lunes, 17 de octubre de 2016

EL OTRO PEPE MUJICA, DE J.M. GÓMEZ


El famoso Mujica, el ex presidente de Uruguay, el ex comunista, es ahora retirado del poder, un filósofo polifacético. Tiene varias caras y dependiendo donde se le ubique queda bien o queda mal parado. Hace poco apareció un Mujica de C. Pérez (“Pepe Mujica o el placer de la vida simple”) y ahora aparece este otro de Gómez (“José Mujica: un ofertador de esperanza”), en el mismo periódico y cada uno enfocado en diferente vertiente y uno ganándose un gran descrédito y el otro, un gran mérito, y todo porque a Mujica se le colocó sobre valores diferentes (como dijimos en aquel artículo “todos tienen más de un lado”). Pérez lo rodea de “la vida sencilla, ideales del los ’60, la conquista del poder, etc., y al mencionar  las luchas contra las “dictaduras” es donde el mete la pata y es cuando empuja al pobre Mujica a esas patas del caballo, como el hablar y pelear contra las dictaduras cuando hay dictaduras preferidas y no preferidas, pero que ambas son dictaduras, y peores, las del tipo que gustaban a Mujica al ser comunista, como la Stalin, Mao, Fidel, especialmente a éste último. Y un ser por bueno, manso y frugal que sea y a la vez ame a las dictaduras, es, o un farsante, un monstruo o un enfermo mental, pero no es el santo con que lo quieren vestir. El dictador, el dueño de la dictadura, es un tirano, inculcador de lo más bello que el ser humano tiene, primero que la sencillez en el vivir, que el comer y vestir, es su libertad. Sin libertad la vida pierde su valor, y eso cualquier admirador honrado debería saberlo. El Mujica de Gómez sale mejor parado (con razón es psiquiatra), lo ubica en un ángulo perfecto al lugar donde Gómez vive y donde Mujica visitaba. Al llevarlo allí, sin jamás mencionar la palabra “libertad”, lo coloca como el viejo de 80 años que sueña y predica a los jóvenes y adultos “, ‘… y movilizarlos en asumir una causa, abrazar una utopía, un ideal y ser militantes comprometidos para asumir la vida desde el sentido de utilidad para ayudar a defender a los que no tienen oportunidad, o sea, a los excluidos, a los analfabetos, a los pobres, a los que viven desiguales en Latinoamérica.”…” “…sin negociar las ideas ni alquilar las palabras.”. Y lo adorna más, de que transitó por el poder y no le cambió “… sin fortuna, sin negocios, sin inversiones, sin acumulación, sin bienes más que los necesarios para existir decentemente”, y luego cuando lo contrasta contra el resto de los políticos, especialmente los dominicanos, ese Pepe Mujica se realza, se engrandece, porque el lugar que lo ubica el autor es Santo Domingo, y para ese país Mujica es la afrenta más grande que a un país le pueden dar, cuando se sabe que por los políticos ladrones y corruptos lo pusieron a ocupar el 5 y octavo lugar entre los súper corruptos del mundo y América. Si su visita fue para eso, quedó perfecto, un ideal, casi un santo. Es decir, mientras el Mujica de Pérez lo pone a bailar combatiendo contra las dictaduras, menos las que él gustaba, el Mujica de Gómez lo muestra como un hombre honrado, decente, coherente con sus ideas hacia los pobres y especialmente al ser como es y estando en el sitio más corrupto del mundo, su presencia es una inmensa espina contra todos esos políticos y gobernantes que ese lugar han venido viviendo totalmente contrario a como lo ha sido Mujica, por lo tanto su nombre y presencia es una herida, una bofetada que debía sentirse en el país si en él reinara la vergüenza. Es decir, mientras a un Mujica lo pintan como un farsante porque le hacen hablar de la libertad que es su ausencia en la dictadura, en el otro es el ejemplo del político que tiene honradez y dignidad y que éstas no quedan manchadas porque a ellas no se les asocia ni con dictadura y la ausencia de esa libertad. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#417).


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