No, no es cuando un
enfermo está en tal estado que prefiere morir y busca la eutanasia para salir
del problema. Puede salir del paso, pero chocar con la ley también y nadie al
morir lo quiere. Y es que la muerte tiene tantas cosas misteriosas que nunca se
terminan. Por ejemplo, ahí están los musulmanes y la muerte, que para los que
mueran cumpliendo con la voluntad de su dios Alah, tienen como premio ir
directo al Paraíso y allí les esperan 72 vírgenes, para él solito, y sin el problema
terrenal de los celos, que se las enamoren o tenerlas en la burka para que no
se las miren. No importa que lleguen allí desde la tierra en pedacitos por la función
más placentera de ellos, de volarse junto a sus víctimas, su dios compondrá todo
el cuerpo y ¡ala!, ahí estará el musulmán islámico, completito para disfrutar
sus vírgenes. Es lo que explica que tantos se apresten por ponerse su
vestimenta de explosivos y ser los terroristas suicidas. Y hay escuelas, y les
enseñan cómo comportarse, estar feliz, cómo apretar el botón y llegar a la gloria del bombazo. Y no se
limitan a los jóvenes, también los niños, y las mujeres. Con éstas surgió un
problema y era que si los varones recibían sus 72 vírgenes, ¿qué iban ellas a
recibir por el mismo sacrificio? Eso parece que se les había escapado a los
originales islámicos, pero no importaba. Se reunieron unos clérigos y lo resolvieron.
Que si los hombres recibían eso, las mujeres recibirían un Falo, eso sí, uno
solo, con la inmensa virtud de nunca doblarse. Era lo que se llama un “güevo
que no se enfriaba”, derecho como Juancito el Caminador, y problema resuelto.
Las mujeres quedaron satisfechas, pero surgió otro problema: que las mujeres
eran menos inclinadas al asunto, quizás por la diferencia entre 72 y uno, y se
negaban a ponerse el cinturón explosivo. Los clérigos otra vez resolvieron: que
dada que las mujeres eran posesión de los hombres, tenían que ir cómo y dónde
las enviaran. Y esto no es un cuento de “las mil y una noche”, noooo, es la
verdad desde que el profeta comenzó su santa misión en la tierra de Abraham.
Pero realmente el asunto de vivir- muerte vs dicha, se refiere a cuando un
individuo que ha sido muy malo en sus días por la tierra, sigue viviendo a
pesar del cuerpo no responderle y él quisiera que se lo llevaran para allá,
pero diosito lo deja acá abajo. Y este caso se presenta con otro que le hace el
contraste. Por ejemplo, por Inglaterra su Reina Isabel está celebrando su 90
aniversario, llena de alegría, felicidad, y naturalmente, no tiene interés ni
deseo de que se le lleven al más allá. Ella quiere seguir aquí, disfrutando sus
bellos aniversarios, llenos de amor y admiración, aunque con algunos disgustos,
como ver por ejemplo, que su bella ciudad de Londres fue copada por un
individuo de Pakistán como Alcalde de la misma. Esto le disgustó demasiado, y
el otro es ver al incompetente PM Cameron, ser un perfecto pelele de los demás gobernantes
de Europa, por lo que ella también ella apoya salir de la U.E. Fuera de ahí,
todo es felicidad y alegría en contraste con otro individuo malo llamado Fidel
Castro al cumplir también 90 años en estos días, pero a diferencia de la Reina,
ése no tiene ni un punto porqué sentirse con ánimo de alegría y celebración, al
contrario, es el perfecto ejemplo de cuando el estar vivo en vez de dicha, es
más que un castigo. Ser el testigo que aún la vida le permite, le rompen el
alma, porque si él se hubiera muerto como Chávez, su sufrimiento no hubiera
sito tanto, porque no tendría la oportunidad de ver la inmensidad de su desastre
e ignominia, que él sí ha visto, vivo, mirando como su Cuba amada, la que soñó
con crear una nueva, con un nuevo hombre cubano, con una nueva moral, ha visto
con pavor, que todo lo que con tanta ilusión y sangre logró, se ha desvanecido
y vuelto para atrás, al punto de donde partió, con la agravante de que para
llegar allí tuvo que esclavizar a su pueblo por 57 años, robar sus propiedades,
quitarles sus libertades, fusilar a cientos y obligar a millones irse al
exilio, para ahora, ahora, volver a verlos con los dólares que tanto odiaba y
que ahora, ahora, tiene que adorar. ¡Qué triste para Fidel le resulta ser
testigo, diferente a la Reina, de tantos aniversarios, y todo por culpa de Dios
o Satanás que no se lo acaba de llevar! ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#394).
sábado, 11 de junio de 2016
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