sábado, 5 de mayo de 2012

LA 'PRESIDENTE', BUENA, PERO IMPURA


LA “PRESIDENTE”, BUENA, PERO IMPURA
 Muchos la conocen, por sus años en el mercado, calidad, y por los anuncios en  los juegos de las Grandes Ligas. A pesar de ello, era impura, pero no por su contenido, sino por la forma en que la promovían sus propietarios, arroyando a todos con prácticas abusivas y monopolísticas. Quien la haya probado no duda de que es buena, fruto del esfuerzo de Trujillo, aquel tirano amante de los alemanes. Pero sus patriotas son tan mezquinos que no les gusta recordar que ésta fue una de las cosas buenas que él hizo. Desde entonces ha mantenido un lugar preferido en el gusto del público que nadie le regatea, lo que en un país de gente sana, hubiera sido más que suficiente para que sus propietarios se comportaran como lo hace la gente decente en los países decentes. Pero eso no sucede allí, pues esa compañía, siempre ejerció, a pesar del privilegio, una campaña de cacería contra cualquier esfuerzo por fabricar otra cerveza, siquiera para dar la alternativa ilusoria, de que allí había para escoger, lo que en los países atrasados, le daba el privilegio de mantener un precio sin competencia y jugar con el bolsillo de la gente. La saña de esa compañía se manifestó primero con un intento de cerveza llamada “Quisqueya”, la que no le era de ningún problema, sin embargo, la persiguió y acorraló. Luego apareció otra llamada “Soberana”, que era buena, y hasta podría competirle y  hacer el juego de competencia en un mercado abierto. La “Presidente” también la persiguió, tanto que la desapareció. Un instrumento que usó para destruirla fue quizás legal, pero abusivo. Iba a los lugares donde se vendía la “Soberana”, colmados y bodegas, y les llevaba un refrigerador (nevera) prestada o regalada, colocada en un lugar visible del negocio, con una condición: no podía introducir allí nada que no fuera de la “Presidente”.  Naturalmente, era un privilegio que daba el poder abusivo, aunque quizás se podría gritar que era parte del libre juego del mercado, pero con dudas, cuando se sabía que esa compañía en otros países como EU, no se atrevía a hacer lo mismo. Por ejemplo, en los supermercados de Miami o Puerto Rico no lo hacía, pues allí se ven todas las cervezas en ‘frizers’ comunes. Claro, si lo hubieran intentado la hubieran acusado de práctica ilegal, y dado una patada por el trasero y mandado a medrar a su país de origen. Luego apareció la famosa “Brahama”, de origen europeo y brasileño. Esta cerveza era buena y famosa, pero tal vez, menos que la “Presidente”. Claro, cuando la “Presidente” supo que llegaría al país, se preparó para aplicarle las mismas medidas que había aplicado a las demás, con la diferencia de que ésta era extranjera, buena y poderosa. Rápidamente, creó una nueva “light”, la “Bohemia” para oponérsela a la “Brahama”. Inició una campaña psicológica de que el que consumía aquella cerveza era porque no podía pagar la otra, era pobre, de la clase no pudiente. También le aplicó lo de la nevera, pero más brutalmente, pues “Brahma” tenia sus propias neveras en los supermercados y vendía regularmente a menor precio, pero al poco tiempo sus neveras desaparecían y en su lugar ponían una de “Presidente”, lo que evidenciaba una vez más el abuso e intolerancia de esa compañía. Al cabo de un tiempo, la “Brahma” no pudo competir, y comenzó a ocupar un lugar de semialternativa para público. Era más barata y el pueblo la compraba y se la bebía hasta escondido, por la campaña mencionada y casi siempre la compraba más en los barrios.  Sin embargo, esto sirvió para darle al pueblo esa alternativa, para obtener una cerveza más barata, buena y lo más importante, quitarle el monopolio a la “Presidente” de subir el precio o escasearla cuando le diera la gana. Una prueba final de la actitud de la “Presidente”, es que una de las cervezas que más se parecería a la “Presidente”, la “Heineken”, precisamente ella era la representante exclusiva de esa cerveza para el país. ¿Con qué fines lo hacia? Simplemente, para cubrir todos los ángulos de su desmedida ambición, que al final a quien perjudicaba era al vapuleado pueblo. Pero todo tuvo un final, quizás no feliz, cuando Brahma se cansó, y cortó el abuso cervecero. La compró por US$l,500 millones para tenerla y quitársela del medio, sin que ahora se sepa si habrá competencia sana o el mismo antiguo monopolio. ANTICRITICA. Blogspot.com

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