No pasa un momento de emoción en que alguien no
recuerde aquella sentencia de que “detrás de un gran hombre siempre hay una
mujer”. Inclusive, cuando el hombre es homosexual, en la que aparentemente, no
hay mujer, sí la hay, lo que pasa es que es mitad y mitad. La mujer está
también, pero una mitad, porque la otra es del hombre. Y es el caso del General
David Petraeus, un hombre bueno, capaz, inteligente, que cayó en un gran hoyo
por la sentencia invertida, en la que en vez de estar detrás, estuvo delante
del General y para dañarlo. ¿Quién tiene confianza cuando una mujer es la que
está al volante de un vehículo? Es regla universal, debatida y aceptada que
ellas aún no conocen la diferencia entre
el acelerador y el freno del vehículo, que tampoco saben cuál es la izquierda o
la derecha. ¿Quién no ha notado que cuando deben estacionarse lo hacen en el
lugar más ilógico al transito? Y es que Natura las hizo para ser maestras,
enfermeras, secretarias, madres, esposas, amantes, pero jamás dizque policías,
militares, pilotos, soldados. Se ha visto cuán feas se ven esas mujeres que
visten de policías, con sus macanas al cinto y peor, si llevan pistolas, y
aunque tengan caderas formaditas, casi no se les mira, porque parecen de
hombre. ¿Acaso no notaron que esa mujer
que dañó al General Petraeus se había graduado con honores en una academia
militar, y que al mirarse con los brazos desnudos, se le vio aquellos músculos
masculinos? ¿No notaron también que su cara alargada al estilo corredor de
pista (sin ofender) no la beneficiaba casi en nada en cuanto a ser
femeninamente atractiva? ¿Cómo entonces, cayó el General en el hoyo? Desde el
punto de vista masculino, al General hay que excusarlo, porque todos saben qué
peligroso es bregar con una mujer, especialmente cuando hay esa relación que se
van acercando (biógrafa-biografiado) y que las miradas no se pueden dominar
hacia donde no deben, ni que el cerebro piense en las cosas del demonio, ni que
las manos se posen en el frío de su piel, ¡huff, da pavor de emoción¡ El hombre
no puede culparse por estas debilidades, sino a la mujer, que lo domina todo,
excepto lo antes ya mencionado del vehículo y lo militar. Y esa mujer militar,
haciendo honor a lo que ya dijimos, fue tan poco táctica, que siendo casada,
con hijos, y sabiendo que el General era casado y con familia también, tenía
una gran estrella brillante, que podía hasta aspirar a substituir a Obama en
las próximas elecciones, no atinó a comportarse como un hombre militar, sino como
una mujer al volante, a pesar de su experiencia y conocimientos militares. Se
puso a chismear con otra mujer y hasta amenazarla porque como que le estaba
quitando la atención de su General, y he ahí donde comenzó a romperse el cordón
atante, al esta mujer, diferente a la militar, y temiendo que la estropeara,
por militar, se sintió amenazada y dio la alarma sobre las amenazas y es
entonces, que entra el FBI y comienza a descubrir las burradas de la mujer, que
lógicamente llevaron al pobre General a caer en el hoyo. El militar, Petraeus,
hombre honrado, hizo lo que tenía que hacer, reconocer su error y debilidad y
renunciar, mientras la culpable de todo anda por ahí promoviendo su libro y
exhibiendo su mala fama ganada, la que no pudieron ganarse los terroristas de
Iraq. Ojalá Obama recapacite, y reintegre al General y destituya a la militar,
y se haría justicia (sin ser machismo), pare restablecer el lindo dicho aquel
de “detrás del hombre…’’. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
lunes, 19 de noviembre de 2012
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