domingo, 26 de junio de 2016

¡EL CONSTITUCIONALISTA QUE NO IBA AL SANITARIO SIN SU CONSTITUCIÓN!



¿Y por qué tenía el experto constitucionalista que entrar  al sanitario, donde se sientan los seres a descargar sus intestinos, acompañado no de papel, toalla o jabón, sino de su Constitución, la del país? Bueno, no se sabe, pero bien podría decir, que era su derecho, pues así como muchos entran al mismo lugar con sus biblias o periódicos, él pues, iba con su Constitución. Tendría razón, pero muchos imaginaban cuando lo supieron que la misión no sería la misma. El periódico iba allí a facilitar los músculos y hacer la salida más fácil, la biblia, pues, para estar cerca de su Dios, en un momento en que podría decir que estaría pecando, pues abandonaba lo que el Señor amorosamente le había dado. Pero al constitucionalista, ¿qué papel le hacía la Constitución? ¿Limpiarse? Era papel encerado, ¿qué entonces? Bueno, él había confesado a sus íntimos, que siendo el constitucionalista mejor formado del país,  más estudiado, el que más libros había leído, el que más citaba a autores (por esto llamaban “el muletero”, que no escribía sino con una o varias muletas, citas para trabajar menos y ser un erudito) el más rico por las igualas, que más bancos representaba, el que más amaba a los políticos grandes y corruptos, pues que él tenía que estar constantemente leyendo su Constitución, que era  su escudo, su protector.  Decía que si alguien quisiera matarlo, sólo tendría que mostrar su Constitución, y fua, estaba protegido, que si una bala perdida, caería sobre su Constitución y no en su cabeza. Y no solamente la suya, sino una famosa, como la de Venezuela de Chavez, que era una Constitución y su madre, y había que amarla. Pero ¿por qué se quedaba tanto tiempo sentado en el retrete? “Incierto”, respondió,  aunque él tenía que tenerla a mano, era como su ser, su amor, su seguridad, su aire, su sangre, era todo, es más, él quería cambiarse el nombre por Constitución, si Constitución Pee, y agraciadamente su tío, un gran abogado, se lo insinuó y vio que sin constitución él no sería nadie, y aprendió de sus marrullas y cuándo se debe correr para evitar la justicia. Por suerte, a él todavía no le ha llegado su turno. Refiere que hay otros constitucionalistas en el país, pero que ninguno le iguala, que sólo hay que ver dónde está y a qué cliente defiende para darse cuenta de su grandeza, aunque a pesar, se le descubrieron varios defectos. Una vez un crítico  le preguntó ¿por qué era que se decía de lo deficiente  que eran los estudiantes de Derecho, si se debía a los libros de texto, al sistema de Justicia, y qué papel desempeñaban esos textos cuando se sabía que de la mayoría de sus autores (incluyéndose a él) se tenía muy mala opinión en la sociedad? El constitucionalista no contestó, quizás porque se consideraba muy grande para rebajarse o si sabía que tendría que incluirse en la lista, pues era autor de textos legales. La otra peor falla era que como se  le conocía que era gran admirador de las constituciones innovadoras como la que le metió Chávez a los venezolanos, que ¿por qué él ya no escribía nada alabando o criticando a esa constitución y su maravilla, cuando él la había manoseado tanto siempre y de lo fantástica que resultó, lo mismo que con la de Leonel. Que si eso no era una deslealtad o ceguera inducida, pues si se alaba una Constitución y la misma resulta un chasco o engaño, ¿por qué no mencionar ni una vez de esa gran tomadura de pelo de la constitución venezolana? ¿No resulta el retrato de un inconstante e infirme en su constitucionalismo cuando sólo alaba lo que le conviene? ¿Por qué se quedó callado cuando su gran amor al constitucionalismo no le permitió exponer lo que cualquier constitucionalista decente diría y criticaría el modo en cómo Medina la zarandeó y vapuleó y se burló de la que le protege hasta en el sanitario? Es decir el más grande constitucionalista de RD tiene dos calladas vapuleantes que lo desnudan: cuando se burlaron de la de Leonel y cuando aplastaron y desollaron a la de Venezuela sin que él se diera cuenta en ninguna y no usara sus acostumbradas muletas ni para defenderlas, manteniendo su enfermedad o infantilismo ciego a la protección de la misma. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#399).


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