lunes, 24 de junio de 2019

Y EL SANTO SATÁNICO DIJO “COMO SOY MUY BUENO, DEBO SEGUIR MONTADO A CABALLO”



Dicen que lo dijo, que como él era muy bueno, debía seguir gobernando, en el caballo, y para eso, aunque la ley se lo prohibía, él tenía que doblegar la ley, de cualquier forma, ofertando lo que sea, pagándole a quienes sean o con cualquier otra medida con tal de quedarse ahí, en el poder, para que sus ciudadanos pudieran disfrutar de sus grandes sabidurías y proyectos. Pero el problema no era que doblegara la ley a su acomodo, porque eso es normal en las inmoralidades políticas de América Latina, era que él ya había doblegado esa Ley hacía 4 años para hacer lo mismo, cambiar la Constitución para participar en unas elecciones que le prohibían que lo hiciera, y que ahora pretendía repetir. Aquella vez él había jurado por los huesos de sus hijos, padres y ancestros, hasta el que los lambones ya le habían endilgado, de un padre de la patria, y esos huesos salieron bailando en las promesas del activo santo satánico de que jamás volvería a aspirar a eso otra vez. Eso es lo más chocante, porque volver otra vez a doblegar la ley, por la misma razón, el mismo motivo, los mismos argumentos, de hace 4 años, simplemente por el capricho de un santo, es lo atorrante del momento, lo vomitivo, ofensivo, indignante, abusivo, desconsiderado, no sólo para los ciudadanos decentes del patio, sino para los extranjeros hacia quienes el satánico al recibirlos en su despacho junto a sus promesas de juramentación presidencial, en el protocolo de Estado, formaba un lazo vinculante de reciprocidad entre la decencia de aquellos diplomáticos que venían a presentar sus credenciales y éste que se las recibía. Y si él fuera el hijo de Dios, o de María Santísima, la reencarnación de Jesús, el Papa más pulcro, el genio ultra de la bondad pública, ni aún así, serían argumentos apropiados y convincentes para que el santurrón los usara para su insaciable ambición. Y si entonces, en vez de eso, él es el padre moderno de la mayor corrupción que ha experimentado ese país, si lo ha endeudado a su mayor nivel de su historia, con la justicia no más que un parcho obediente a sus deseos, con Fiscalías y los poderes de los jueces también pareciendo obedecerle, cuando la moral social está al nivel de heces callejeras, los ciudadanos no se sienten seguros ni en sus propias casas, que los robos y crímenes son la plaga incontrolable del gobierno, ¿cómo entonces argumentar en buena lid la razón de que el santo escapado de Dios siga gobernando al Estado? El se ha creído que vive en una isla desierta, que no tiene más que caníbales incultos como súbditos, y que poco importa lo que hagan siempre lo obtendrá aun pisando los más sagrados compromisos de juramento y decencia. Pero dicen que se equivoca, que si logra doblegar la ley con la ayuda de sus cómplices vendidos al poder del dinero, y con la ausencia de la honradez, entonces dicen, en voz del pueblo, recogida por este autor, que él parecería que cerraría todas las puertas de la convivencia, de razonamiento y sensatez y que parecería que solo quedaría una abierta para salir de su problema de su ambición desmedida, que sería la misma que le aplicaron a Lilís y a Rafael Leonidas Trujillo y Molina cuando los “tumbaron del caballo”. “Jesús, María Santísima, que el señor se apiade de nosotros” gritaron entonces los temerosos al oír las predicciones del brujo.  Hay que esperar a ver si quienes vaticinan esto tienen razón o si el ambicioso desiste de su provocación. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#541, 24.6.19).



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