Es permanente que entre lo sublime y la ridiculez casi nunca hay gran distancia y se acaba de demostrar en el juicio que en Francia se le siguió a Jacques Chirac, ex primer ministro de ese país por malversación de fondos públicos, al condenarlo a dos años de cárcel. Su gran crimen fue haber creado 19 empleos ficticios en el ayuntamiento de París cuando era alcalde, por intereses electorales. ¿Pero es que acaso sus abogados no sabían que en un pedazo de isla llamado Santo Domingo, un Presidente llamado Leonel Fernández ha creado no 19, sino miles de empleos fantasmas para beneficiar a sus fieles seguidores y nunca lo han juzgado ni condenado? ¿Que por el contrario, ha sido nombrado candidato al premio Nobel de Economía y de Moralidad? ¿Que desconocían el país? ¡Imposible!, puesto que fue una colonia francesa para 1800, que recibió la primera protección de un país grande cuando las hordas haitianas insaciables de sangre, pretendían exterminar a los remanentes de los hispanos allí. Que ese territorio aún mantiene su sistema judicial derivado precisamente del francés napoleónico, además, que traicionó a Francia cuando exterminó al último contingente del ejército francés que huyendo de las hordas mencionadas, se había refugiado en el Este. Esos abogados conocían todo esto y por lo tanto fallaron en no saber defender propiamente a Chirac. Su defensa fácilmente hubiera sido posible por aquel principio legal de la “reversa de las influencias legales o la retroalimentación jurisprudencial”, que se da cuando la parte que recibe la influencia, el pedazo de isla, ha evolucionado tanto que puede entonces influir en quien antes le influía, es decir, que los principios aplicados en el sistema que permiten a Leonel Fernández hacer todo eso sin problemas, necesariamente debían servir para salvar a Chirac. Le fallaron, y eso es imperdonable en una verdadera defensa legal. La embajada de Francia allí estaba enterada de esto y más. Sabía del gran argumento alegado por Fernández, de que “era por ayudar al desempleo”, aunque cuando le preguntaron porqué sólo se aplicaba a los de su Partido, le dio un desmayo y hubo de llevarlo a un hospital. Pero su lugar fue ocupado por uno que tiene la categoría de casi padre de la patria, el patricio de apellido Gutiérrez, abogado, que también justificó y aceptó que él también, como jefe de un Departamento (Seguros) de ese gobierno, tenia sus empleados fantasmas, que no se le llama así, sino “empleados de la nominilla”, que significa que están en la nómina del Estado sin rendir ningún trabajo, pero reciben un salario. Esa embajada tenía que saber, que allí el Poder Legislativo (para no dejar solo al Ejecutivo), crea leyes y reglamentos para el beneficio de sus honorables legisladores, como una sabiduría creativa llamada “El Barrilito”, entre otras. Que allí había habido un caso de una desaparición de $130 millones de dólares de un préstamo Sun Land, que no sabía a dónde había ido a parar. Que a esto le precedía algo renombrado llamado PEME, en la cual el Presidente justificó los más de 3,000 cheques en la cuenta personal de un subalterno, en que se usaron para “pagar y no pegar” a los agraciados, siendo una especie de prenominilla. Estos argumentos fueron sólidas defensas que los tribunales y cortes del país aceptaron sabiamente y por lo tanto, los tribunales de Francia tenían que haber aceptado por la retroalimentación, porque de confirmarse la sentencia a Chirac, entonces habría que concluir que a Leonel Fernández le caben fácilmente cien años de cárcel por peor delito, si es que no es como en China que le dan la pena de muerte. ANTICRITICA. Blogspot.com

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