Marco Rubio es un hijo benemérito de los
cubanos de Miami. Un digno Senador de la Florida, y ha tenido por años
una bella trayectoria política (excepto un desliz de aceptar $ de los amantes
de las armas) y en estos días su dimensión se agigantó cuando se le ha visto “fajao”
por la frontera colombiana ayudando con comida y medicinas para el hambriento
pueblo de Venezuela. Claro, ha advertido al narco-gobierno de Maduro que se
fuera por las buenas, que las consecuencias cercanas no serían buenas para él y
sus lacayos. Pero Maduro no ha hecho caso y espera el martirologio, que las
fuerzas de la libertad no tendrán problema en dárselo, enviándolo al mismo
lugar caliente en que se encuentra su mentor, y creador de todo el caos en ese
país. Y su lucha por su nativa Cuba, de donde sus padres vinieron exiliados,
nunca ha cesado. Es incansable, es un gladiador. Y lo más bello que tiene es su
verbo, su agilidad mental para entrar y ganar debates, y con razón fue uno de
los principales contendientes en las pasadas elecciones y llegó puntero y con
grandes méritos, y hoy es un importante vocero del presidente Trump para
liberar a las Américas de las lacras que la hieren. Pero ahora, al momento de esta
lucha, Marco Rubio se tiene que enfrentar otra vez a los Castro, sus eternos
enemigos y los autores de la desgracia de su país. Pero si aquellos Castro eran
gallegos, de España, que se vinieron a América, no a enriquecerla, sino a
hacerla más miserable, pues un gallego fue el progenitor del Fidel y Raúl, dos
hermanos perversos como no había conocido América. Y ahora debe enfrentar a otros
Castro, pero de México, colados por Texas y que hoy uno de ellos, ha anunciado
que se lanza a aspirar a la Presidencia de Estados Unidos. La pretensión no sólo
es descabellada, sino ofensiva, quizás desde el punto de vista de cualquiera,
pero hasta de Rubio también. Su familia se mudó allí desde México no como
exiliado político, sino como migrantes y allí nacieron. Julian Castro es el que
aspira a ser presidente del país, fue un funcionario del gobierno de Obama y
tiene un hermano gemelo que también es político y que quizás aspire a
presidente también. Pero el choque de Rubio con estos Castro será en la misma
línea que los gallegos, pues al ser demócratas, y ser un servil de Obama, tiene
las mismas ideas dañinas que se mostró durante 8 años. El, Julian, primero como
buen mexicano, es un ardiente promotor de todo lo que beneficie a la migración
por la frontera sur, proveniente de su madre patria México. Y siguiendo las
directrices de los demás demócratas está en la misma línea que su ‘hermana’ la
Ocasio. Ellos quieren protección en ciudades santuarios para los ilegales y si
con delitos en sus cabezas, no importa. Quieren la frontera abierta para
facilitar la entrada de esos ilegales, con drogas y criminales. Se oponen tenazmente
a los planes de Trump, de construir el Muro, en fin, toda la política fallida
que Obama llevó a cabo, él piensa seguir. Pero su pretensión de ser Presidente
de EU es descabellada, porque ¿quién en su sano juicio votaría por un candidato
mexicano a la Presidencia de EU? Julian Castro
aunque haya nacido en Texas primero es mexicano y después estadounidense y por
más que quiera venderse a la inversa, nadie se lo creería ni menos, ningún
blanco, ni negros, ni hispanos no mexicanos. Con los únicos que él podría contar
es con los mexicanos de dentro y los de fuera. Además, ¿quién después del
monumental fracaso de un “minority” como el afro Obama, volvería a esa
aventura, y ahora, peor con un mexicano que lo que quiere es que le den sus
tierras pa’atrás? Por eso, la lucha de Rubio contra estos Castro no será tan
trágica y sangrienta como contra la de los gallegos, pero de todas formas, a él
le traerá un recuerdo doblemente amargo: es un Castro y peor, un demócrata de
los de Obama, Ocasio y Pelosi. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#525, 21.1.19).
domingo, 24 de febrero de 2019
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