El famoso Mujica, el ex
presidente de Uruguay, el ex comunista, es ahora retirado del poder, un filósofo
polifacético. Tiene varias caras y dependiendo donde se le ubique queda bien o
queda mal parado. Hace poco apareció un Mujica de C. Pérez (“Pepe Mujica o el
placer de la vida simple”) y ahora aparece este otro de Gómez (“José Mujica: un
ofertador de esperanza”), en el mismo periódico y cada uno enfocado en diferente
vertiente y uno ganándose un gran descrédito y el otro, un gran mérito, y todo
porque a Mujica se le colocó sobre valores diferentes (como dijimos en aquel
artículo “todos tienen más de un lado”). Pérez lo rodea de “la vida sencilla,
ideales del los ’60, la conquista del poder, etc., y al mencionar las luchas contra las “dictaduras” es donde
el mete la pata y es cuando empuja al pobre Mujica a esas patas del caballo,
como el hablar y pelear contra las dictaduras cuando hay dictaduras preferidas
y no preferidas, pero que ambas son dictaduras, y peores, las del tipo que
gustaban a Mujica al ser comunista, como la Stalin, Mao, Fidel, especialmente a
éste último. Y un ser por bueno, manso y frugal que sea y a la vez ame a las
dictaduras, es, o un farsante, un monstruo o un enfermo mental, pero no es el
santo con que lo quieren vestir. El dictador, el dueño de la dictadura, es un
tirano, inculcador de lo más bello que el ser humano tiene, primero que la
sencillez en el vivir, que el comer y vestir, es su libertad. Sin libertad la
vida pierde su valor, y eso cualquier admirador honrado debería saberlo. El
Mujica de Gómez sale mejor parado (con razón es psiquiatra), lo ubica en un ángulo
perfecto al lugar donde Gómez vive y donde Mujica visitaba. Al llevarlo allí,
sin jamás mencionar la palabra “libertad”, lo coloca como el viejo de 80 años
que sueña y predica a los jóvenes y adultos “, ‘… y movilizarlos en asumir una
causa, abrazar una utopía, un ideal y ser militantes comprometidos para asumir
la vida desde el sentido de utilidad para ayudar a defender a los que no tienen
oportunidad, o sea, a los excluidos, a los analfabetos, a los pobres, a los que
viven desiguales en Latinoamérica.”…” “…sin negociar las ideas ni alquilar las
palabras.”. Y lo adorna más, de que transitó por el poder y no le cambió “… sin
fortuna, sin negocios, sin inversiones, sin acumulación, sin bienes más que los
necesarios para existir decentemente”, y luego cuando lo contrasta contra el
resto de los políticos, especialmente los dominicanos, ese Pepe Mujica se
realza, se engrandece, porque el lugar que lo ubica el autor es Santo Domingo,
y para ese país Mujica es la afrenta más grande que a un país le pueden dar,
cuando se sabe que por los políticos ladrones y corruptos lo pusieron a ocupar
el 5 y octavo lugar entre los súper corruptos del mundo y América. Si su visita
fue para eso, quedó perfecto, un ideal, casi un santo. Es decir, mientras el
Mujica de Pérez lo pone a bailar combatiendo contra las dictaduras, menos las
que él gustaba, el Mujica de Gómez lo muestra como un hombre honrado, decente,
coherente con sus ideas hacia los pobres y especialmente al ser como es y
estando en el sitio más corrupto del mundo, su presencia es una inmensa espina
contra todos esos políticos y gobernantes que ese lugar han venido viviendo
totalmente contrario a como lo ha sido Mujica, por lo tanto su nombre y presencia
es una herida, una bofetada que debía sentirse en el país si en él reinara la vergüenza.
Es decir, mientras a un Mujica lo pintan como un farsante porque le hacen
hablar de la libertad que es su ausencia en la dictadura, en el otro es el
ejemplo del político que tiene honradez y dignidad y que éstas no quedan
manchadas porque a ellas no se les asocia ni con dictadura y la ausencia de esa
libertad. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#417).
lunes, 17 de octubre de 2016
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