Además de ver al cadáver andante por los huertos de Cuba (se
admite el privilegio de lograr la longevidad, gracias al señor) del moribundo
eterno y que desespera a los del más allá del canal, se está viendo cómo ése,
su sistema, se está cayendo a pedazos con rectificaciones y más
rectificaciones. ¡Qué despedida más triste para un ‘soñador’ o verdugo! Y
rectificación significa admitir en silencio que lo de antes fue una metida de
pata. Pero con la desventaja de que a aquel cuerpo ya no le caben ni le salvan
las rectificaciones. Podría hacerse el símil del cuerpo del déspota que cae y
del cuerpo del sistema que también cae. Dos cuerpos podridos por la maldad que
caen y que nadie los quiere parar. ¡Qué se acaben de caer! grita la multitud en
la plaza de la Revolución,
pero el Señor parece que aún los quiere castigar un poquito más, dándole sal y
caramelo al mismo tiempo. La última rectificación acaramelada es que ahora los
ciudadanos cubanos tendrán el derecho de entrar y salir de su isla, donde
nacieron, donde nadie debió quitarle ese derecho porque es humano, es
universal, desconocido con sumo descaro por el cadáver que aún camina por ahí.
Y él fulmina a los periódicos que hablan de su muerte como si fuera verdad, sin
admitir que mencionar eso es el deseo universal para compensar en algo todos
los crímenes que cometió, confirmados por todas esas rectificaciones.
Esa revolución comenzó eufórica, siguió así y ha estado terminando en echar
para atrás todas las medidas que le dieron la euforia inicial. De atea, a la
lamedera impúdica cristiana. De dueña de los medios de producción, a la
proliferación del empleo privado, del odio al turismo, al culto del
jineterismo, de reina de los seis millones de toneladas de azúcar, a sólo
500,000 más los ingenios desmantelados. De autosuficiente en la alimentación, a
mendigante de la caridad mundial y de las sobras de Miami. Del orgullo del
cubano, al lacayismo de un Chávez. Del odio al dios dólar, a la prostituta que
lo busca con adoración. Del desprecio a la gusanera, al amor infinito para que
regresen pero con sus dólares. Del paraíso laboral, al infierno de los balseros
que huyen. Del solidario internacional, al mercader ordinario, del honorable
buena paga, al timador y fullero internacional, del control; de la economía de
mercado estatizada, al mendigante de experiencia de otros en la maravilla de la
oferta y la demanda, del orgulloso desafiante contra China de cuando era el
peón de la “urss”, al servil del amarillo del timonel, del control absoluto del
ser humano, a la tolerancia casi al punto de la rebelión general. Es decir, esa
revolución ha tenido que venir rectificando todas las medidas en se arropó
desde 1959, convirtiendo aquel sueño en una perfecta pesadilla, pero faltando
una sola rectificación y que los tiranos se niegan a hacer: la admisión de que
esa revolución fue un fraude desde el inicio (no para todo el mundo, porque
había muchos soñadores que de verdad creyeron en la venida del Robin Hood, pero
sí en los que lo sabían todo, porque sí estaban informando de todas las
interioridades de las tiranías del comunismo en sus debilidades y atrocidades),
porque se creó bajo en falsas premisas, tanto en cuanto a formarse bajo un
sistema que ya para esa época había dado muchísimas muestras de no ser vivible
ni confiable. Claro, al admitir esta rectificación también tendrían que venir
colateralmente las inter-rectificaciones, como la devolución a la vida de todos
aquellos fusilados sin juicio formal en La Cabaña, sino a la ligera y por cualquier excusa.
La devolución a la vida de todos los que la perdieron tratando de llegar como
fuera, a las tierras fuera de Cuba. La devolución a los cubanos de todas
aquellas propiedades que fueron incautadas tan injusta y abusivamente, la
devolución de los 52 años perdidos, de abusos y atropellos en vidas,
propiedades, ideas, libertades, moral de esa población . La devolución a todo
un pueblo que fue humillado, aplastado, sacrificado a los caprichos del
desquiciado revolucionario. No, esa rectificación no la han hecho, porque saben
que al hacerla también tienen o deberían entregar ahí mismo sus vidas para que
por lo menos, hubiera alguna consolación. Pero al no hacerla, parece que esa
rectificación será la joya final del pueblo adolorido que tendrá su gota de
justicia.
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