lunes, 18 de marzo de 2019

ENTRE EL ODIO VOLUNTARIO Y EL ODIO INDUCIDO



En estos días por donde quiera que se camine, lea, piense, hay algo que a nadie escapa, y aunque a algunos gusta, a otros les ofende porque infringe sus derechos. El de sentir lo que se quiera sin que nadie diga sí o no. Es la Ley, que en casi todos los países le dado con crear que penalizan el odiar, pero sin distinguir cómo nace ese odio, sin considerar que sentir odio es un derecho como el de comer. Es de decir, por el nacimiento, hay dos tipos de odio, el inducido u obligado y el que nace voluntario, producto de una reflexión o meditación. ¿Por qué esos países han creado esas leyes contra el odio? Se sospecha que es para evitar la violencia, crear el ambiente para el amor, la paz. Y le llaman “crimen de odio”, y ya se sabe, es un crimen, como matar a una persona. ¡Pobrecitos los derechos del odiador! Nadie está obligado a amar a nadie. Nadie está obligado a no odiar, especialmente el odio que surge por la obligación. ¿Por qué entonces esas leyes, cuando las leyes deben ser justas, ecuánimes y beneficiosas para todos? Pero y si todos odiáramos, ¿qué sería del mundo? Pero es que la ley no detiene al que quiera odiar, el sentimiento no se encadena, por eso mismo fue que el Marxismo fracasó, porque creyó que podía encadenar al individualismo del ser, el gran placer de la libertad, y ahí se hundió, a pesar de todos los años que Marx duró escondido en la biblioteca de Londres escribiendo sus obras. No tuvo visión más allá del dinero. Si a una persona no le gusta, digamos a un chino o ruso, y siente repulsa, odio por los dos, ¿cuál es el problema? ¿Es obligado quererlos. Es lo mismo, si ellos, odian a los que los odian, es sus derechos, nadie puede impedirlo, ¿o se puede impedir? Claro que no. Entonces, el asunto del odio se ha disparado en estos tiempos en las sociedades al estar inquietas y violentas, y ¿quiénes han creado más violencia que los países musulmanes? Por donde quiera, todos están peleando entre sí y cuando toman algún descanso es para violentar a Occidente, como se ha visto en muchísimos ejemplos. Es decir, no se limitan a sus países, sino cruzan sus fronteras y allí provocan lo mismo. Así se ven las oligarquías centenarias luchando contra la libertad de sus habitantes, los del Talibán luchando contra los que quieren libertad y modernidad, los del Isis contra todo y todos y todos alegando por lo más sagrado del Islam, que ellos siguen sus reglas al pie de la letra. Pero es ahí entonces donde nace el otro odio, que ya admitimos es un derecho, es decir el odio inducido por aquellos que odian. ¿Qué debe hacer aquél que siente el calor del odio ajeno? Claro, en tiempos del gran Jesús  recomendaba “dadle amor al odiador” y tuvo mucho éxito porque los desalmaba. Pero como Jesús hace tiempo que se fue y ha sido suplantado por otros jesuses, ya eso no se aplica. Entonces, ¿qué hacer? Mírese unos de los mejores ejemplos de una máquina de odio. Decía un predicador islámico en las redes de FB hace unas horas estas palabras más o menos, refiriéndose a los no musulmanes, que ellos debían convertirse al Islamismo, y que de no hacerlo, pues sólo quedaba la espada entre ellos y el Islam. Y este no es el único, ésa es la norma del Islam según se ve a diario en FB y en otros casos a veces salen con sus carteles que dicen conquistaremos a tus países y te mataremos e impondremos la ley Sharia. No vamos a decir qué es lo que estos mensajes traen, sino buscar cuál es el sentimiento que se genera, que nace cuando se sabe que alguien dice esto y piensa hacer eso. ¿Dar el amor de Jesús? ¿O ejercer el derecho del odio obligado o inducido? ¿Qué ley puede evitarlo? ¿Debe la Ley o FB sentirse heridas por este odio obligado? ¿Se puede evitar?  Sólo cuando el que lo crea no lo provoca, pero está demostrado que eso es imposible, por lo tanto el odio sigue siendo un derecho que la Ley no debe penalizar. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#529, 18.3.19).

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