domingo, 8 de diciembre de 2013

ENTRE CRISTO Y MANDELA




Podría ser una blasfemia, juntar a un hombre celestial (aunque hombre también), con un hombre terrenal, pero innegablemente que entre ambos existen puntos similares y otros divergentes. Cristo todos lo saben, transformó al mundo que existía, Mandela lo hizo con el mundo negro y de muchos blancos. Cristo cambió el odio por el amor al prójimo, Mandela, dolido por infinitas humillaciones, abusos, torturas y 27 años de prisión, transformó todo eso en fraternidad y reconciliación, pudiendo muy bien, y como harían los mortales ordinarios, transformar su país en un infierno de venganza por las heridas sufridas, en el espíritu de desquite y venganza. No lo hizo y se pareció al Cristo del amor al prójimo. ¿Por qué Mandela no lo hizo? ¿Qué significado dejó su existencia por el mundo? Mandela no hizo lo que la mayoría de los hombres hubieran hecho porque estaba hecho de un material especial, no tan puro como el de Cristo, pero con algo de lo mismo, porque sólo quien lo tuviera podía transformar tanto dolor y odio en amor. Dejó por significado la desnudez de que los hombres comunes están revestidos cuando pregonan que ellos son los enviados pera salvar a los pobres y oprimidos. Lo vimos por ejemplo, con los comunistas, a los que el estaba en cierta forma comprometido por la ayuda recibida y su aparente inclinación que había tomado hacia ellos. Sin embargo, elevado a lo alto del Poder de Sudáfrica, prefirió aglutinar a todos, blancos, pobres, negros, ricos, carceleros, con la libertad e igualdad para todos, sin aquello de robarle al ser humano su libertad. Tan grande fue que elegido unánimemente a ese puesto, renunció cinco años después al cumplir su mandato. ¿Qué otro ser humano, especialmente en Africa o América, haría algo así? A los comunistas, tan adictos a aferrarse al poder indefinidamente, les dio bofetadas, dejándolos en paños menores. Sólo les regalo el brazo levantado con el puño cerrado, más nada. Y en América también Mandela repartió bofetadas sin tocar los rostros de los impostores. Ahí estaba Chávez, que se creía un dios de Venezuela, pero tan pronto subió al poder lo quiso a lo vitalicio y discriminó y exilió a la mitad de la población. Por eso cuando murió sólo las lágrimas de la ignorancia y falsedad brotaron de los rostros impostores, diferente a los de Mandela, que el dolor de su partida fue universal y si hubiera comunicación con los extraterrestres, hasta ellos hubieran llorado por la partida del gran hombre. Y luego apareció el otro del mismo bagaje de Chávez, el indio mal educado y sin educación de Bolivia, aparentando llorar por la muerte de Mandela, recordando que él era un defensor de los de abajo, pero ignorando que pertenecía a la cuadra de los que Mandela había desnudado también. Y a Fidel, ése no se atreve ni a mencionarlo, pues le sale como un bumerán, porque a pesar de que le fue fiel y le ayudó mucho, no logró lo que esperaba, que Mandela fuera otra de sus gallaretas que se iban en contra de sus pueblos para esclavizarlos, aunque como pago le lanzó algunas flores. Hoy, recordar a Mandela, le traería esos recuerdos, que en su adentro le gritaría “Mandela, traidor, nos abandonaste por los valores podridos de la democracia y la libertad”. Y el contraste más chocante entre la grandeza de Mandela, su forma de pensar y actuar, fácilmente se ve y se nota en el vecino que tiene al frente en el África, cuando aquel personaje del bigotico hitleriano llamado Mugabe, en su país, en la misma condiciones de Sudáfrica, donde dominaban los blancos, lo destruyó todo y luego a sus propios hermanos negros, para transformar a la antigua Rhodesia y en una letrina llena de excrementos hasta el tope, porque quería ser como Cuba, como le recomendó Fidel, mientras Sudáfrica, huele al perfume de las rosas y disfruta plenamente, con sus imperfecciones aún, de la libertad de sus ciudadanos y la democracia. Por todo esto se puede decir sin mentir, que Cristo vino a liberar al hombre blanco de sus temores y pecados, mientras Mandela llegó para incluirlos a todos, a negros, blancos, mulatos, ampliando así lo que hizo el Cristo inmenso. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM


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