¿Y
dónde están hoy los apologistas del más grande farsante que últimamente ha dado
América y que tantos se abanderaron con devoción fanática, aun pareciendo afectados del cerebro? No se
les ve, ni se les oye, ni dicen nada, ¿Dónde están, qué hacen, donde se
esconden? Excepto algunos residuos ya anormales que aparecen en las redes realzándolo,
casi nadie aparece diciendo que eran amigos, serviles, admiradores. No aparecen
más, ¿por qué se esconden, dónde están? En el país de la corrupción, hay dos que
llaman la atención, hay más, pero son los que más rápido me llegan a la sesera:
Vincho Castillo, el famoso abogado de Ramoncito o los banqueros ladrones, el de
las mil defensas mutuamente contradictorias como ser amigo de EU y fanático de
Chávez, ser el Gurú de la moral del Estado de Leonel pero de donde solo salían
robos y ladrones sin ser denunciados y de defender la fuerza por sobre la razón
mientras pedía el premio nobel de la decencia. El otro escribía en un periódico
las maravillas del chavismo y de su obra cumbre Petrocaribe y que decía que eso
era lo mejor que había pasado en el siglo 21 o mejor que el descubrimiento de
la fuente la juventud, bueno no había alabanza que ese hombre no tuviera para
ese gran farsante, era Eduardo Klinker. Estos son dos granitos del patio de la
corrupción, pero el fenómeno era como un virus en todo América y el mundo. El
estaba manchado por el golpismo, pero la moral invertida del presente, lo había
exonerado del pecado y en vez, había sido beatificado por la gracia divina
desde Cuba. El, como había abierto su bocaza para insultar a Estados Unidos,
era el enviado mesiánico que sustituiría al de las barbas raídas que ya se
decía perdía la razón de tanto esperar a que lo mataran y nadie acertaba a
ello, dándole más tiempo en la tierra como un castigo también divino. El
farsante ante tanta pleitesía pensó más allá de su pequeño cerebro y vislumbró
ser un Bolívar, pero a lo negro porque tenía resquemor por lo blanco. Se veía
cabalgando en su corcel negro por sobre los hombros de los mártires de las FARC
desde el Río Bravo hasta la lejana Patagonia. Ohhh, como se abalanzarían sobre
sus columnas para alabarlo, endiosarlo y elevarlo a la santidad. Ahí tenía ya a
Evo, que aunque no sabia leer, era un filosofo del gran farsante. A la
bailarina argentina, que quería casarse quizás con el gran libertador al quedar
viuda y en espera aun de un macho cabrío. Allí estaba el resentido de Ecuador
que sería de los primeros en besarle sus pies camino al Sur, y todo mientras Fidel
quedaba en la retaguardia disfrutando la cosecha de su prédica de que aunque no
se dieron los muchos Vietnam, este solo Vietnam llamado Chaván equivalía a los
faltantes. El no pedía nada para solo disfrutar ese fruto viendo al hijo correr
de norte a sur, liberando a todo el continente con su revolución Siglo
Veintino. Ahh, y lo mas importante, había vislumbrado la liberación económica,
pues ya conociendo lo malito que eran los imperialistas, ya tenía todo el cronograma
en firme de la solidez de su famosa moneda libertadora, “el Sucre”, demostrando
su gran desprendimiento, pues bien pudo llamarle “el Chávez” en vez, pero prefirió ese otro. Y
he ahí como se están viendo todas sus grandes visiones que tuvo el farsante
para su amada Venezuela y sus pueblos
explotados de América. Hela ahí, Venezuela sin comida, sin libertad, sin paz,
sin bolívares, sin dólares, sin honor, sólo con el recuerdo del inmenso
farsante que llevó a su país de uno rico al más misérrimo de América después de
Haití. Y todo gracias a ese que engañó a todo el mundo, mientras le seguían las
colas de los deslenguados y lacayos. Qué bien se sentiría el Comandante de la
República Bolivariana, si pudiera despertar del infierno y ver cómo brillan sus
obras en su gran país. Seria inmensamente confortante para él, y de seguro, un
motivo más para maldecir al Papa que no quiso sanarlo para que no se fuera tan
temprano a ese infierno donde está. ANTICRITICA.BLOSPOT.COM
lunes, 25 de mayo de 2015
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