viernes, 6 de septiembre de 2013

EL BOCHORNO DE ALGUNOS ESCRITORES (I-II)




Para hacerlo más sencillo, aceptamos que todo el que escribe es un escritor, aun si es un artículo, poema o libro. Y que junto a él, existen dos elementos que los interconectan: el lector, y el medio por el cual el escritor le hace llegar sus escritos. Estos tres elementos  están unidos y de esa unión resultan para cada unos derechos y deberes como todo en la sociedad. El derecho del escritor es exponer lo que quiere, naturalmente, dentro de lo aceptado socialmente. El del lector es leer lo que el escritor le envía por ese medio y aceptar o no su mensaje. El del medio o periódico, es el de facilitar la comunicación entre ambos. El deber del escritor es oír, ver, recibir la respuesta o lo que el lector ha captado, aceptado o rechazado de lo que ha escrito. El derecho del lector, es el dejarle saber al escritor sus puntos de vista, de si está de acuerdo, acepta o lo rechaza, nunca usando como arma poner en su boca lo que no ha dicho. El del periódico es viabilizar que esa comunicación sea posible. Pero en el país de las innoblezas, no podía faltar la ausencia de la relación de estos tres elementos. ¿Cómo quedar fuera, si es de los países donde la inmoralidad y los abusos reinan como doncellas? Allí, de los derechos y deberes mencionados, sólo el escritor y el periódico los tienen y no respetan ninguno de sus deberes. El pobre lector es aplastado, envenenado por ambos y sin ninguna forma de consuelo. En los países donde la decencia se cultivada junto al periodismo y lectores, casi todos los periódicos tienen como norma apartar un pequeño espacio de sus páginas para que el lector ejerza su derecho a opinar sobre lo que diga tanto el escritor como el mismo periódico en su editorial. Véase al The New York Times, o al The Miami Herald. ¿Cómo es posible que se le niegue este derecho? Si una persona, un lector, compra un periódico, por esa compra y la intromisión que en su mente recibe de lo que expone otro, tiene el derecho de leer todo el contenido del periódico y consecuentemente, también de no estar de acuerdo con lo que escriban los escritores. ¿Cómo aceptar que un escritor exponga todo lo que quiera en un periódico y que el lector, a quien el periódico se debe y el mismo escritor, no tenga el derecho no sólo de contradecirle, sino de exponerle sus puntos de vista? Este es un derecho que en esos países se reconoce, pero en países como ése, Santo Domingo, los legisladores o sindicatos de periodistas, deberían crear alguna legislación para obligar a los periódicos a que aparten ese espacio correspondiente al lector. Hay que acabar con el abuso de que sólo el escritor o el mismo periódico, son los únicos que tienen el derecho de exponer lo que quieren sin que nadie los contradiga. Y lo más chocante y a la vez llamativo, es que alguno de esos escritores añaden sus direcciones electrónicas para que aparentemente, cualquier lector que quisiera, le haga llegar sus comentarios y opiniones. Y muchos claramente así lo piden. Pero para otros, esto parece que sólo es para cuando los comentarios son para halagar, para ensalzar al escritor, lamerle el trasero y no para cumplir con su responsabilidad. Los escritores decentes, les encanta recibir opiniones contrarias, no sólo por el amor al debate y el choque de las ideas, sino para enriquecerse con las opiniones de los demás. Eso es casi una práctica universal, excepto en ese país del dolor.   En nuestra experiencia hemos pasado por algunos casos en que algunos escritores al poner esa dirección, cuando el lector le envía sus comentarios, entonces, el muy ladino, no los recibe. Eso es de lo máximo en la deshonestidad literaria y periodística, porque no sólo dan la dirección, sino que después no la reciben, ni menos, la contestan. ¿Dónde entonces, recurrir para exponer el punto de vista contrario? ¿Al periódico? Cuando hay responsabilidad, los periódicos tienen ese espacio, pero cuando no la hay, como sucede en uno de los más importantes de ese país, entonces, no hay forma de ejercer ese derecho por el lector. Por ejemplo, conocimos uno que al contradecirlo en su aparente genuflexión (Y es un verdugo contra los del Gobierno diariamente en sus escritos) con los amos con quien trabaja, también se negó a seguir recibiendo nuestras réplicas, a pesar de que todavía sigue poniendo la misma dirección de: c.acosta@hoy.com.do (continuará en II). ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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