¿Y por qué tenía el
experto constitucionalista que entrar al
sanitario, donde se sientan los seres a descargar sus intestinos, acompañado no
de papel, toalla o jabón, sino de su Constitución, la del país? Bueno, no se
sabe, pero bien podría decir, que era su derecho, pues así como muchos entran
al mismo lugar con sus biblias o periódicos, él pues, iba con su Constitución.
Tendría razón, pero muchos imaginaban cuando lo supieron que la misión no sería
la misma. El periódico iba allí a facilitar los músculos y hacer la salida más
fácil, la biblia, pues, para estar cerca de su Dios, en un momento en que
podría decir que estaría pecando, pues abandonaba lo que el Señor amorosamente
le había dado. Pero al constitucionalista, ¿qué papel le hacía la Constitución?
¿Limpiarse? Era papel encerado, ¿qué entonces? Bueno, él había confesado a sus íntimos,
que siendo el constitucionalista mejor formado del país, más estudiado, el que más libros había leído,
el que más citaba a autores (por esto llamaban “el muletero”, que no escribía
sino con una o varias muletas, citas para trabajar menos y ser un erudito) el más
rico por las igualas, que más bancos representaba, el que más amaba a los políticos
grandes y corruptos, pues que él tenía que estar constantemente leyendo su Constitución,
que era su escudo, su protector. Decía que si alguien quisiera matarlo, sólo
tendría que mostrar su Constitución, y fua, estaba protegido, que si una bala perdida,
caería sobre su Constitución y no en su cabeza. Y no solamente la suya, sino una
famosa, como la de Venezuela de Chavez, que era una Constitución y su madre, y
había que amarla. Pero ¿por qué se quedaba tanto tiempo sentado en el retrete? “Incierto”,
respondió, aunque él tenía que tenerla a
mano, era como su ser, su amor, su seguridad, su aire, su sangre, era todo, es
más, él quería cambiarse el nombre por Constitución, si Constitución Pee, y agraciadamente
su tío, un gran abogado, se lo insinuó y vio que sin constitución él no sería
nadie, y aprendió de sus marrullas y cuándo se debe correr para evitar la
justicia. Por suerte, a él todavía no le ha llegado su turno. Refiere que hay
otros constitucionalistas en el país, pero que ninguno le iguala, que sólo hay
que ver dónde está y a qué cliente defiende para darse cuenta de su grandeza,
aunque a pesar, se le descubrieron varios defectos. Una vez un crítico le preguntó ¿por qué era que se decía de lo
deficiente que eran los estudiantes de Derecho,
si se debía a los libros de texto, al sistema de Justicia, y qué papel desempeñaban
esos textos cuando se sabía que de la mayoría de sus autores (incluyéndose a él)
se tenía muy mala opinión en la sociedad? El constitucionalista no contestó,
quizás porque se consideraba muy grande para rebajarse o si sabía que tendría
que incluirse en la lista, pues era autor de textos legales. La otra peor falla
era que como se le conocía que era gran
admirador de las constituciones innovadoras como la que le metió Chávez a los venezolanos,
que ¿por qué él ya no escribía nada alabando o criticando a esa constitución y
su maravilla, cuando él la había manoseado tanto siempre y de lo fantástica que
resultó, lo mismo que con la de Leonel. Que si eso no era una deslealtad o
ceguera inducida, pues si se alaba una Constitución y la misma resulta un chasco
o engaño, ¿por qué no mencionar ni una vez de esa gran tomadura de pelo de la constitución
venezolana? ¿No resulta el retrato de un inconstante e infirme en su
constitucionalismo cuando sólo alaba lo que le conviene? ¿Por qué se quedó
callado cuando su gran amor al constitucionalismo no le permitió exponer lo que
cualquier constitucionalista decente diría y criticaría el modo en cómo Medina
la zarandeó y vapuleó y se burló de la que le protege hasta en el sanitario? Es
decir el más grande constitucionalista de RD tiene dos calladas vapuleantes que
lo desnudan: cuando se burlaron de la de Leonel y cuando aplastaron y
desollaron a la de Venezuela sin que él se diera cuenta en ninguna y no usara
sus acostumbradas muletas ni para defenderlas, manteniendo su enfermedad o
infantilismo ciego a la protección de la misma. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
(#399).
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