jueves, 1 de noviembre de 2012

EN CUBA: RECTIFICACIONES TODAS MENOS UNA


Además de ver al cadáver andante por los huertos de Cuba (se admite el privilegio de lograr la longevidad, gracias al señor) del moribundo eterno y que desespera a los del más allá del canal, se está viendo cómo ése, su sistema, se está cayendo a pedazos con rectificaciones y más rectificaciones. ¡Qué despedida más triste para un ‘soñador’ o verdugo! Y rectificación significa admitir en silencio que lo de antes fue una metida de pata. Pero con la desventaja de que a aquel cuerpo ya no le caben ni le salvan las rectificaciones. Podría hacerse el símil del cuerpo del déspota que cae y del cuerpo del sistema que también cae. Dos cuerpos podridos por la maldad que caen y que nadie los quiere parar. ¡Qué se acaben de caer! grita la multitud en la plaza de la Revolución, pero el Señor parece que aún los quiere castigar un poquito más, dándole sal y caramelo al mismo tiempo. La última rectificación acaramelada es que ahora los ciudadanos cubanos tendrán el derecho de entrar y salir de su isla, donde nacieron, donde nadie debió quitarle ese derecho porque es humano, es universal, desconocido con sumo descaro por el cadáver que aún camina por ahí. Y él fulmina a los periódicos que hablan de su muerte como si fuera verdad, sin admitir que mencionar eso es el deseo universal para compensar en algo todos los crímenes que cometió, confirmados por todas esas rectificaciones. Esa revolución comenzó eufórica, siguió así y ha estado terminando en echar para atrás todas las medidas que le dieron la euforia inicial. De atea, a la lamedera impúdica cristiana. De dueña de los medios de producción, a la proliferación del empleo privado, del odio al turismo, al culto del jineterismo, de reina de los seis millones de toneladas de azúcar, a sólo 500,000 más los ingenios desmantelados. De autosuficiente en la alimentación, a mendigante de la caridad mundial y de las sobras de Miami. Del orgullo del cubano, al lacayismo de un Chávez. Del odio al dios dólar, a la prostituta que lo busca con adoración. Del desprecio a la gusanera, al amor infinito para que regresen pero con sus dólares. Del paraíso laboral, al infierno de los balseros que huyen. Del solidario internacional, al mercader ordinario, del honorable buena paga, al timador y fullero internacional, del control; de la economía de mercado estatizada, al mendigante de experiencia de otros en la maravilla de la oferta y la demanda, del orgulloso desafiante contra China de cuando era el peón de la “urss”, al servil del amarillo del timonel, del control absoluto del ser humano, a la tolerancia casi al punto de la rebelión general. Es decir, esa revolución ha tenido que venir rectificando todas las medidas en se arropó desde 1959, convirtiendo aquel sueño en una perfecta pesadilla, pero faltando una sola rectificación y que los tiranos se niegan a hacer: la admisión de que esa revolución fue un fraude desde el inicio (no para todo el mundo, porque había muchos soñadores que de verdad creyeron en la venida del Robin Hood, pero sí en los que lo sabían todo, porque sí estaban informando de todas las interioridades de las tiranías del comunismo en sus debilidades y atrocidades), porque se creó bajo en falsas premisas, tanto en cuanto a formarse bajo un sistema que ya para esa época había dado muchísimas muestras de no ser vivible ni confiable. Claro, al admitir esta rectificación también tendrían que venir colateralmente las inter-rectificaciones, como la devolución a la vida de todos aquellos fusilados sin juicio formal en La Cabaña, sino a la ligera y por cualquier excusa. La devolución a la vida de todos los que la perdieron tratando de llegar como fuera, a las tierras fuera de Cuba. La devolución a los cubanos de todas aquellas propiedades que fueron incautadas tan injusta y abusivamente, la devolución de los 52 años perdidos, de abusos y atropellos en vidas, propiedades, ideas, libertades, moral de esa población . La devolución a todo un pueblo que fue humillado, aplastado, sacrificado a los caprichos del desquiciado revolucionario. No, esa rectificación no la han hecho, porque saben que al hacerla también tienen o deberían entregar ahí mismo sus vidas para que por lo menos, hubiera alguna consolación. Pero al no hacerla, parece que esa rectificación será la joya final del pueblo adolorido que tendrá su gota de justicia.
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