Por fin el Presidente Biden colocó a Trump donde debía, a un paso del patíbulo por traidor, insurreccionista, terrorista, violador de la Ley, la Constitución, divisionista, mentiroso enfermizo, burlador de la paz y del pueblo americano, digno de recibir lo que reciben los traidores. Fue el regalo que le dio al conmemorarse el 6 de enero, 2022, aniversario del fatídico ataque contra el Capitolio donde murieron 5 y heridos unos 70 agentes de la policía, al Trump intentar anular (algo insólito en EU) las elecciones que había perdido, mientras él y sus secuaces observaban en su oficina las tomas de las TV, con la emoción del que disfruta en plenitud del dolor y actos ilegales, mientras los teléfonos no cesaban para pedirle al aún presidente (debía entregar el poder el 20) que parara aquello, que la llamada protesta había llegado muy lejos. Pero el gozo que él sentía al mirar la destrucción de los cimientos de la democracia americana eran demasiado buenos para su enferma conciencia y la consumación de sus traidores planes de complacer a su gran amigo de Rusia, Putin, que ya la democracia no existiría como antes, que era lo que siempre habían deseado los rusos, sin lograrlo, hasta la útil cooperación de Trump. El pensamiento de Trump en aquel momento lleno de plena emoción y gozo era ese, que él había logrado lo que ningún otro de USA había hecho, estar con los rusos y complacerlo en su eterno odio a la democracia. ¿Cómo logró ese hombre rico de dinero, pero miserable de valores morales, llegar al punto en que llegó, cómo logró que gran parte del pueblo de EU creyera en él y lo siguiera con fanatismo? Hay varias razones, una, que sus seguidores son la mayoría de gente blanca del país, poco educada, de la zona rural y de los que constituyen la mayoría de EU, mayoría que cada año pierde su ventaja al ver crecer otras poblaciones como la negra, la hispana, los asiáticos, que poco a poco demuestran que esa mayoría pronto ya no lo será y que Trump supo (como hizo Hitler con los vengativos alemanes), aprovechar y pretender defender su dolor por lo que ellos corrieron y se pusieron a su sombra, siendo esa la razón principal de su fanatismo y su amor a las mentiras de su Protector. Trump se dio cuenta, y como buen demagogo, ampliado con su experiencia de los fraudes y falsas promesas, que él iba a hacer a EU grande otra vez, y los demócratas, a la cabeza Obama, le dieron pie a que sus promesas de bienestar tomaran cuerpo catapultando su popularidad tóxica. Algunas posiciones positivas y beneficios económicos para la población elevaron a Trump a dimensiones de un Hitler triunfador. De ahí la posición pública de esa población blanca temerosa a perder su mayoría, frente a la plebe de las demás ‘tribus inmigrantes’, se apegó enfermisamente a lo que dijera Trump, al punto que él se ha adueñado del partido que lo acogió, pero abusando, a tal punto que casi ninguno de los renombrados republicanos se atreve a contradecirlo y menos oponérsele, porque la turba blanca temerosa corre a hacer lo que él diga, sea votando por su candidato o llevando todo tipo de amenazas y armas como hicieron al pretender tomarse al Capitolio. De la traición de Trump con los rusos, se duda que haya alguien que no crea que él fue un agente soviético, un fiel obediente a los mandatos de quien mandaba allí, Putin. Solo recordando cuando le pidió, ‘Putin, si tienes los Imails de Hillary, publícalos’, y el otro día allí estaban. Y las intervenciones de las agencias de espías rusas en las votaciones y los intereses de Trump en Rusia, todos lo saben, más el gran significado que tiene que un Presidente deseche lo que le recomiendan sus agencias de inteligencias, y prefiera los consejos de las agencias rusas, y que creyera más en Putin que en cualquier otro, lo que lo hace claramente un agente ruso y traidor sin que su maldad sea superada por nadie en la Historia de EU. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#627, 9.1.22).

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