LA “PRESIDENTE”, BUENA, PERO IMPURA
Muchos la conocen, por sus años en el mercado, calidad, y
por los anuncios en los juegos de las
Grandes Ligas. A pesar de ello, era impura, pero no por su contenido, sino por
la forma en que la promovían sus propietarios, arroyando a todos con prácticas
abusivas y monopolísticas. Quien la haya probado no duda de que es buena, fruto
del esfuerzo de Trujillo, aquel tirano amante de los alemanes. Pero sus
patriotas son tan mezquinos que no les gusta recordar que ésta fue una de las
cosas buenas que él hizo. Desde entonces ha mantenido un lugar preferido en el
gusto del público que nadie le regatea, lo que en un país de gente sana,
hubiera sido más que suficiente para que sus propietarios se comportaran como
lo hace la gente decente en los países decentes. Pero eso no sucede allí, pues
esa compañía, siempre ejerció, a pesar del privilegio, una campaña de cacería
contra cualquier esfuerzo por fabricar otra cerveza, siquiera para dar la
alternativa ilusoria, de que allí había para escoger, lo que en los países
atrasados, le daba el privilegio de mantener un precio sin competencia y jugar
con el bolsillo de la gente. La saña de esa compañía se manifestó primero con
un intento de cerveza llamada “Quisqueya”, la que no le era de ningún problema,
sin embargo, la persiguió y acorraló. Luego apareció otra llamada “Soberana”,
que era buena, y hasta podría competirle y
hacer el juego de competencia en un mercado abierto. La “Presidente” también
la persiguió, tanto que la desapareció. Un instrumento que usó para destruirla
fue quizás legal, pero abusivo. Iba a los lugares donde se vendía la
“Soberana”, colmados y bodegas, y les llevaba un refrigerador (nevera) prestada
o regalada, colocada en un lugar visible del negocio, con una condición: no
podía introducir allí nada que no fuera de la “Presidente”. Naturalmente, era un privilegio que daba el
poder abusivo, aunque quizás se podría gritar que era parte del libre juego del
mercado, pero con dudas, cuando se sabía que esa compañía en otros países como
EU, no se atrevía a hacer lo mismo. Por ejemplo, en los supermercados de Miami
o Puerto Rico no lo hacía, pues allí se ven todas las cervezas en ‘frizers’
comunes. Claro, si lo hubieran intentado la hubieran acusado de práctica ilegal,
y dado una patada por el trasero y mandado a medrar a su país de origen. Luego
apareció la famosa “Brahama”, de origen europeo y brasileño. Esta cerveza era
buena y famosa, pero tal vez, menos que la “Presidente”. Claro, cuando la
“Presidente” supo que llegaría al país, se preparó para aplicarle las mismas
medidas que había aplicado a las demás, con la diferencia de que ésta era
extranjera, buena y poderosa. Rápidamente, creó una nueva “light”, la “Bohemia”
para oponérsela a la “Brahama”. Inició una campaña psicológica de que el que
consumía aquella cerveza era porque no podía pagar la otra, era pobre, de la
clase no pudiente. También le aplicó lo de la nevera, pero más brutalmente,
pues “Brahma” tenia sus propias neveras en los supermercados y vendía regularmente
a menor precio, pero al poco tiempo sus neveras desaparecían y en su lugar
ponían una de “Presidente”, lo que evidenciaba una vez más el abuso e
intolerancia de esa compañía. Al cabo de un tiempo, la “Brahma” no pudo
competir, y comenzó a ocupar un lugar de semialternativa para público. Era más
barata y el pueblo la compraba y se la bebía hasta escondido, por la campaña
mencionada y casi siempre la compraba más en los barrios. Sin embargo, esto sirvió para darle al pueblo
esa alternativa, para obtener una cerveza más barata, buena y lo más
importante, quitarle el monopolio a la “Presidente” de subir el precio o
escasearla cuando le diera la gana. Una prueba final de la actitud de la
“Presidente”, es que una de las cervezas que más se parecería a la
“Presidente”, la “Heineken”, precisamente ella era la representante exclusiva
de esa cerveza para el país. ¿Con qué fines lo hacia? Simplemente, para cubrir
todos los ángulos de su desmedida ambición, que al final a quien perjudicaba
era al vapuleado pueblo. Pero todo tuvo un final, quizás no feliz, cuando
Brahma se cansó, y cortó el abuso cervecero. La compró por US$l,500 millones
para tenerla y quitársela del medio, sin que ahora se sepa si habrá competencia
sana o el mismo antiguo monopolio. ANTICRITICA.
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