lunes, 19 de noviembre de 2012

DELANTE DE UN HOMBRE, UNA MUJER DAÑINA



No pasa un momento de emoción en que alguien no recuerde aquella sentencia de que “detrás de un gran hombre siempre hay una mujer”. Inclusive, cuando el hombre es homosexual, en la que aparentemente, no hay mujer, sí la hay, lo que pasa es que es mitad y mitad. La mujer está también, pero una mitad, porque la otra es del hombre. Y es el caso del General David Petraeus, un hombre bueno, capaz, inteligente, que cayó en un gran hoyo por la sentencia invertida, en la que en vez de estar detrás, estuvo delante del General y para dañarlo. ¿Quién tiene confianza cuando una mujer es la que está al volante de un vehículo? Es regla universal, debatida y aceptada que ellas aún no conocen la diferencia  entre el acelerador y el freno del vehículo, que tampoco saben cuál es la izquierda o la derecha. ¿Quién no ha notado que cuando deben estacionarse lo hacen en el lugar más ilógico al transito? Y es que Natura las hizo para ser maestras, enfermeras, secretarias, madres, esposas, amantes, pero jamás dizque policías, militares, pilotos, soldados. Se ha visto cuán feas se ven esas mujeres que visten de policías, con sus macanas al cinto y peor, si llevan pistolas, y aunque tengan caderas formaditas, casi no se les mira, porque parecen de hombre.  ¿Acaso no notaron que esa mujer que dañó al General Petraeus se había graduado con honores en una academia militar, y que al mirarse con los brazos desnudos, se le vio aquellos músculos masculinos? ¿No notaron también que su cara alargada al estilo corredor de pista (sin ofender) no la beneficiaba casi en nada en cuanto a ser femeninamente atractiva? ¿Cómo entonces, cayó el General en el hoyo? Desde el punto de vista masculino, al General hay que excusarlo, porque todos saben qué peligroso es bregar con una mujer, especialmente cuando hay esa relación que se van acercando (biógrafa-biografiado) y que las miradas no se pueden dominar hacia donde no deben, ni que el cerebro piense en las cosas del demonio, ni que las manos se posen en el frío de su piel, ¡huff, da pavor de emoción¡ El hombre no puede culparse por estas debilidades, sino a la mujer, que lo domina todo, excepto lo antes ya mencionado del vehículo y lo militar. Y esa mujer militar, haciendo honor a lo que ya dijimos, fue tan poco táctica, que siendo casada, con hijos, y sabiendo que el General era casado y con familia también, tenía una gran estrella brillante, que podía hasta aspirar a substituir a Obama en las próximas elecciones, no atinó a comportarse como un hombre militar, sino como una mujer al volante, a pesar de su experiencia y conocimientos militares. Se puso a chismear con otra mujer y hasta amenazarla porque como que le estaba quitando la atención de su General, y he ahí donde comenzó a romperse el cordón atante, al esta mujer, diferente a la militar, y temiendo que la estropeara, por militar, se sintió amenazada y dio la alarma sobre las amenazas y es entonces, que entra el FBI y comienza a descubrir las burradas de la mujer, que lógicamente llevaron al pobre General a caer en el hoyo. El militar, Petraeus, hombre honrado, hizo lo que tenía que hacer, reconocer su error y debilidad y renunciar, mientras la culpable de todo anda por ahí promoviendo su libro y exhibiendo su mala fama ganada, la que no pudieron ganarse los terroristas de Iraq. Ojalá Obama recapacite, y reintegre al General y destituya a la militar, y se haría justicia (sin ser machismo), pare restablecer el lindo dicho aquel de “detrás del hombre…’’. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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