domingo, 18 de marzo de 2012

EL CANDOR DE CHAVEZ JUNTO A SUS HIJAS

Al salir del purgatorio cubano, donde le extrajeron y no le extrajeron el tumor que no era tumor sino una lesión, a donde había acudido por tercera vez y donde según sus cantares, nunca más volvería porque se encontraba, según su acostumbrada forma de decir la verdad, demasiado bien para volver, Chávez salió en una fotografía sonriente, aunque bien pálido, con la cara más grande que de costumbre y un poco panzón, que según dicen se debe a las drogas que le han metido para mantenerlo en pie. Clamando gracias a su diosito que aún está aun entre los vivos y espera que su virgen le oiga y lo deje por otros días más sobre la tierra, agarrándoles las manos y abrazando a sus hijas con aquel candor y calor de padre que desalmaba y que muchos difuntos envidiarían. No todo el mundo tiene esa suerte y privilegio de salir así de la sombra y encontrar ese calor familiar que es como un bálsamo o tónico que da fortaleza aun al más malvado sobre la tierra. Los familiares de los secuestrados y retenidos por años de las FARC no lo tienen. Sus hijas los han visto en la TV encadenados, peores que animales y sólo lloran y no pueden abrazarlos y muchos mueren con frío y sin candor. Los niños, que al ver a un asno por las calles de Bogotá, se le acercan sin saber que vienen cargados de dinamita, regalo de las bolivarianas FARC para volarlos en pedazos, esas familias no podrán abrazar a sus seres queridos. Las víctimas de Carlos, el héroe bolivariano de Chávez, en Francia, en Israel y otras partes del mundo, tampoco podrán demostrar tanto candor paternal. Uribe, aquel venezolano que por defender su propiedad ante el abuso de confiscación (de las tantas), que murió en huelga en una cárcel, tampoco podrá consolar a su familia. Las miles de víctimas de Kadafi, aquel ser lleno de amor por el que Chávez sintió tanto candor y expuso su candente verbo bolivariano en su defensa, tampoco tendrán esa oportunidad de abrazar a sus hijas. Los presos políticos de Cuba, Doña Pollán, Zapata, asesinados por sus ideas, tampoco sus familiares podrán demostrar ese candor de Chávez. Los que languidecen en cárceles inmundas no muy lejos del hospital donde lo “curaron”, tampoco tendrán ese consuelo. Los miles de asesinados en Siria a cuyo ángel Chávez le envía petróleo y armas, tampoco podrán ser tan dichosos. Los venezolanos que andan huyendo por Miami, NY, España, México porque no pueden vivir en su patria, tampoco podrán demostrar su calor a sus hijas y familiares. Las miles de víctimas de la represión de los ayatolas de Irán no serán tan dichosas para abrazar a sus hijas e hijos, sin contar todas las que potencialmente podrían surgir de los planes macabros de conspiración terrorista de Chávez con Irán. Todas estas personas y cosas están en una clara contradicción entre la felicidad terminal de Chávez y las infelicidades pasadas y presentes de los familiares de todas esas víctimas con las que directa o indirectamente Chávez se encuentra asociado para lo peor. ¿No podrá sentir la gente decente alguna inquietud en ver por un lado tanta dicha y candor en ese abrazo del padre y por el otro lado tanto dolor, y todo como si nada existiera fuera de ese candor del enfermo bellaco con sus hijas? Es de las cosas absurdas e incompresibles de la vida, es de la insensibilidad humana hacia la verdad y justicia, es de la hipocresía del ser que permite ver estas contradicciones como si fueran cosas normales, entre la mezcla del amor y el dolor, sin que haya denuncia sino candor y complicidad. ¿Quién fuera tan feliz como Chávez para abrazar así a sus hijas a pesar de lo que hace? ANTICRITICA. Blogspot.com (Nota: en el blog anterior “Racismo Cnn…, se publicó incompleto, inexplicablemente).

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