Una vez uno de las vacas sagradas de ese periódico escribió un
artículo halagando a aquel manager de los Marlins, O. Guillen, que estando en Miami se desbocó hablando
sandeces y defendiendo a Fidel. Cuando le enviamos una aclaración contraria, se
negó a recibirla y recibimos el correspondiente “failure to deliver” de Yahoo,
o sea rechazada la comunicación. Es decir, escribe, defiende lo inmoral y se
esconde. Pero todavía más lamentable, es ver un periódico digital como Acento
Punto.com, se vanagloria de la ‘crema intelectual’ que le rodea, también le
enviamos algunos puntos encontrados, y también se niega a recibirlos (después
de ‘saborear’ algunos), y sigue como si nada, poniendo su email para que les
escriban, claro, sólo las cosas que les agradan, y después alegan que son honestos.
Así son ellos, así actúan y se comportan bellamente estos escritores. Así se
repite diariamente y por coincidencia o malas mañas, casi todos escriben en ese
periódico que no respeta el derecho de sus lectores, al que sólo le interesa vender
“suscripción” y pal carajo los suscriptores después de pagar. En ese periódico,
al no haber Sección de Cartas, nunca se ha visto a ninguno poner en su columna
alguna opinión contraria que haya recibido, aunque sea entre paréntesis, y eso
tienes dos posibles significados. Una, que no los leen, o dos, que nadie pierde
su tiempo en réplica ya que conocen la imposición arbitraria de ellos. Pero
también debemos mencionar que hay otros (los menos) que practican la altura de
la decencia, y aunque en varias ocasiones les hemos contradicho en sus
opiniones, sin embargo, nunca han impedido recibir las réplicas. No las
contestan, a veces sí, pero por lo menos, son más decentes que los que
demuestran apertura intelectual, y tienen el cerebro más cerrado que el ano
humano. Pero algunos dirán, “bueno, yo recibo lo que me da la gana, y nadie
tiene derecho a enviarme lo que yo no he solicitado”. Bien, eso lo podría decir
cualquier otro ciudadano que no fuera escritor. Pero no el escritor, porque
desde que éste expone al aire sus ideas, pensamientos, opiniones, venenosas o
no, desde ese momento le está dando el derecho a cualquier ser viviente a que
ejerza el derecho a opinar lo contrario, a réplica, y más cuando pone su email.
Es parte de la democracia, la decencia, y la modernidad practicada en las redes
sociales. Desgraciadamente, muchos de esos llamados escritores, no lo aceptan
así, y prefieren vivir en sus castillos o burbujas a prueba de opiniones
contrarias, sin que nada de este comportamiento les impida pararse en cualquier
tribuna y decir a boca llena, los honestos que son, los liberales que son, los
abiertos que son a las opiniones de los demás, claro, en un país donde
predomina la charlatanería y la irresponsabilidad, estos escritores son héroes
nacionales y candidatos a ir a morar al panteón nacional. Respetar el derecho a
réplica y a la opinión contraria es casi una practica universal, excepto en ese
país. Otros son tan insolentes, que semanalmente escriben grandes mentiras y
desinformaciones sobre Cuba y Venezuela, pero nunca se les puede contradecir,
porque ni dan email ni el periódico lo permite. Otros son tan engreídos que no
responden a ninguna pregunta que les hagan, a menos que sean estrellas
reconocidas, asimilándose a los dementes del Ajedrez, que se consideran genios,
aunque lunáticos al encaramarse en la altura de los simios. Hay otros que son
agresivos con bajeza, por ejemplo uno que conocimos en Nueva York llamado
Roberto Marcallé Abreu, quien era encargado allí de El Nacional en los tiempos
cuando Bonaparte Gautreaux Piñeyro era su Director. Pero para este Marcallé
reservaremos el III en la próxima entrega por ser muy interesante. Así son
ellos en todos los matices. Y en parte son los culpables de que surjan seres
como Cristina en Argentina, y Correa en Ecuador que quieren controlar la Prensa, y no se puede negar
que podrían tener alguna razón, porque esos nunca reconocieron o abandonaron
aquello de: “Discrepo contigo, pero daría mi vida para que puedas exponerlo”. ANTICRITICA.BLOSPOT.COM
miércoles, 11 de septiembre de 2013
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