la dictadura de Maduro, se quedaron con la esperanza
quebrada, pues creían que se iba a firmar una Declaración final donde se
pondría al descubierto los incalificables abusos y condiciones antidemocráticas
de Venezuela y Cuba, aunque esta hace tiempo atemoriza a los países de AL para
que no vean ni sepan de todas las violaciones que allí se vienen cometiendo desde
el mismo 1959. No se firmó nada, y allí no pasó nada, más que fotografiarse y
bla, bla, bla., mientras Panamá quedaba conforme porque había hecho bien su
trabajo, aunque sin querer reconocer que los matarifes de Cuba y Venezuela
impusieron no sólo el silencio de la Cumbre, sino también en las calles de esa
ciudad para acallar a los disidentes que protestaban, mientras la libertad
escasea y las cárceles de Cuba y
Venezuela están repletas. Otra cumbre de la gran cháchara de las Américas donde
se impuso la claque chantajista y Panamá recibió sus merecidas patadas por querer ser demasiado complaciente y
tolerante. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
viernes, 17 de abril de 2015
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