domingo, 11 de diciembre de 2011

LA VOLATILIDAD LATINA

Casi siempre, a casi todos eso es lo que los caracteriza. Y volátil en el sentido más peyorativo, ya que es todo lo contrario a estable, firme, sólido, con fundamento y razonamiento. Por eso es que a gran parte de los personajes políticos latinos, al dar la espalda cuando hablan con algún europeo o americano estos se orinan en su imagen, aunque tal vez quisieran defecárseles encima, pero se vería muy rudo. No se lo hacen de frente por mantener un mínimo de cortesía y diplomacia. La fama se la han ganado por su largo historial de acciones de volatilidad ‘incohenrenteril’ y que aparentemente ellos no se enteran ni aún cuando se lo digan en sus caras. Por ejemplo, ¿qué persona que se proclame adornada de decencia, honradez y seriedad, podría sentarse a la misma mesa con uno o varios renombrados delincuentes, a menos que fuera para juzgarlos o condenarlos? Toda persona que se respeta, no admite ni siquiera que un personaje de este calibre se le acerque en la calle y le camine al lado en “tú-a-tú”. No lo admite. Se detiene inmediatamente, pregunta qué quiere y trata de cerrar la conversación inmediatamente y que cada quien siga por su lado solo, jamás juntos, por su respeto propio y por aquello de “dime con quién andes y te diré quién eres”, extendido, al “dime con quién te juntas en una mesa y firmas papeles y te diré lo qué eres”. Un caso patético y ya frecuente, se ha visto en estos días en Venezuela, en la llamada reunión de la CELAC, donde Presidentes de diferentes países de América Latina se reunieron para formalizar a esa organización, encabezada por Hugo Chávez y otros tan siniestros como él. Todos los que asistieron a esa reunión estaban bien informados quién era Hugo Chávez. Sabían que éste le había pedido al gobierno de Francia que le enviara a “Carlos”, el chacal, para que pudiera cumplir sus condenas en Venezuela (dos perpetuas por horrendos crímenes contra la humanidad) porque él era un fiel seguidor de las ideas bolivarianas, un verdadero revolucionario y que era su héroe. Ese Chávez es un innegable patrocinador de las FARC por muchísimas pruebas y evidencias, de esa organización altamente terrorista, así fichada por la ONU, Europa, EU, excepto, Cuba, Irán, Corea del Norte y Zimbawe. Ese Chávez gritó a los cuatro vientos su firme e irrenunciable apoyo al árabe más genocida que se ha conocido, el Kadafi, a quien ni siquiera sus hermanos musulmanes defendieron. Ese Chávez no se ha cansado de admirar y firmar convenios públicos y clandestinos con Irán, ese Irán, paria del mundo, que ha negado la existencia del Holocausto y que ha prometido borrar del mapa a Israel con bombas nucleares. Entonces, ¿quién de esos personajes latinos puede ignorar que ese Chávez es algo así como un criminal vestido de estadista? Lo es, porque si él es capaz de apoyar, promover y alabar lo que significan esos hechos y personajes, es lógico entonces aceptar que si él no ha hecho algunos de los hechos por ejemplo, de Carlos, lo haría dada la oportunidad si la tuviera. Es un potencial criminal por la intención, y esto no sólo es penalizado por la Moral y decencia, sino por la Ley del hombre. Entonces, ¿cómo es que esos personajes latinos se acomodan juntarse con este individuo y a la vez seguir pregonando que son gentes serias y honestas y no díscolas y volátiles? Y la alarma no sería poca, si se suma que junto a él allí estaban, hablando como seres humanos, otros como el como Raúl y el de Nicaragua, cuyas colas inmorales son tan largas como las del anfitrión. Raúl habló de los Derechos Humanos, mientras en Cuba perseguían hasta con perros y caballos a sus seguidores, y Ortega, hablaba de cómo se hacen piñatas, manosean ahijadas y elecciones fraudulentas. La suerte para algunos latinos, como dijo Martí, fue que allí no asistieron todos, pues hubo honorables ausencias, como la de Costa, Rica, Panamá y El Salvador que salvaron el honor de los latinos que no lo tienen. ANTICRITICA. Blogspot.com

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