jueves, 28 de noviembre de 2013

LA TC-168 Y LAFELICIDADAD AL INFINITO EN DOS GRUPOS




El alboroto que se ha formado con el asunto de la Sentencia 168-13  del Tribunal Constitucional del país, ha provocado el sentimiento máximo del placer, la alegría, la felicidad de dos grupos que se contraponen, pero sienten esa felicidad por el mismo hecho. Parece un absurdo, que dos que van por diferentes caminos, sean felices por un mismo hecho, pero no es raro, pues lo absurdo es un pan diario en el país. El primer grupo es feliz porque con esa Sentencia se les reconoce por fin, que el trabajo que ellos con tanto tesón venían haciendo ha dado sus frutos, y por lo tanto es lógico que se sienten a contemplar su obra maestra: el derrumbe de su país. Ellos desde hace tiempo venían pregonando que la presencia de los haitianos en territorio dominicano no era nada de que preocuparse, que eso era lo mismo que hacían los dominicanos cuando salían al extranjero, NY, Puerto Rico, etc., que tenían derecho a venir porque económicamente éramos más avanzados. Y no había oportunidad que ellos desperdiciaran por los medios de comunicación para siempre exponer sus “sabias y bien intencionadas” opiniones en defensa de los haitianos. Así una vez le inquirimos a un director (Caba) de un periódico y respondió que esa presencia era “una cháchara”, queriendo decir, que no era nada. Y ese es hoy director del Canal de TV oficial del Estado. Y no había escritor, periodista, artista, novelista, político, que no participara en ese festival de minimizar el peligro de la presencia haitiana en el país. Sólo hay que recordar a los autores F. Franco, Carlos Dore,  Cordero Michel, Cassá, etc.,  que sus libros son de textos en las escuelas, pero que dan pena leerlos por la postura pro haitiana que todos tienen. Eran los anestesiólogos, los encargados de vivir anestesiando al pueblo, adormecerlo para que vieran y sintieran lo que no era la realidad. Y era un absurdo, porque los hijos bien nacidos de un país, a quien primero deben fidelidad es a la tierra que los vio nacer (legalmente), pero eso no es así allí, es lo contrario, al enemigo es quien se ama. Y hay que recordar como aquel ex presidente del país (Hipólito) dijo que “éramos un matrimonio sin divorcio”, “alas del mismo pájaro” queriendo decir, que teníamos que amarlos. Y la que era su vicepresidente (Milagros Ortiz) una vez gritó a voz de plegaria “Yo también soy haitiana”, porque ella accidentalmente había nacido en Haití, pero lo gritaba para también adormecer al pueblo para que no viera el peligro en que estaba. Todos esos hoy están felices, con felicidad al infinito, pues al fin están viendo como los haitianos se han casi tomado al país pacíficamente, diferente a como lo hicieron en 1822, ya no con tácticas violentas como lo venían haciendo desde 1801.
El otro grupo es de los que por tanto tiempo vivían señalando, escribiendo libros, en los periódicos, en la radio, TV, lo que significaba la penetración por todos los lados, de los haitianos. Que los haitianos no eran el extranjero pacífico que aparentaba, que ellos eran los enemigos eternos, simuladores, que en sus escuelas todavía se enseñaban que los dominicanos no tenían derecho a habitar la parte Este, que toda la isla era de ellos, que tenían que seguir la filosofía marcada por su máximo patricio de que la isla era “una e indivisible” y que era de ellos. Ahí estaba Manuel Núñez con su gran libro “El ocaso de la nación dominicana”, los libros del autor de este BLOG (Vázquez), con tres sobre Haití: “Santo Domingo, ¿isla maldita?”, “Peña Gómez y el avance del anexionismo en Santo Domingo” y el último “Haití, a pesar de la tragedia”, además de cientos de artículos sobre el tema, todos señalando el peligro y el absurdo de la presencia haitiana en Santo Domingo. Y otros muchos que han hecho lo mismo y que lo mencionaremos en otro momento. Por eso este grupo también esta de felicidad al infinito, de pláceme, porque por fin el país, está despertando y viendo que sí, realmente el haitiano es un peligro existencial para los dominicanos, y tiene que prepararse para enfrentarlo como lo hizo aquel gladiador Pedro Santana y también, Trujillo, aunque les duela a muchos. (Ellos pueden glorificar a sus grandes carniceros como dioses y los dominicanos no, ni a sus defensores). ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM


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