ANTICRITICA
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(Continuación): Y no sólo esto, pues ¿quién puede negar que el cubano casi en general, hacía grandes ostentaciones en todos lados y ocasiones sobre este privilegio de EU hacia ellos frente de los demás latinos? O sea, ¿no se lo enrostraban a los demás? Esto ayudaría a explicar la diferencia entre el puertorriqueño americano y el cubano americano. Todos saben que el puertorriqueño siempre fue bien recibido por los demás latinos por su forma de ser humilde, amistosa, buena gente, pero el cubano, por otro lado, por la fama de arrogante, sabelotodo y comecandela se ganó su diferencia. Otro elemento que De la Cruz falla al no darse cuenta de que en aquel tiempo, así como EU y Rusia estaban en la guerra fría, los cubanos de Miami y los cubanos de Fidel estaban también en una guerra fría y que la maquinaria comunista de Cuba nunca dejó de estar aceitada y haciendo uso de todos los elementos para ganarse adeptos y conquistar a los tontos útiles no sólo para su causa, sino para echárselo arriba a los cubanos “gusanos o contrarrevolucionarios” que habitan en Miami. Esa maquinaria les infiltró agentes espías, provocadores, y les retorció y manipuló todo para enfrentarlos, hasta los grandes robos de Medicare para desprestigiarlos. Y allí se les oía a esos latinos decir “¡Fidel, cien años más!”, para mortificar a los cubanos, aunque ellos no comulgaran ni con Fidel ni con el comunismo, pero lo hacían. Que aún algunos usen camisetas con la cara del Che, también era para mortificar a los cubanos y limpiarse con ella cuando defecaran en algún solar, o simplemente por snobismo vacío, muy común entre nosotros. Lo hacían porque en su impotencia y soledad era lo único que les daba algún consuelo en desquitársela contra los cubanos “come m..”. En la América Latina era igual o peor en contra de los cubanos de Miami, porque a ese nivel la maquinaria propagandista de Fidel y los propios cubanos, se habían ganado la mala fama de que ellos se identificaban con las causas más impopulares e injustas de la sociedad. Y no era mentira. Ahí se les vio en el asunto del asesinato de Kennedy, en los asesinatos de los Ministros de Allende, de Chile, con terroristas y hasta con desprestigiados mercenarios del Africa, mientras Fidel y sus tropas no sólo habían forzado a EU a formar aquella Alianza para el Progreso de unos $20,000 millones de dólares, sino que también se les atribuían méritos como los libertadores de los pueblos del Africa. ¿Qué hacían los cubanos de Miami frente a esta guerra caliente y fría de esa maquinaria comunista? Nada. Se refugiaron a su suerte y a la gran protección que les daba el Tío Sam, mientras Fidel se ganaba los corazones nuevos, de comunistas conversos y otros incautos. Si los cubanos hubieran pensado bien, se hubieran dado cuenta que ellos debían tener su Buró de Propaganda propia también, y no sólo para identificarse y que no los identificaran con las peores causas sociales, sino también para educar a su propio pueblo, para que no se auto hirieran por su ignorancia, su petulancia y liberalismo hiriente. Y no era solo esta carencia, sino que frecuentemente presentaban el cúmulo de actos truculentos y con total incongruencia con la realidad presente y pasada de toda sociedad. Por ejemplo, causaba risa, no solamente a los propios cubanos más conscientes, y a sus hermanos los norteamericanos y no decir de los latinos, cuando muchos cubanos se presentaban en traje de guerra, en actos públicos allí o por la radio “reclamando que el Gobierno de EU los dejara luchar por su libertad en Cuba”, que no se lo impidieran. Esto, hasta un niño sabe que es una cantinflada, pero allí los cubanos lo celebraban y repetían y con otras acciones similares a ésta, y se mostraban payasos aun sin darse cuenta ni que tampoco hubiera un Buró que les indicara que así no se combatía a la tiranía comunista, porque la boca del cubano y su accionar es como una pistola en las manos de un mono disparando sin control. Naturalmente, a los ojos de los primos latinos, nada de esto contribuía a que fueran bien queridos, por lo que la distancia siempre siguió ensanchándose, y aún al presente muchos cubanos continúan identificándose como “cubanos” cuando todos los demás lo hacen como “latinos”, al repetir “Yo no soy latino, soy cubano”. ¿Cómo entonces, no estar unos primos allá y los otros acá?, por lo que es recomendable que el escritor Alberto de la Cruz reanalice su gran preocupación.

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