¿Quién no se acuerda de aquel grito desgarrante de los latinos, políticos y gobernantes, de que “los Estados Unidos nos han abandonado, que sólo miran a Europa, Asia y Africa”? El grito ha sido eterno y permanente del lugar donde desde que nacieron se acostumbraron a vivir pidiendo, mendigando, que le den. El grito sólo tiene un significado: “al abandonarme, no puedo acercarme a ti y pedirte, como acostumbro. Te pido visas, préstamos, donaciones, comida, en desastres, emergencias, equipos médicos, militares, de todo”. Cuando nacieron de la madre patria mediocre de España, no podían cultivar como el Inglés, el amor al trabajo, a la invención ni al autosacrificio, sino la cultura del dame y de la siesta. Aquel escritor, Galeano, el de las “Venas abiertas de América Latina”, infectado por el virus de aquella peste del 1917, de la primera lectura ingenua, daba la impresión de que era un esfuerzo sincero para denunciar a las víctimas frente a sus victimarios y que al final habría una luz de esperanza. Pero como todos los atacados por ese virus, fue un fraude, que sólo pretendía entre otras misiones, culpar a los más listos frente a la actitud de los mediocres y enanos y empujarlos al sistema social aberrante. ¿Qué culpa tenía el inglés y sus herederos, que por sus estudios y virtudes fueran más listos que los herederos de la rancia herencia hispánica? Si el inglés era más fuerte y le imponía condiciones onerosas, culpa más de los lacayos locales era que de la habilidad del inglés en serlo, pero los enanos lo veían diferente y gritaban y pedían, y desde aquellos tiempos, los enanos no han crecido para abandonar esa condición de bajeza en todos los aspectos. Mírese el tamaño del enano indio anfitrión de la Cumbre CELAC de Venezuela (¡Admirador ferviente de “Carlos”, las FARC, Kadafi e Irán! Si en esa cumbre hubiera habido más decencia, no se hubieran juntado con semejante promotor siniestro. Los europeos por eso reafirman la opinión sobre los latinos de díscolos e inestables), donde como niños malcriados, pretenden, unirse todos, los mismos puros, apartados de los impuros del Canadá y Estados Unidos. Mírese al indio, al Calderón, al Evo, al Raúl, ninguno pasa de 1.3 metro. Sus bocas y cerebros van rozando con el suelo y esto es de lo que les duele, pues al fotografiarse con los del Norte, su enanismo resalta a lo ofensivo. En este aspecto tienen toda la razón, pero no en la otra, pues si no fueran enanos, deberían recordar que si ellos están donde están la culpa ha sido de ellos y no de los vecinos del Norte que sólo les han brindado orientación y buenos ejemplos, no copiados ni aprendidos por los enanos. Ingratos son, pues escárbese sus sistemas inoperantes de gobierno, y verá cuántas de las inspiraciones y sabiduría del hermano mayor del Norte les donó, pero ¿qué culpa tiene entonces, que los países de los enanos tengan cada uno 60 constituciones y EU sólo una, con enmiendas; con gobiernos republicanos y democráticos, mientras allá: tiranías, dictaduras, desordenes, opresiones, y ahora con la última invención latinista del socialismo siglo 21, de la “destrucción de la democracia dentro de la democracia”? ¿Qué culpa tiene el Norte que los enanos pensaran sólo en robar, dividirse y hacer revueltas? ¿Qué sus leyes sean pedazos de papel mientras en EU sean modos de vida respetada y respetable? ¿Qué culpa tiene EU de que el cerebro y cultura heredada de España no diera para más nada que no fuera el fanatismo religioso y las peleas de gallos? ¿Y qué por estas propias virtudes hubiera un desbalance entre los dos grupos y el más analfabeto y atrasado fuera explotado por el más educado? ¿Acaso no existe una regla no escrita que es un deber y derecho del más hábil y dotado en educar al desdichado atrasado? ¿No lo dijo Darwin en “el dominio de los más aptos”? Los enanos no alcanzan a ver, que su entusiasmo de unidad aislante y delirante (aunque resultó más de lo mismo, pues es la misma M… con otro nombre) es el mero producto de incidentes fortuitos del destino, de una avalancha de petrodólares, de una China e India que con su riqueza repentina y dos mil millones de bocas, exigen comida y materias primas que la América disfruta vendiéndoles, sin darse cuenta de que repentinamente la suerte puede acabarse, al no sustentarse en la sabiduría ni de la educación, lo que naturalmente los empujaría otra vez como siglos atrás, a buscar a otro Galeano, para llorar su tristeza e irle a lamer el trasero a los hermanos del Norte. Ojalá estos no recuerden este intento miserable del desaire e ingratitud sureña. ANTICRITICA. Blogspot.com

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