Ahora que están de modas las estatuas por los EU, en las
que grupos se desviven por quitarlas o esconderlas para evitar problemas, no ofender
o por racistas, mientras otros se matan por mantenerlas, para admirarlas porque
es parte de la Historia del país y que nada tienen que ver con el racismo, es
bueno ir al fondo y ver qué hay de cierto en esto. Pero hay un punto que la
mayoría de los vivos aun no han visto, (no están en los periódicos o las redes),
es, que a qué se debe el resurgimiento de este problema. No hay duda que el
triunfo de Trump y la postura de Obama han contribuido al surgimiento del
problema, pero en el fondo, están los que quizás muchos no lo crean. Están ahí
los enemigos de Occidente, los que quieren destruir sus valores, los que emigran
hacia allí con cara de cordero, con la daga escondida y a veces con la daga
entre los dientes porque ya no le temen a los enclenques gobiernos de
occidente, que ni defender a sus pueblo pueden frente a la oleada de terroristas
con ropas de inmigrantes. Los musulmanes son los especialistas en la
destrucción del pasado, por Palmita, de la Roma Imperial, Siria, por Iraq,
Afganistán, de cualquier país musulmán lo primero que se conoce es su
proclividad por destruir los símbolos de Occidente, del Cristianismo, y aun de
las estatuas de civilizaciones ya desaparecidas, como la Asiria, Egipto o de
cualquier religión que no sea su Islam. Con las atrocidades de ISIS y su amor
por mostrarlas en las redes, se ha podido apreciar el placer con que destruyen
esos símbolos y estatuas, y es que ellos no mentían, hacían lo que siempre han
hecho, siguiendo lo que les indica su Corán. Y entonces ha sucedido que mirando
aquellos actos repulsivos de los musulmanes, algunos occidentales, se han
doblegado, quizás por simple imitación o esperando simpatía de ellos cuando
dominen al mundo, y están destruyendo las estatuas como hacen ellos. Quieren borrar
el pasado porque el presente es de ellos en destruir y dominar a Occidente.
Pero así como detrás de este razonamiento hay mentiras, así mismo la hay detrás
de los que quieren conservarlas por su valor histórico, por pura ignorancia que
quieren tapar el odio del racismo. De que hasta en esto las enseñanzas de los
musulmanes han ayudado a este resurgimiento es innegable. De que detrás de los
que quieren destruirlas se esconde el desprecio al pasado racista, y detrás de
los que quieren conservarla en nombre de ese pasado, mienten, porque en la
mayoría, detrás del amor por las estatuas, se esconde el racismo más rancio de
los del KKK y los neo nazis, que se esconden solos o en grupos, para consolarse
y alentarse en el pasado que perseguía a los negros en pro de la superioridad
racial. Y no es difícil notar que su postura en un mero frente para esconder ese
sentimiento viejo y latente, que saben que no es bien visto y que perdió su
dominio en años atrás, pero que las quieren como ermitas, un culto simulado en
una estatua. Los que las defienden cándidamente como símbolos simples de un
pasado histórico, tendrían que responder, ¿pero y por qué esas estatuas son tan
bellas, imponentes, arropantes, que quien se para frente a ellas cree que viven?
¿Por qué hacerlas tan elegantes y tan grandes si lo que se quiso es registrar
la Historia? ¿Por qué si esos así montados a caballo hicieron cosas malas y
perdieron por eso, por qué no montarlos en caballos más normales, pequeños, y en vez de bronce o mármol, hacerlas de madera
o arcilla? “Porque había recursos, y el homenajeado se lo merecía”, y solo en
esta apreciación se sabe que la estatua ha tenido un valor más de racismo que
de Historia. Por lo tanto, frente a una estatua como esas aunque hable del pasado,
se usan de escudo al racismo, lo mejor es quitarla para eliminar a los enemigos
de la paz y un refugio donde esconderse con su odio. Y preguntarse, ¿por qué si
el General Lee perdió una causa innoble, debe ser recordado con tanta
pomposidad y belleza? Y claro, la comparación entre la estatua de Lee y la de
Washington o Jefferson es la estupidez en grado sumo. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
(#469).
jueves, 31 de agosto de 2017
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