“Dime quién te hiere, y te diré quién
gana”, dijo aquel filósofo ateniense en los años en que el cerebro se usaba
para enriquecer al espíritu. Y ahora, oh, tiempo divino, lo vemos con Trump y
sus oponentes que aún no se acomodan a que ellos perdieron las elecciones del
’16 frente a un neófito político que quería limpiar la laguna DF de las lacras
que la cubrían. Importó poco que el neófito tuviera unos amigos indeseables,
que hiciera unos errores incalificables, que lo atraparan en mentiras montañosas,
nada importó y parece que todo influyó más para que antes que perjudicar, cayeron
todos enfermos por el ya conocido síndrome de Trump, que es el bicho que
penetra al corazón de sus oponentes y que los ponen a pensar y decir cosas que
caen en las anormalidades del ser haciendo que todos caigan en el abismo del
que no pueden hacer perder al otro por su pobre calidad moral. Y por eso Trump
se siente seguro de que ninguno, aun unidos, podrán derrotarlo y evitar lo que
se vislumbra para el 2020. Sus oponentes, o enemigos, son muchos y tienen poder
económico, político y social. El primero es uno que según las noticias, ha
gastado más de 20 millones para tumbar a Trump. Le sigue Nancy Polosi, una Rep.
que lleva años como jefe de la Cámara de Representantes y que se cree con un
poder allá de la ley. Le dijo a Trump que no le iba a dar ni siquiera un dólar
para el Muro, contradiciéndose cuando antes estaba dispuesta a que se le
asignaran 20 billones para la frontera y Muro. Pero su odio es tan fuerte, que
después de negado ese dólar, el país es invadido por malas yerbas, y ella goza,
pero observada con detenimiento, parece como dicen los del Cibao, que esta
“divariando”, que la boca se le mueve sin control, lo mismo los ojos, la lengua
y todo su cuerpo comienza a hablar lo que ella no quiere decir, lo que inclina
a muchos a creer que su habilidad mental se encuentra en peligro. Schumer, senador judío, que en vez de dar
gracias a Trump por todo lo que ha hecho por Israel, especialmente la mudada
hacia Jerusalem como su capital, le paga con actos similares a Pelosi, y cuando
se le vio en una entrevista con Trump, parecía un guiñapo descontrolado. El
Rep. Nadler, otro judío de NY, que quien ve su apariencia física sale corriendo
de espanto. Está la afro Maxine Water, Rep. de California, que lleva la delantera
en la canción “impeach him, impeach him”, que no parece conocer mucho de legislar
ni gobierno. Nunca ha promovido una ley. Esta la pareja Obama-Clinton, que ya
se sabe lo desacreditada que está frente al país. Adam Schiff, Rep. de
Inteligencia de la Cámara que no se cansa de gritar, “collusion, collusion”, y
todavía no aparecen las evidencias. La senadora Warren, que falsificó papeles
de origen racial. Están las tres últimas maravillas de la anormalidad, la
Ocasio, de NY, las musulmanas de Michigan y de Minessota, las tres coordinan
sus ataques contra Trump sin consecuencias. Joe Biden, el ex vicepresidente, famoso por
abrazar y besar a niñas, y no quiere a Trump. La senadora Harris de California,
amorosa por la yerba y promotora de la legalización de la prostitución. Booker, senador afro por N. Jersey, que no
puede ir muy lejos por racista. Un gobernador homosexual candidato que se presentó
con su ‘esposo’ al público. Bebo, cantante de un grupo musical de Texas,
demagogo. El senador Sanders, amante de Maduro y Fidel, a quien llaman el
‘loco’. Es decir, todos estos quieren acabar con Trump y pretenden si no pueden
con el ‘impeaching’, entonces ganarle en 2020, lo que claramente se nota es que
aun moliéndolos, no sacan uno digno para sustituir a Trump, a pesar de todas
sus fallas. Razón por la que Trump se siente seguro, ya que ni molidos lo
igualan en sus logros. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#528, 10.3.19).
domingo, 10 de marzo de 2019
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