Leyendo a Alberto de la Cruz, dinámico Editor de Babalú.blog.com, en su artículo “La Tribu de Cuba, Tratando de entender y explicar las diferencias entre los exiliados cubanos y el resto de la comunidad inmigrante Hispana en los EU” que trata sobre las relaciones entre los primos latinos y los cubanos, se aprecia la buena intención de un cubano preocupado por ese viejo problema, pero en un esfuerzo a medias. Y lo es porque a pesar de su trabajo y su visible sinceridad, no llega a ir a todos los ángulos del problema. Se queda corto. Resume que entre los latinos en general y los cubanos que son latinos también, no existe esa hermandad o relación propia de quienes son más o menos iguales y que sobre los cubanos del exilio existe una creencia errada y lamentable adornada de burlas. Señala una serie de factores que cree han contribuido a ello, pero no menciona algunos que creemos son los más importantes. Dice que inexplicablemente los latinos consideran a los cubanos como “Derechistas” y ellos de “izquierda”, que son arrogantes y piden un trato especial en EU, que hay una gran diferencia y que los latinos no la tienen, que es su desprecio apasionado contra el comunismo y los comunistas. Que aquellos no comprenden la gran destrucción que ese sistema ha hecho sobre el pueblo cubano. Que ellos no vinieron como aquellos por cuestiones económicas, sino políticas. Que las condiciones pre revolucionarias en Cuba rivalizaban con los standards de vide de EU y de Europa occidental y que la Ley del Ajuste Cubano, no es un favoritismo como pudiera ser visto, que a él le llamaban “el americanito”, etc. En sí, en estos últimos elementos aflora lo que el distinguido escritor De la Cruz quiere combatir, por ejemplo, esa cierta arrogancia e ingenuidad. Negar que esa Ley no es un favoritismo es de ingenuo y hablar de esas rivalidades y diferencias entre razones económicas y las políticas, aun si fueran ciertas, no es de buen gusto, especialmente, frente al paupérrimo común de los demás primos latinos. Y todos saben, excepto quizás los indios de Bolivia o Ecuador, lo que significa que a un latino lo llamen “El americanito”, que es un instrumento distintivo, separativo y privilegiado de quien lo lleva. Ejemplo de puntos no mencionados, es que el cubano respecto a EU es un individuo privilegiado, pero no es el primero, porque mucho antes, desde 1917 ya los puertorriqueños no sólo eran ciudadanos norteamericanos con todos los atributos, sino que también frente a los demás latinos estaban en una posición diferente y mejor. (No está demás recordar aquel drama que se hizo en Puerto Rico hace unos años en que varios de ellos se montaron en un bote para simular que arribaban a Puerto Rico desde Cuba para entonces así, recibir todas las bondades que el Tío Sam facilitaba a los cubanos). ¿Por qué con los puertorriqueños no ha pasado lo mismo que con los cubanos y los demás primos latinos? Esto no se lo preguntó de la Cruz. También debió haber analizado el historial de la Revolución cubana y de Fidel, recordando que para 1959 Fidel era el Robin Hood moderno, el David que enfrentaba al Goliat y que parecía vencerlo. Era sabido que para ese tiempo era raro encontrar a algún joven que no simpatizara con Fidel y su movimiento, porque buscaba la justicia, combatía los atropellos, la explotación, el saqueo de los capitales incontrolables que mantenían a los tiranos y se robaban las riquezas de las Américas, mientras sus pueblos agonizaban frente a esos depredadores (Hasta allá: “Fidel, ésta es tu casa”). Todos querían cambiar eso. Esto era la verdad, y esa verdad había que enfrentarla para combatirla desde un principio. No reconocerla es realmente colocarse como “Derechistas” impenitentes. Que Fidel traicionara a todo el mundo con su tiranía comunista es otra verdad indestructible. Debieron conceder esto, señalando entonces la gran traición del Tirano al pueblo cubano. De la Cruz no lo hace. El se refiere a la reacción que surge en los demás latinos al ver la suerte de los cubanos y sus privilegios con esa Ley de su Ajuste, que les abría el país y les facilitaba la nacionalidad americana, para llegar e instalarse con todos sus papeles en EU, mientras ellos agonizaban en el mismo esfuerzo. No hay que ser un lince para darse cuenta que este hecho tenía obligatoriamente que levantar lo que levantó ante el privilegio de uno y el dolor del otro. La reacción de impotencia y desamparo, llámese envidia, encono, ceguedad, maldad o lo que fuera fue una reacción natural de esos pueblos, primos, frente al cubano. ¿Cómo mirar al cubano como uno de los nuestros, si no sólo le dan tan fácilmente lo que a todos nos niegan sino que nos persiguen y deportan? (continuará).
miércoles, 3 de agosto de 2011
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