El alboroto que se ha formado con el asunto de la Sentencia
168-13 del Tribunal Constitucional del
país, ha provocado el sentimiento máximo del placer, la alegría, la felicidad
de dos grupos que se contraponen, pero sienten esa felicidad por el mismo
hecho. Parece un absurdo, que dos que van por diferentes caminos, sean felices
por un mismo hecho, pero no es raro, pues lo absurdo es un pan diario en el
país. El primer grupo es feliz porque con esa Sentencia se les reconoce por
fin, que el trabajo que ellos con tanto tesón venían haciendo ha dado sus
frutos, y por lo tanto es lógico que se sienten a contemplar su obra maestra:
el derrumbe de su país. Ellos desde hace tiempo venían pregonando que la
presencia de los haitianos en territorio dominicano no era nada de que
preocuparse, que eso era lo mismo que hacían los dominicanos cuando salían al
extranjero, NY, Puerto Rico, etc., que tenían derecho a venir porque
económicamente éramos más avanzados. Y no había oportunidad que ellos
desperdiciaran por los medios de comunicación para siempre exponer sus “sabias
y bien intencionadas” opiniones en defensa de los haitianos. Así una vez le
inquirimos a un director (Caba) de un periódico y respondió que esa presencia
era “una cháchara”, queriendo decir, que no era nada. Y ese es hoy director del
Canal de TV oficial del Estado. Y no había escritor, periodista, artista,
novelista, político, que no participara en ese festival de minimizar el peligro
de la presencia haitiana en el país. Sólo hay que recordar a los autores F.
Franco, Carlos Dore, Cordero Michel,
Cassá, etc., que sus libros son de
textos en las escuelas, pero que dan pena leerlos por la postura pro haitiana
que todos tienen. Eran los anestesiólogos, los encargados de vivir anestesiando
al pueblo, adormecerlo para que vieran y sintieran lo que no era la realidad. Y
era un absurdo, porque los hijos bien nacidos de un país, a quien primero deben
fidelidad es a la tierra que los vio nacer (legalmente), pero eso no es así
allí, es lo contrario, al enemigo es quien se ama. Y hay que recordar como
aquel ex presidente del país (Hipólito) dijo que “éramos un matrimonio sin
divorcio”, “alas del mismo pájaro” queriendo decir, que teníamos que amarlos. Y
la que era su vicepresidente (Milagros Ortiz) una vez gritó a voz de plegaria
“Yo también soy haitiana”, porque ella accidentalmente había nacido en Haití,
pero lo gritaba para también adormecer al pueblo para que no viera el peligro
en que estaba. Todos esos hoy están felices, con felicidad al infinito, pues al
fin están viendo como los haitianos se han casi tomado al país pacíficamente,
diferente a como lo hicieron en 1822, ya no con tácticas violentas como lo
venían haciendo desde 1801.
El otro grupo es de los que por tanto tiempo vivían
señalando, escribiendo libros, en los periódicos, en la radio, TV, lo que
significaba la penetración por todos los lados, de los haitianos. Que los
haitianos no eran el extranjero pacífico que aparentaba, que ellos eran los
enemigos eternos, simuladores, que en sus escuelas todavía se enseñaban que los
dominicanos no tenían derecho a habitar la parte Este, que toda la isla era de
ellos, que tenían que seguir la filosofía marcada por su máximo patricio de que
la isla era “una e indivisible” y que era de ellos. Ahí estaba Manuel Núñez con
su gran libro “El ocaso de la nación dominicana”, los libros del autor de este
BLOG (Vázquez), con tres sobre Haití: “Santo Domingo, ¿isla maldita?”, “Peña Gómez
y el avance del anexionismo en Santo Domingo” y el último “Haití, a pesar de la
tragedia”, además de cientos de artículos sobre el tema, todos señalando el
peligro y el absurdo de la presencia haitiana en Santo Domingo. Y otros muchos
que han hecho lo mismo y que lo mencionaremos en otro momento. Por eso este
grupo también esta de felicidad al infinito, de pláceme, porque por fin el
país, está despertando y viendo que sí, realmente el haitiano es un peligro
existencial para los dominicanos, y tiene que prepararse para enfrentarlo como
lo hizo aquel gladiador Pedro Santana y también, Trujillo, aunque les duela a
muchos. (Ellos pueden glorificar a sus grandes carniceros como dioses y los
dominicanos no, ni a sus defensores). ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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