lunes, 25 de mayo de 2015

¡AL FARSANTE NADA LE QUEDÓ!




¿Y dónde están hoy los apologistas del más grande farsante que últimamente ha dado América y que tantos se abanderaron con devoción fanática,  aun pareciendo afectados del cerebro? No se les ve, ni se les oye, ni dicen nada, ¿Dónde están, qué hacen, donde se esconden? Excepto algunos residuos ya anormales que aparecen en las redes realzándolo, casi nadie aparece diciendo que eran amigos, serviles, admiradores. No aparecen más, ¿por qué se esconden, dónde están? En el país de la corrupción, hay dos que llaman la atención, hay más, pero son los que más rápido me llegan a la sesera: Vincho Castillo, el famoso abogado de Ramoncito o los banqueros ladrones, el de las mil defensas mutuamente contradictorias como ser amigo de EU y fanático de Chávez, ser el Gurú de la moral del Estado de Leonel pero de donde solo salían robos y ladrones sin ser denunciados y de defender la fuerza por sobre la razón mientras pedía el premio nobel de la decencia. El otro escribía en un periódico las maravillas del chavismo y de su obra cumbre Petrocaribe y que decía que eso era lo mejor que había pasado en el siglo 21 o mejor que el descubrimiento de la fuente la juventud, bueno no había alabanza que ese hombre no tuviera para ese gran farsante, era Eduardo Klinker. Estos son dos granitos del patio de la corrupción, pero el fenómeno era como un virus en todo América y el mundo. El estaba manchado por el golpismo, pero la moral invertida del presente, lo había exonerado del pecado y en vez, había sido beatificado por la gracia divina desde Cuba. El, como había abierto su bocaza para insultar a Estados Unidos, era el enviado mesiánico que sustituiría al de las barbas raídas que ya se decía perdía la razón de tanto esperar a que lo mataran y nadie acertaba a ello, dándole más tiempo en la tierra como un castigo también divino. El farsante ante tanta pleitesía pensó más allá de su pequeño cerebro y vislumbró ser un Bolívar, pero a lo negro porque tenía resquemor por lo blanco. Se veía cabalgando en su corcel negro por sobre los hombros de los mártires de las FARC desde el Río Bravo hasta la lejana Patagonia. Ohhh, como se abalanzarían sobre sus columnas para alabarlo, endiosarlo y elevarlo a la santidad. Ahí tenía ya a Evo, que aunque no sabia leer, era un filosofo del gran farsante. A la bailarina argentina, que quería casarse quizás con el gran libertador al quedar viuda y en espera aun de un macho cabrío. Allí estaba el resentido de Ecuador que sería de los primeros en besarle sus pies camino al Sur, y todo mientras Fidel quedaba en la retaguardia disfrutando la cosecha de su prédica de que aunque no se dieron los muchos Vietnam, este solo Vietnam llamado Chaván equivalía a los faltantes. El no pedía nada para solo disfrutar ese fruto viendo al hijo correr de norte a sur, liberando a todo el continente con su revolución Siglo Veintino. Ahh, y lo mas importante, había vislumbrado la liberación económica, pues ya conociendo lo malito que eran los imperialistas, ya tenía todo el cronograma en firme de la solidez de su famosa moneda libertadora, “el Sucre”, demostrando su gran desprendimiento, pues bien pudo llamarle  “el Chávez” en vez, pero prefirió ese otro. Y he ahí como se están viendo todas sus grandes visiones que tuvo el farsante para su amada  Venezuela y sus pueblos explotados de América. Hela ahí, Venezuela sin comida, sin libertad, sin paz, sin bolívares, sin dólares, sin honor, sólo con el recuerdo del inmenso farsante que llevó a su país de uno rico al más misérrimo de América después de Haití. Y todo gracias a ese que engañó a todo el mundo, mientras le seguían las colas de los deslenguados y lacayos. Qué bien se sentiría el Comandante de la República Bolivariana, si pudiera despertar del infierno y ver cómo brillan sus obras en su gran país. Seria inmensamente confortante para él, y de seguro, un motivo más para maldecir al Papa que no quiso sanarlo para que no se fuera tan temprano a ese infierno donde está. ANTICRITICA.BLOSPOT.COM


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