Como se ha venido demostrando que a los únicos que los tiranos de Cuba le temen es al Poder de la Iglesia Católica, no esta demás aprovechar entonces esta debilidad de la tiranía salvaje de Cuba para terminar de acabarla. Este temor es bien entendido, pues ellos saben que fue el Papa Karol Wojtyla, John Paul II, que desde Polonia y el Vaticano arremetió, junto a Lech Walesa, de Solidaridad, contra la barbarie del comunismo mundial. Reagan le clavó unos cuantos clavos al ataúd comunista, pero quienes llevaron el mérito mayor fueron los católicos de Polonia con su Papa. ¿Por qué entonces si cayó aquella bestialidad comunista, la bestialidad cubana aún sigue asesinando? Se ha visto que los curas en Cuba ya han salvado varias veces para que las turbas policíacas y de chivatos asalten y golpeen a las mujeres de las Damas de Blanco, lo que indica que la Iglesia está tomando la posición que hace tiempo debería haber tomado, la del enfrentamiento agresivo contra la tiranía. Se vio también que el Cardenal Jaime Ortega de allí puso a Raúl a oír misa después de darle a probar la ostia. Sin embargo, parece que los curas y obispos cubanos están hechos de otro material diferente al que componía a los cristianos de la antigüedad y los que ayudaron a tumbar en Polonia a la bestia. Esos cristianos dieron sus vidas y almas por sus creencias y por la salvación de los pueblos que representaban. Los de Cuba parece que más les gustan la tranquilidad y paz de los cementerios vivos que la paz real. Y bastantes veces se ha acusado al arzobispado de Cuba de contemporanizar o al menos, claudicar, ante la opresión de esa tiranía. Pareciera como si sufrieran de lo mismo que el pueblo: terror y temor. Pero realmente esta posición no debería sorprender a nadie, puesto que si bien es cierto que la Iglesia en muchas ocasiones ha sido faro y luz de la humanidad, en otras muchas ha sido retranca y oscurantismo. Su amor por Franco y por Hitler, aunque oculto el de éste, fueron peñas en sus espaldas. En un pedazo de isla del Caribe esa Iglesia estuvo abrazada a su tirano de turno hasta los últimos momentos de su exterminio, pues no había domingo que sus curas, con raras excepciones, no oficiaran misas a la “preciosa salud y bienestar del Benefactor y Padre de la Patria y de la Iglesia”. Es cierto que la tiranía se ensañó fuertemente en contra de la Iglesia cubana desde sus inicios, pero la persecución de Nerón y Rusia fueron mucho mayor, sin embargo, siempre sobrevivió combatiendo. Los curas cubanos, parece más blandengue o formando parte de “los de cerebros succionados”, claudicaron y se sometieron con una timidez que asombraba frente a la tiranía. Que esa tiranía haya durado 52 años obligatoriamente es mucho lo que esa Iglesia debía haber tenido en su haber, por lo menos, algunos 50 curas fusilados, encarcelados o muertos por la tiranía en nombre de la defensa de su pueblo. Pero no ha sido así, porque apenas no se nombra a ninguno que haya sido considerado Mártir del pueblo cubano frente a la tiranía de los hermanos Castro. Por lo tanto, en nombre de su pasado glorioso o semi, esa Iglesia debe prepararse para darle la estocada final a la tiranía de Cuba y preparar a ese pueblo a que se manifieste militante o agresivamente, como un solo ser, a la llegada del Papa allí, en tal forma que arrope a la tiranía y tenga que enfrentarla directamente con su fuerza y brutalidad, para así obligarla a irse o debilitarse para su caída, hecho por supuesto, que es y sería diferente hoy a cuando la tiranía hacía lo quería sin temor a las consecuencias. Que la Iglesia recupere su tiempo y complicidad perdida con la tiranía, y ayude fuertemente y de una vez por todas a darle a Cuba la libertad a que tiene derecho, anhela y por la que vive gimiendo desde hace medio siglo. Y si fuera religioso, decir al coro, que “!viva Cristo Rey y muerte a los tiranos!” ANTICRITICA. Blogspot.com
lunes, 5 de marzo de 2012
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