miércoles, 18 de diciembre de 2013

FESTIVAL DE FUNERALES




En estos años el mundo ha tenido la oportunidad de ser testigo del gran número de funerales famosos y que al analizarlos y compararlos, se pueden sacar algunas enseñanzas de los mismos. El primero de esos famosos fue el de  Kim Jong, el dios del Korea del Norte, que como buen hijo del marxismo, se viene corriendo en la familia desde el abuelo, al padre y ahora el hijo rechoncho, amante del payaso (Dennis) del basketbol y de las excentricidades africanas y que cuando hubo el último funeral se probó allí que todavía se podían formar ríos artificiales que simplemente corrían de los ojos llorosos de todos los coreanos para formarlo. Aquello fue un espectáculo esplendoroso que demostró que el miedo más que la ignorancia, podía cambiar la superficie física de la tierra creando el río de lágrimas más grande del mundo. Era el funeral del miedo. Otro famoso fue el de Chávez, aquel Quijote que un día amaneció conque Sancho le había nombrado como el nuevo libertador de Venezuela y en consecuencia, tenía que tomar posesión de su cargo. Este no fue un consagrado marxista como el coreano, pero sí un afiebrado seguidor, que para despistar, usó un nuevo nombre de ‘libertador del siglo xx1’. Diferente al Quijote que amaba y buscaba la justicia, este Chávez trajo el odio y la consabida represión de los marxistas, lo que no impidió que al morir, su pueblo, como si buscara a alguien de quien sentir sobre sus espaldas la pesadez de las botas de la opresión, lo adoró y también lanzó ríos de lágrimas por el funeral del libertador. Pero mientras las lágrimas de Korea respondían al miedo, las de Venezuela parecían responder al sentimiento de la ignorancia y de la falsedad. Los coreanos eran sinceros en llorar porque nunca conocieron más que las cadenas y el látigo, pero los venezolanos, habían respirado desde hacía años, la hermosura de la libertad y la vergüenza, por lo que obligatoriamente las lagrimas tenían que ser la gran obra maestra de la falsedad. Era el funeral de la falsedad. Luego surgió el otro, el de Mandela, del que no se puede decir cosas más que buenas. El también era marxista, pero fue más un visionario, y a lo lejos logró ver la perversión que había inyectado Marx, y sin denunciarlos con palabras, los echó por la borda como cosa inservible. Su funeral lo confirmó, porque allí no hubo lágrimas, bueno, sí algunas de hondo dolor y con plena sinceridad, pero más hubo alegría, al recordar al hombre bueno que supo sufrir, aglutinar, amar y perdonar, virtudes extrañas a los marxistas, que naturalmente los expulsaba de su pensar y accionar. Su funeral ha sido la obra del arte del festejar la muerte, no como ella, sino lo que ella permitió hacer antes de llegar. No hubo una sola persona, aun los racistas más puros, que no sintiera la obligación de reconocer la grandeza del muerto en su funeral. Fue un funeral excepcional, el del amor, la reconciliación y el perdón. Entonces vino el último, el de Fidel. ¿Cómo si Fidel no ha muerto? Gritarían algunos, pero es que olvidan las palabras divinas de que hay muertos que no necesitan estar muertos para morir. Fidel murió hace años y su funeral es el que estamos viendo ahora, en el presente. Es el último de los grandes funerales que ha pasado en estos años. Las lágrimas que se están derramando por él son una mezcla de las virtudes de los coreanos, las de los venezolanos, y las de las cosechas propias de los cubanos. Allí se llora el cúmulo de medio siglo de ignominia, división, opresión, falsedad, ignorancia prefabricada, no la natural del ser humano, sino la que poco a poco se va condicionando para que el ser no pretenda saber lo que es normal. Añadiéndole los grandes llantos por las “reversas al proceso del nuevo hombre” después de décadas de mentiras y dolor. Ha sido, como es propio en el Macondo de la América, el funeral más llamativo, más raro y anormal de todos, y decir esto frente al de Korea suena a un verdadero desafío de la argumentación. Pero es la verdad. Fidel creó un nuevo estilo de mentira, de opresión y dolor lo que le da la gloria del campeón de los últimos funerales. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM



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