Y no es metáfora, es realismo no-mágico, ver tantos
escritores entre buenos y deshonestos, que quisieran escribir sobre todo, de la
sociedad, el hombre, los pueblos, sus alegrías, sufrimientos, ideas, etc., pero que no pueden porque tienen cadenas que
los atan a un pasado de miedo, deuda o complicidad. Y si lo hacen, entonces
suena la sentencia: “Oye, no toques esa tecla, porque te puede afectar”. Y para
los que no saben por ser de otras latitudes, eso significa, “no te metas a
escribir sobre ese eso, porque tengo de ti puntos que si los suelto, te joderán,
así que tate ahí, en silencio”, eso, si no lo visita la muerte. Y al escritor
no hay que recordárselo, ya lo sabe por otros, y jamás toca esa tecla, se aleja
de ella, la ignora y hasta la defiende, y he ahí entonces de su enorme tristeza
de no poder escribir sobre lo que quizás gustaría, y ese dolor se le ahonda,
porque eso es lo que es lo que mueve, escribir y escribir y cuando no puede,
muere o se ahoga sin tragar agua. Y negarle a un escritor, por advertencia o
auto precaución, el placer de escribir sobre algún tema o punto, es como una
puñalada en el mismo corazón, bueno, son los escritores que no han saboreado el
gran gusto por el mercenarismo. Esos no lo son, simplemente son meretrices de
las letras. Y es bueno mencionar algunos buenos y otros no tan, de los que a
diario leemos en la prensa. En el periódico HOY se puede decir que escriben
muchos escritores y entre ellos el que más nos gusta leer es de Eulogio Santaella,
cuyos escritos se parecen al estilo de uno de los mejores del país Peña Batlle.
Otro, César Pérez, es la encarnación del que paga por lo adeudado y nunca
olvida la misión encomendada por las escuelas de Lenin, del quintacolumnista. La
del lambón CA, que con tal de mantener el amor del amo, no economiza esfuerzo
para no tocarlo ni teniendo una primicia. Otro, de los endeudados con Fidel, que
al pagarle sus estudios, se limita a escribir solo de Danilo, Leonel, la
elecciones y alguna que otra pendejada usando algún pensamiento de algún filósofo
para ocultar el dolor del apretar de sus cadenas. No puede escribir de nada más,
por ejemplo, del hambre de Cuba después de 60 años de gloria, su represión
inhumana, el reeleccionismo de los Castro, de Venezuela y su maravillosa
revolución, los crímenes de Maduro, de las drogas que mueven allí, de la
invasión de los haitianos, del carcelazo de Lula. Nada de eso puede tocar,
aunque quisiera. Gimbernard escribe bien, con justicia moderna e histórica. Es
decente. B. Vega, es de los intocables,
que aunque pudiera haber sido un traidor respeto a RD-Haití, nadie se atreve a
mencionarlo ni por los de Propatria. El otro Vega, lo único que hace es rezar a
Marx al intentar el editorial, que muchas veces como es obligación del servil,
tiene que hacerlo a medias, sin decir todo lo necesario para encubrir la verdad.
B. Piñeiro, su base moral es fofa, recuerda a su mentor J. Blanco, al apadrinar
a un mafioso, a J&B Etiqueta Negra de N.Y. Rivas es bueno, pero enfermo
contra Israel. Hay uno que solo el nombre de su columna avergüenza “¿Les digo algo? cuyo título
idiotezco vendría del Director y que nunca he podido leer. Y la peor, la
Brugal, cuyo estilo rompe las reglas del buen escribir, que dice, “agárralo
desde la primera línea y mantenlo ahí”, que lo que escribe es tan soso y rico
en rellenos, que nunca he podido pasar del primer párrafo. Hay otros, pero no
caben todos, y de otros medios. De los mencionados, unos tienen cadenas, otros no,
lo que debería incitar a los libres a ayudar a los encadenados, pero creen que
lo mejor es dejarlos así, con ellas al cuello, a ver si un viento fuerte los
termina de ahorcar. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#522).
miércoles, 6 de febrero de 2019
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