Nuevamente, como una peste reincidente,
en un país notorio en el Caribe, se vuelve a mencionar la actividad de la
palabra “Reelección”, proceso en que los políticos de ese lugar (y de casi
todos los de América Latina) juegan a reelegirse en sus cargos, principalmente
en el de Presidente, siguiendo las corrientes íntimas de sus intereses y
voluntades. Y cuando uno ve este círculo repetitivo y payasativo, obligatoriamente
tiene que mirar hacia el Norte, donde los mezquinos, resentidos y mediocres sólo
miran para malquererlo y no para verse en el espejo de sus mediocridades, pero
así es la sociedad, y es que el descaro de éstos y de los políticos latinos es
infinito. En ese Norte se hizo una constitución y nunca se ha disuelto, sí se
le han hecho enmiendas, pero no borrarla y reahacerla como los latinos, a su
conveniencia y acomodo para lograr sus interminables ambiciones políticas y
económicas. Da risa como esa práctica ya se ha hecho una costumbre natural al
que a nadie inmuta ni mueve a quejarse. Y cuando no es esto, es lo otro, como
en el caso de Venezuela, donde se hizo una constitución que un señor auto titulado
‘libertador’, promovió como el libro más importante que en ese país se habría
escrito desde que Colón descubriera el Nuevo Mundo. Esa constitución se estudió,
se reestudió, se reforzó, se buscaron los más altos peritos constitucionalistas
del planeta y todo para que fuera perfecta. Claro, su perfección no incluía
ninguna cláusula para su cancelación y readecuación como en los demás países de
América porque era perfecta. Quería diferenciarse, quería ser única y que
sirviera de guía eterna, como el librito rojo de Mao, para la Venezuela actual
y la que seguiría miles de años más. Y para reafirmar el fenómeno, se hicieron
varios millones de copias de dicha constitución, de todos los tamaños y
colores, y era admirable, como el mismo ‘libertador’ y luego su heredero,
blandían el librito cada vez que era necesario para justificar alguna arbitrariedad,
persecución o crimen. Así de bella es, un simple instrumento de perversión. Es
decir, la constitución del Norte se creó por allá por el 1780 y ha seguido
igual y las latinas ninguna ha resistido el paso de l tiempo, y todas han sido
cancelada, modificada, alterada, suprimida. Muchos países europeos también
mantienen cierto parecido a la de EU, pero no así las latinas, lo que en sí
retrata de cuerpo entero quiénes son los políticos de estas tierras. Y los dominicanos
se llevan la medalla, pues su constitución se ha modificado y borrado 750
veces, el mismo número de generales activos que en el 2010 había en sus fuerzas
armadas. Pot lo tanto, frente al dilema del presidente actual de ese país, que
al prometer 4 años atrás, de que si él lograba ser Presidente, sólo lo sería
por un término, ya que esa constitución lo prohibía, ahora se encuentra frente al dilema de si
sigue la tradición o cumple su palabra empeñada. El frente a quien es su rival,
hasta ahora se ha distinguido en varios aspectos, aunque en muchos ha seguido
la misma rutina de su antecesor, ese rival, por lo tanto, su posición es
bastante incómoda. Si sigue la tradición y cambia la constitución, él quedará
como un mentiroso, charlatán e incumplidor, y si sigue sus palabras empeñadas, bueno,
parece que el rival sería el ganador y el caos de antes reinaría otra vez en el
país. ¿Qué hacer entonces? Mi concejo sería que la modifique, que la cambie
para que sea reelegido al él tener la gran simpatía del votante, según las
encuestas. La motivación sería que dado que el país ni sus políticos u hombres
públicos nunca han sido respetuosos de nada, que siempre han sido incumplidores,
irrespetuosos y mentirosos, ¿por qué
entonces romper esa costumbre? No, lo correcto es ser como siempre se ha sido,
y así de carambola evitaría que el rival volviera a gobernar. No sería nada
nuevo ni malo, porque simplemente se sigue la costumbre latina, y muy
especialmente la dominicana, por lo tanto Presidente, modifique esa
constitución y sea otra vez Presidente que el país aún no sabe distinguir entre
un político que miente y el que cumple, o, diga, como dicen muchos, “que se
sacrificó por el bienestar de la patria”. ANTICRITICA.BLOSPOT.COM
miércoles, 25 de marzo de 2015
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