Decía una dama que comenta mucho en su Facebook que una de las cosas
maravillosas que tenía (y tiene) el ex presidente Leonel Fernández es que
cuando el habla en el país o afuera, siempre habla bien del mismo, lo defiende,
a diferencia de otros que lo denigran y desacreditan. La pobre comentarista sin
darse cuenta o dándose cuenta, no nota que ella en su opinar, en su
razonamiento, representa cabalmente a la sociedad podrida e hipócrita donde
vive. Ella no se da cuenta que cuando una persona, institución o lo que fuere,
no tiene credibilidad, todo lo que recomienda, alabe a realce no tiene valor,
es nulo, ilegitimo por esa incredibilidad. ¿Acaso en los tribunales se acepta
la opinión o testimonio de un delincuente o mentiroso reconocido? No, no acepta
generalmente, y sólo en casos excepcionales cuando conviene a la Justicia. Es
lo mismo, dado, el bajo valor moral del Congreso Dominicano, (con algunas
excepciones) ganado local e internacionalmente en cuanto hacer regulaciones
económicas para su propio beneficio, obtener privilegios inmorales, etc., ¿acaso
tiene algún valor de credibilidad o decencia cuando ese Congreso otorga a
alguien o una institución una placa de reconocimiento o apoyo a alguna causa o
país? Claro que no. ¿Convendría al país ocultar toda la inmensa corrupción que
patrocinó Leonel Fernández (última Tucano) sólo por no hablar mal del país? ¿Convendría
a México ocultar y no llevar a juicio a los megas criminales de los 43
estudiantes, por no desacreditar a México? ¿Ha ocultado Estados Unidos sus
grandes hechos deliberados o errores sólo por no desacreditar al país? ¿Debería
el Procurador Domínguez Brito suspender el caso contra Bautista y de napa
Leonel sólo por no desacreditar al país y su moral? ¿Debería ocultarse las
verdades de las complicidades de los dominicanos en la invasión que ocurre de
los haitianos al país? Claro que no y no. Si nos llevamos de la moral de esta
dama habría que hacerlo, lo cual reafirmaría una costumbre o cultura muy vieja
en el país, la de apadrinar lo mal hecho y ocultarlo por salvar el ‘buen nombre
del país’ el que realmente desde que nació nunca ha tenido un buen nombre. Más
pruebas: Mataron a Trujillo, sí, y ¿qué han hecho los que lo hicieron, bien o
mal al país? ¿Es malo decirlo? Pero mientras se usa esta infeliz excusa, los tígueres,
ladrones y malandrines se aprovechan de todas sus fullerías porque siempre encontraran
damas y voces como éstas que los protegerán. Y así se ido formando la sociedad
del país, con suma falsedad e hipocresía. Ese sistema hace tiempo debió haberse
cambiado y hacer como hacen los países decentes que dicen todo, lo denuncian,
lo bueno y lo malo sin ocultar las cosas feas por conservar el supuesto buen
nombre del país. Pero eso es muy difícil en países con costumbre y cultura de
hipocresía, que siempre se amparan en
aquel dicho de que “los trapos sucios no deben lavarse en la calle”, sino en la
intimidad, lo que significa ocultar la verdad por pura mentira e hipocresía. En
los países decentes por lo legal y lo moral esa cultura no existe como en países
como RD donde es doctrinaria como lo deja señalado la distinguida dama y donde
es reina la corrupción hermanada a la eterna hipocresía. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (Una disculpa: el artículo que venía era “Cómo
defenderse de los haitianos”, será el próximo).
jueves, 13 de noviembre de 2014
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