jueves, 29 de marzo de 2012

OBLIGADOS A REZAR, FINGIR Y MENTIR

Sabiendo el caluroso entusiasmo con el que Fidel abrazó el ateísmo y las múltiples persecuciones a los cubanos, contra “todas las desviaciones”, especialmente, la religiosa, con preferencia a la Católica, al aceptar Cuba en 1998 la visita del Papa Juan Pablo II lo hizo no por gusto, sino porque sabía que le podría salir peor. Por su gusto, jamás consentiría que un Papa se acercara por su reinado dinástico a perturbarle su paz de cementerio, en su hacienda particular, de los Castros y asociados. Nadie en nombre de nadie podía venir a intervenir en el sacrosanto derecho de la Revolución de inculcarles a sus ciudadanos lo que era la correcta línea de creencias. “Cero misa, cero crucifijos, cero rosario, cero ostia, cero curas, porque somos un Estado laico, ateo y revolucionario que vamos en contra del opio de los pueblos”, gritaría Fidel, trepado en una de sus acostumbradas tribunas. Pero, ahí estaban esas pesadillas de Polonia, el Muro de Berlín, el derrumbe de lo que se creía sería eterno en la “felicidad” de la humanidad. Como buen malabarista, aceptó la visita, mordiéndose la lengua, y tuvo que reír, darle la mano al Papa, oír sus sermones, y hasta alguna reprimenda. Tuvo suerte o influyó tanto en el Papa que éste no empujó con la misma energía conque lo había hecho contra la peste en Europa. De todas formas, desde ese momento una nueva era de relaciones “cordiales” surgió entre la tiranía absoluta y la religión Católica allí, sin dejar de meterle la cuña del “avance” de los protestantes religiosos. Claro, el pueblo de Cuba hubiera preferido que la libertad hubiera sido como en los demás países liberados de Europa, pero había que conformarse con algo y eso era mejor que nada. El Estado ateo aflojó, pero la tiranía siguió. Hoy Benedicto XVI llegó a Cuba y obligó al Estado a rezar, fingir a mentir con más ahínco que nunca. Desde las grandes gallaretas históricas que desempolvaron supuestas relaciones con el Vaticano desde 1933 para demostrar con orgullo lo bien que siempre se llevaban con esa religión, hasta la limpieza de sus calles, pinturas de los edificios en derrumbe, recogidas de los vagabundos de las calles, todo para que el Papa que llegaba se sintiera a gusto en el paraíso comunista. Pero no pudieron perfumarlo todo, porque el pueblo de Cuba estaba decidido a empujar por su libertad, se extendió el número de protestas, disidentes y el caminar desafiante de las Damas de Blanco. Y el Estado totalitario, con un ojo bizco, miraba hacia los lados, temeroso, para evitar que los cientos de periodistas extranjeros captaran los múltiples abusos naturales que cometían y aunque reprimieron y confinaron a los pueblos a la mayoría, no pudieron reprimirlos a todos. Tuvieron que gritar que ellos también querían ver al Papa y sentirse felices de su visita, por lo tanto, tuvieron que ir al aeropuerto, rezar y seguir fingiendo como buenos farsantes, todo para engañar nuevamente a otro Papa y seguir en su eterna dictadura. Hasta el moribundo de Venezuela, neocomunista que ahora, después que vio la Muerte cerca, se encomienda a “diosito”, a la virgen y a los brujos de Evo, se apresuró a irse a Cuba un día antes, dizque a la terapia, pero no era tal, era para encontrarse y verse con el Papa para que le diera alguna esperanza de vivir entre los vivos por un tiempito más. Sabía que el Papa se comunicaba con Dios, y pensó, bueno, ahora es mi turno de pedirle que interceda por mí, si en México lo hizo, pues conmigo debe hacerlo también. Las mentiras y dobleces de los comunistas no tienen límites. Por eso se gozaba cuando se veían ahorcados. Ahora, que se les apretaban las tuercas, se presentaban como los más devotos cristianos, dispuestos a complacer en todo al Papa con tal de que no agite, vea lo bueno y democrático que es el Estado cubano. Es por eso que ante los hechos y la impotencia de ver a los farsantes actuar para conservar la podredumbre en que reinan, los dolidos quisieran vengarse, hacer algo, y no se conforman con denunciar, quisieran más, ¿pero qué pueden hacer? Morderse los labios y sólo pedir que el Papa esta vez exigiera, la completa exterminación de ese engendro llamado Estado Comunista de Cuba. ANTICRITICA. Blogspot.com

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