Para hacerlo más sencillo, aceptamos que todo el que escribe
es un escritor, aun si es un artículo, poema o libro. Y que junto a él, existen
dos elementos que los interconectan: el lector, y el medio por el cual el
escritor le hace llegar sus escritos. Estos tres elementos están unidos y de esa unión resultan para
cada unos derechos y deberes como todo en la sociedad. El derecho del escritor
es exponer lo que quiere, naturalmente, dentro de lo aceptado socialmente. El
del lector es leer lo que el escritor le envía por ese medio y aceptar o no su
mensaje. El del medio o periódico, es el de facilitar la comunicación entre
ambos. El deber del escritor es oír, ver, recibir la respuesta o lo que el
lector ha captado, aceptado o rechazado de lo que ha escrito. El derecho del
lector, es el dejarle saber al escritor sus puntos de vista, de si está de
acuerdo, acepta o lo rechaza, nunca usando como arma poner en su boca lo que no
ha dicho. El del periódico es viabilizar que esa comunicación sea posible. Pero
en el país de las innoblezas, no podía faltar la ausencia de la relación de
estos tres elementos. ¿Cómo quedar fuera, si es de los países donde la
inmoralidad y los abusos reinan como doncellas? Allí, de los derechos y deberes
mencionados, sólo el escritor y el periódico los tienen y no respetan ninguno
de sus deberes. El pobre lector es aplastado, envenenado por ambos y sin
ninguna forma de consuelo. En los países donde la decencia se cultivada junto
al periodismo y lectores, casi todos los periódicos tienen como norma apartar
un pequeño espacio de sus páginas para que el lector ejerza su derecho a opinar
sobre lo que diga tanto el escritor como el mismo periódico en su editorial. Véase al The New York Times, o al
The Miami Herald. ¿Cómo es posible que se le niegue este derecho? Si una
persona, un lector, compra un periódico, por esa compra y la intromisión que en
su mente recibe de lo que expone otro, tiene el derecho de leer todo el
contenido del periódico y consecuentemente, también de no estar de acuerdo con
lo que escriban los escritores. ¿Cómo aceptar que un escritor exponga todo lo
que quiera en un periódico y que el lector, a quien el periódico se debe y el
mismo escritor, no tenga el derecho no sólo de contradecirle, sino de exponerle
sus puntos de vista? Este es un derecho que en esos países se reconoce, pero en
países como ése, Santo Domingo, los legisladores o sindicatos de periodistas,
deberían crear alguna legislación para obligar a los periódicos a que aparten ese
espacio correspondiente al lector. Hay que acabar con el abuso de que sólo el
escritor o el mismo periódico, son los únicos que tienen el derecho de exponer
lo que quieren sin que nadie los contradiga. Y lo más chocante y a la vez
llamativo, es que alguno de esos escritores añaden sus direcciones electrónicas
para que aparentemente, cualquier lector que quisiera, le haga llegar sus
comentarios y opiniones. Y muchos claramente así lo piden. Pero para otros,
esto parece que sólo es para cuando los comentarios son para halagar, para
ensalzar al escritor, lamerle el trasero y no para cumplir con su
responsabilidad. Los escritores decentes, les encanta recibir opiniones
contrarias, no sólo por el amor al debate y el choque de las ideas, sino para
enriquecerse con las opiniones de los demás. Eso es casi una práctica
universal, excepto en ese país del dolor.
En nuestra experiencia hemos pasado por algunos casos en que algunos
escritores al poner esa dirección, cuando el lector le envía sus comentarios,
entonces, el muy ladino, no los recibe. Eso es de lo máximo en la deshonestidad
literaria y periodística, porque no sólo dan la dirección, sino que después no
la reciben, ni menos, la contestan. ¿Dónde entonces, recurrir para exponer el
punto de vista contrario? ¿Al periódico? Cuando hay responsabilidad, los
periódicos tienen ese espacio, pero cuando no la hay, como sucede en uno de los
más importantes de ese país, entonces, no hay forma de ejercer ese derecho por
el lector. Por ejemplo, conocimos uno que al contradecirlo en su aparente
genuflexión (Y es un verdugo contra los del Gobierno diariamente en sus
escritos) con los amos con quien trabaja, también se negó a seguir recibiendo
nuestras réplicas, a pesar de que todavía sigue poniendo la misma dirección de:
c.acosta@hoy.com.do (continuará en II). ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
viernes, 6 de septiembre de 2013
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